octubre 23, 2020

Ha muerto un hombre de otra época

Hay personas que cuando mueren son como una metáfora del tiempo en que viven, como un presagio paradójico que incorpora el pasado de un ejemplo de vida humana. Y entre ellas hay muertes grandilocuentes y muertes silenciosas.

Quisiera mencionar una que acaba de suceder, no porque fuera silenciosa, o siquiera dolorosa, sino porque, habiendo sido muy cercana a mi, es una alusión trágica a la desaparición de una época donde los hombres que creían en la posibilidad de “una sociedad mas justa” debían ser una especie de héroes éticos, mas aún si eran dirigentes.

Siendo adolescente y además encarcelado y exiliado, recuerdo que los comunistas, socialistas, elenos y otros izquierdistas radicales que conocí, también exiliados y encarcelados, eran como esos monjes zen que procuran tener la cabeza fría y el corazón ardiente; cabeza fría para organizarse y corazón ardiente para indignarse apasionadamente por la injusticia. Severos, austeros, rigurosos, disciplinados, sobrios, solidarios, íntegros, conservadoramente puritanos, y generalmente dogmáticos por la irreductibilidad de sus convicciones, renunciaban a los “pequeños y mezquinos” afectos, responsabilidades y placeres familiares “burgueses” por el amor a la humanidad y al “internacionalismo”.

Juvenal Garabito, nacido el mismo año que el Che Guevara, Profesor, Dirigente máximo nacional del magisterio boliviano, dirigente de la COB, perseguido político, encarcelado, torturado exiliado y confinado varias veces, era unos de esos hombres, y acaba de fallecer el pasado 24 de Junio. En su entierro, socialistas y comunistas, y los maestros que lo conocieron, exaltaron además su honestidad, su puntualidad y responsabilidad, virtudes que yo puedo atestiguar sin duda alguna; estando en sus manos enriquecerse, terminó viviendo, con una dignidad ascética, en la modesta casa de sus padres y murió en el hospital del Estado; recuerdo que cuando sus familiares pretendían comprarle ropa que aparentaba ser costosa, él lo rechazaba agregando: “No solo hay que ser honesto sino también parecerlo”.

Murió creyendo en el proceso de cambio y en el Presidente Morales. “Cómo ha crecido ese valiente muchacho, pero todavía tiene que ser mas valiente” decía, recordando la vez que fueron juntos a Cuba, cuando el Presidente “era aún un joven y tímido dirigente”.

Juvenal Garabito era mi padre; espero no haber incurrido en excesos emocionales y si fuera así ruego ponerlos a la cuenta de mi amor por él.

*     Filósofo y artista visual

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