octubre 29, 2020

Gobierno y TIPNIS: ¿es realmente necesario ceder para un acuerdo?

Una discusión que podría tener una solución técnica se va tornando cada vez más política dada la intervención de otros actores interesados en desprestigiar a Morales o declaraciones atrincheradas del propio presidente que no ayudan al acercamiento entre las partes.

Los indígenas del TIPNIS y el Gobierno atraviesan un momento de desencuentros que surge a raíz de la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos. ¿Son sus intereses irreconciliables? Por diversas razones ninguno de los actores puede ceder en su posición, pero la discusión no reside en el proyecto caminero como tal sino en uno solo de sus tramos. Sin embargo, la presencia de terceros actores parece politizar más el tema que ayudar a reducirlo a una discusión técnica.

Los argumentos del Gobierno para continuar la construcción de esta carretera son que afianzará la integración dentro del país acortando la distancia entre los departamentos de Cochabamba y Beni, además de impulsar el desarrollo económico de estas regiones al ser parte de un corredor bioceánico que tiene como principal destino al Brasil.

Por otro lado, los pobladores del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) rechazan que el segundo tramo de la carretera pase justamente por la mitad de su habitad pues provocaría un desequilibrio ecológico que afectaría su estilo de vida no capitalista y estrechamente ligado a la naturaleza, además de que impulsaría más el avance de la frontera agrícola (de la coca, concretamente).

Además de estos dos actores principales, a favor o en contra y alineados en torno a los primeros, también se han pronunciado organizaciones ambientalistas, partidos políticos opositores al presidente Morales y organizaciones sociales afines al Gobierno. Sus respectivas intervenciones no se han limitado a buscar una solución técnica al asunto sino que lo han politizado al cuestionar directamente el discurso ambientalista del presidente Morales o al acusar a los indígenas del TIPNIS de estar contra el desarrollo del Estado Plurinacional de Bolivia.

Por otro lado, el Gobierno también ha politizado la discusión al identificar la resistencia indígena con organizaciones ambientalistas a las que acusó de opositoras y al restar importancia a la posición de los habitantes del TIPNIS cuando advirtió que la carretera se construirá “quieran o no quieran”.

Los intentos de acercarse

El proyecto carretero está dividido en tres tramos de los cuales solamente el segundo es rechazado por representantes del TIPNIS, lo que quiere decir que no existe desacuerdo sobre la carretera en sí misma sino a que esta atraviese el área protegida reconocida por ley y afecte el medio de subsistencia de las 68 comunidades que lo habitan, compuestas en total por más de 11mil habitantes.

Uno de los principales argumentos de los pobladores indígenas de estas comunidades es que al construirse esta carretera sin su expreso consentimiento se está vulnerando el convenio 169 firmado entre el Estado boliviano y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y reconocido por la Constitución Política del Estado que establece el derecho a la consulta a los pueblos indígenas antes de cualquier emprendimiento que afecte el territorio donde habitan.

El Gobierno a su vez ha replicado que se llevará a cabo un proceso de consulta y consenso “comunidad por comunidad” para demostrar que se respeta el derecho a la consulta de los pueblos indígenas. No obstante, al mismo tiempo, el nuevo ministro de la Presidencia, Carlos Romero, señaló que el resultado de esta consulta no será vinculante, por lo que aunque las comunidades resuelvan no aprobar el proyecto, la construcción de la carretera continuará su curso.

Otro argumento al que recurren ambos actores para intentar acercarse entre sí pero que no ha dado muchos frutos es el hecho, admitido por las autoridades de gobierno, de que el segundo tramo de esta carretera, el más largo y el más importante, no tiene un trazo definitivo. Es decir, aún no se ha determinado oficialmente por dónde debe pasar esta parte de la carretera que se intenta construir atravesando por la mitad el TIPNIS.

Debido a eso, tanto los representantes de los pueblos indígenas del TIPNIS y organizaciones ambientalistas como LIDEMA han propuesto un nuevo trazo para la carretera de forma que bordee ese territorio indígena y no lo atraviese. El gobierno no ha expresado su posición respecto a estas propuestas y continúa insistiendo en que la carretera se haga de acuerdo al plan inicial.

A finales del mes pasado una de las federaciones de cocaleros de los Yungas expresó su apoyo a la construcción de la carretera a través del TIPNIS, mientras los representantes del área protegida también expresaron su temor de que con la carretera también avance la frontera agrícola de la coca. Los indígenas fundamentaron sus sospechas recordando una violación de su territorio por los colonizadores cocaleros en 2007.

Es posible un acercarse

A pesar de que aún resta realizar la consulta a las poblaciones indígenas y determinar el trazo del segundo tramo en cuestión, las posibilidades de que los pobladores del TIPNIS y el Gobierno cedan en sus posiciones son reducidas.

Retroceder no es una opción para el Gobierno por las siguientes dos razones: En primer lugar, el Gobierno boliviano ya asumió un compromiso con Brasil al aceptar que este país financie el 80% de este proyecto. En segundo lugar, la carretera ya avanzó considerablemente en su construcción, no del segundo tramo sino de los otros dos.

Por otro lado, los pueblos indígenas del TIPNIS tampoco pueden permitir que la carretera pase a través de su hábitat debido a que (como lo indicó Edwin Alvarado, de LIDEMA, en entrevista con La Época) ello los obligaría a cambiar sus métodos de subsistencia, tradicionalmente ligados con la caza y la pesca, para tener que adaptarse a la carretera, donde sólo podrían vender su fuerza de trabajo.

No obstante, esto no significa que el desacuerdo es ineludible, puesto que, nuevamente, el segundo tramo de la carretera aún no tiene tramo definitivo, por lo que una ruta alternativa que aún conecte Cochabamba y Beni podría terminar con el conflicto.

De persistir el desacuerdo después del proceso de consulta que promete el Gobierno, los representantes de las comunidades del TIPNIS anunciaron que emprenderán una marcha hacía la ciudad de La Paz para demandar respeto a su derecho a la consulta y en defensa de su territorio. A esta movilización se sumará la CIDOB, la principal organización de indígenas de tierras bajas en Bolivia, además de otras organizaciones del mismo tipo.

A este difícil escenario se suman los esfuerzos de partidos opositores al gobierno de Morales para desprestigiar su discurso ambientalista y quitarle apoyo popular. Cada uno a su manera, tanto representantes del Movimiento Sin Miedo (MSM) como Convergencia Nacional (CN) han expresado su solidaridad con los indígenas del TIPNIS a tiempo de denunciar los atropellos del Gobierno.

¿Es posible un acuerdo entre indígenas del TIPNIS y el Gobierno? La definición del curso que tendrá el segundo tramo parece ser el único momento donde ambos actores podrán acercarse, dado que el Gobierno no puede cancelar el proyecto ni los indígenas pueden permitir la destrucción de su territorio por el paso de la carretera. No obstante, una discusión que podría tener una solución técnica se va tornando cada vez más política dada la intervención de otros actores interesados en desprestigiar a Morales o declaraciones atrincheradas del propio presidente que no ayudan al acercamiento entre las partes.

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