octubre 19, 2020

Tiempo de descuento para la OTAN

por: Emilio Meynet / APAS

Pasan los días, las semanas y los meses; y la travesía de la OTAN por Libia parece no tener un final claro. Frente al crecimiento de la condena internacional a la intervención militar occidental y a que Muammar Al Gadafi parece estar lejos de ser doblegado, se aproximan horas decisivas para la Alianza Atlántica.

La estrategia defensiva de Gadafi se ha basado en resistir lo mejor posible a los -cada vez más feroces- bombardeos. Esa decisión le permitió reservar sus cartas militares más importantes, y sin descuidar una resistencia significativa a los avances de los rebeldes.

Frente a este estado de cosas, la OTAN considera la ofensiva terrestre de una fuerza multinacional para modificar el cuadro de situación. Frente a la posibilidad de que se materialice un ataque terrestre, Gadafi fue claro: “Resistimos, combatimos y si bajan al suelo, los esperaremos, pero son unos cobardes y no se atreverán”.

Mientras continúan los enfrentamientos en todo el país, el primer ministro libio, Baghdadi Mahmudi, confirmó contactos entre el gobierno y los rebeldes en Egipto, Francia, Noruega y Túnez.

Del lado de los insurrectos la frustración se transparenta en frecuentes exabruptos contra la OTAN, en los que se acusa a Occidente de escatimar ayuda militar o financiera.

Respecto a esta última, el ministro del petróleo rebelde Ali Tarhouni emitió una enfurecida y particularmente sombría advertencia: “Se nos está acabando todo, es un fracaso total. O no lo comprenden o no les importa. Nada se ha materializado todavía. Y realmente quiero decir nada”, acusó en tono enfurecido.

La campaña aérea, en general, se hizo más agresiva y sanguinaria. Numerosos ataques se ejecutan durante cada jornada, y las bajas civiles aumentan. Los medios internacionales transmiten cada vez más imágenes de las secuelas de ataques de la OTAN contra complejos habitacionales civiles que tornan inadmisible e incoherente el discurso que remite al objetivo humanitario de la misión.

Durante una conferencia en Washington, Barack Obama afirmó que el propósito cheap review pills de la invasión era evitar bajas civiles por la represión del gobierno libio, pero no buscar un cambio de régimen a lo que más tarde agregaría -con sinceridad brutal- “si nuestros intereses corren peligro, tenemos la responsabilidad de actuar”.

Sin embargo, el aumento de las víctimas civiles amenaza con debilitar lo que queda de la legitimidad internacional de la operación e imponer un fin abrupto de la misma en el futuro. “La OTAN pone en peligro su credibilidad; no podemos arriesgar la muerte de civiles”, advirtió el lunes el ministro de exteriores italiano Franco Frattini

Italia fue el único país que mostró voluntad de terminar con la intervención en Libia. Franco Frattini reclamó en una oportunidad una “inmediata suspensión” de las hostilidades para permitir que entren alimentos y medicinas a Trípoli y a Misrata.

La actitud italiana está en sintonía con la escasa aprobación a escala mundial que tienen los bombardeos de la OTAN. En ese sentido, la Unión Africana advirtió que no es posible una solución a la crisis en Libia, sin que el líder Muammar Gadafi forme parte de ella. Fue durante una reunión de representantes árabes, islámicos y europeos. Esa manera de pensar contradice a los líderes occidentales que hace meses descartaron a Gadafi de cualquier escenario de negociación.

Sea como sea, Gadafi no parece especular con una posible rendición ni mucho menos. Quizás una primera conclusión que se puede obtener de todo esto es que, es consciente de que el paso del tiempo y la no-definición del conflicto, lo benefician y puede ganar por cansancio.

Además, a sus fuerzas leales aún les quedan restos para sostenerse en el frente ante los ejércitos rebeldes, aunque se complicaría el trámite en caso de que la OTAN decida dedicarse a realizar ataques terrestres.

El esquema actual empieza a inclinarse en favor de Gadafi, que respira tranquilo cada vez que hay cruces de opiniones en la OTAN o cuando se hace evidente que la opinión pública de los países centrales no acompaña al accionar de sus gobiernos, y cada vez que los rebeldes cometen errores de principiantes, sobre todo en el combate abierto.

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