octubre 23, 2020

Los planes de la derecha y los desafíos de la revolución bolivariana

Marx decía que la realidad es testaruda. De eso acaba de darse por anoticiada la derecha nacional e internacional que esperaba tener a un Chávez muerto o moribundo. La estrategia para volver a la IV República será afinada, no hay duda, pero mucho más importante que eso son los desafíos que esa revolución tiene para consolidarse.

La oposición, nacional e internacional, al presidente Hugo Chávez no tuvo tiempo para batir palmas y preparar planes para su soñado retorno a la Venezuela de la IV República. El regreso sorpresivo del máximo conductor de la revolución bolivariana a la patria de Bolívar no solo les agrió la vida, —aunque ciertamente no clausuró su planes restauradores— sino que también abre una nueva fase del proceso —con otros desafíos y tensiones—, por la definitiva y plena independencia.

“Todo lo que va a ocurrir debajo del sol tiene su hora y su momento, esta es la hora de la vida, esta es la hora definitiva de la independencia definitiva de la patria venezolana”, afirmó el líder de un país que se ha colocado en América Latina a la vanguardia de la lucha contra el imperialismo.

Pero las palabras de Chávez, tan emotivas como racionales, han significado fundamentalmente dos cosas.

Primero, es una balde de agua fría para los sectores de la oposición que —respaldados por una campaña mediática internacional que presentaban a un Chávez a punto de morir—, estaban esbozando un plan estratégico para retomar el poder político que lo empezaron a perder a partir de 1998, cuando el entonces militar nacionalista se alzó con una victoria electoral que puso al desnudo el agotamiento de los partidos de derecha venezolanos —principalmente AD y COPEI— y del sistema político que les servía para camuflar sus negocios privados y la gravitante presencia transnacional.

La estrategia restauradora tenía componentes políticos y militares. Entre los partidarios de la primera opción se encontraban los que creían que con un Chávez enfermo había que orientar los esfuerzos para poner fin al régimen chavista y de forma pacífica. Esto implicaba, como sostiene Ezequiel Vásquez en un artículo titulado “Claves para una transición exitosa”, que la oposición estaba obligada a preparar planes de contingencia para los escenarios que se puedan presentar, ya sea con el fallecimiento del presidente venezolano o su retorno en condiciones de salud frágiles.

En ese escenario (es decir, la muerte de Chávez o su declaratoria de incapacidad) los dirigentes opositores manejaban dos variantes: que el vicepresidente asuma la conducción del país para disponer del tiempo suficiente para organizar una opción electoral seria, coherente y unitaria para enfrentar el período post chavista y, segundo, pedir el adelanto de elecciones generales, siempre que sea posible construir rápidamente una alternativa electoral.

En ambas variantes, como se podrá apreciar, todo estaba en dependencia del ritmo de constitución de “una sola alternativa” electoral al chavismo, lo cual implica, en el fondo, el reconocimiento de la existencia de una base social revolucionaria en proceso de consolidación.

En el caso de otro escenario (retorno de Chávez) —que con seguridad será activado ahora— las recomendaciones están encaminadas a elaborar y fortalecer una estrategia de desgaste con miras a las elecciones de 2012, a partir del supuesto de que el estado de salud del jefe de Estado no será el mismo que antes de su enfermedad. “Agobiarlo, cansarlo y debilitar su imagen”, es otra de las claves de la victoria.

Para la oposición otra clave para salir victoriosa de una elecciones con la presencia de un “Chavez disminuido físicamente y moralmente” es lograr una capacidad de organización y trabajo superiores a las alcanzadas por los militantes de la revolución bolivariana. “La gran diferencia práctica entre el chavismo y la oposición a lo largo de los últimos doce años ha sido la capacidad de organización del primer grupo” sostiene Vásquez al apuntar que sólo cuando se ha actuado organizada y unitariamente se ha podido propinar golpes al gobierno, como ocurrió en la huelga universitaria y las elecciones legislativas.

Y entonces, como han intentado hacerlo en más de una década, viene la fórmula para derrotar la revolución bolivariana —esté o no Chávez— y que incluye la intervención extranjera: organización, estrategia, unidad y “asesoría externa de expertos internacionales con amplia experiencia en la región, principalmente en el terreno de las campañas políticas y situaciones de crisis”.

Pero, las recomendaciones de éste coordinador de una organización anti-chavista con sede Washington, entregadas a sectores de la oposición y difundidas por los principales medios de comunicación contrarios a Chávez, es el reconocimiento de que tampoco se ha descartado el uso de la violencia, como ocurrió en el fracasado golpe de Estado del 11 de abril de 2002. “El peor escenario sería una salida no electoral, ya que probablemente desencadenaría en más polarización, violencia e inseguridad en las calles”. Más claro, agua.

Profundizando adentro

La segunda significación de las palabras del líder bolivariano hay que leerlas desde dentro del proceso. Si bien se ha ratificado al gabinete ministerial y a la cúpula militar, es evidente que la inesperada enfermedad de Chávez plantea un conjunto de desafíos para consolidar lo conquistado y encarar otros pasos irreversibles hacia el horizonte socialista.

El primer de ellos es librar una batalla ideológica y política con los sectores conservadores que se alojaron, como ocurre siempre en toda revolución, en algunos niveles del Estado y cuyas tendencias al mal uso del poder, de los bienes estatales y la separación de los sectores sociales más radicalizados amenazan al proceso. En esta línea también están presentes las visiones reformistas que “sueñan” con alcanzar la igualdad y libertad plenas sin cambiar estructuralmente los fundamentos del sistema capitalista.

El segundo es continuar construyendo condiciones objetivas para ir trasvasando, en un proceso largo y complejo, el poder del Estado al poder de los Consejos Comunales. Esto implica retomar una mayor ofensiva política, como se lo hizo desde enero de 2003, cuando Chávez y el pueblo se convencieron de que la convocatoria al Dialogo Nacional después del fracasado golpe de 2002 solo estaba sirviendo para que la derecha nacional e internacional recuperaran fuerzas para proseguir con sus planes desestabilizadores.

Es sobre la base de la experiencia vivida a partir de 1998 que el presidente venezolano se declara, desde 2003, en antimperialista y socialista, lo que volvería a insistir con mayor fuerza en las elecciones generales de 2006, cuando aseveró que “esta no es una elección por Chávez, sino por el socialismo”.

Tercero, como se lo asume desde varios lugares y actores del proceso bolivariano, es el avance paralelo en la cualificación del Psuv —pues hay más militantes registrados que los que votan efectivamente en las elecciones— y la construcción del Polo Patriótico que encargado al actual presidente de la Asamblea Nacional para el Poder Popular, Fernando Soto Rojas, busca aglutinar a sectores, movimientos sociales y otros que no quieren ser todavía del Psuv pero son comprobados chavistas y bolivarianos. A eso habrá que sumar a varios partidos de izquierda, como el PCV.

La derecha tiene razón cuando dice que “el futuro puede estar más cerca que nunca” y que “Venezuela puede estar frente a una oportunidad poco imaginada”, pero la tiene desde una perspectiva distinta a la suya pues la enfermedad de Chávez coloca a la revolución bolivariana ante el único camino que tiene: “radicalizarse para seguir avanzando”.

Be the first to comment

Deja un comentario