octubre 28, 2020

El eco de Ñancahuazú

El asesinato del Che en 1967 no silenció ni acabó con la voz y la lucha antimperialista del pueblo. Todo lo contrario, provocó nuevas luchas y resistencias: desde una nueva experiencia guerrillera en Teoponte, la resistencia a las dictaduras y la condición de posibilidad de construir algo en esta primera parte del siglo XXI.

El imperialismo se equivocó. El asesinato del Guerrillero Heroico provocó el estampido del Ñancahuazú 1 en el mundo en general y en Bolivia en particular. «Podría decirse también: en nuestro pueblo, en los pueblos de América Latina y en los pueblos del mundo, hay muchos Che». 2 Por esas ironías que tiene la vida, la sangre del Che rompió el aislamiento de la clase obrera boliviana, en una coyuntura política en la que la derecha buscaba acelerar los pasos de su reconstitución por la vía del general René Barrientos Ortuño y de sucesivos gobiernos militares en los años setenta y ochenta, salvo el corto período revolucionario encabezado por el general del pueblo Juan José Torres y en el cual se organizó la Asamblea Popular, se repuso a los trabajadores mineros sus salarios recortados durante la dictadura de Barrientos y se dictaron otras medidas nacionalistas que molestaron a los Estados Unidos.

El Che se salió con las suyas. Rompió el cerco. La leyenda que en vida construyó Guevara por su participación en la Revolución Cubana y la imagen proyectada en la lavandería del hospital de Vallegrande, donde fue exhibido a la prensa nacional e internacional, repercutió en amplios sectores de las clases medias urbanas, particularmente universitarias. La presencia del Che en el Congo, su firmeza en la necesidad de impulsar el trabajo voluntario como una síntesis de aquel hombre nuevo que es capaz de recibir estímulos morales por encima de los materiales, sus advertencias de que los errores de la entonces URSS podía conducirla a la restitución del capitalismo, su llamado a crear dos, tres, Vietnam y su templanza e inquebrantabilidad en la lucha armada en Cuba, el África y Bolivia a pesar del asma, constituyen hechos, acciones y posiciones que han sido fundamentales para que el fuego revolucionario, aun en momentos de gran adversidad, se mantenga en la mente y el espíritu de los revolucionarios del mundo.

Se convirtió el Che, entonces, en un símbolo de lucha, resistencia, humanismo y antimperialismo. Su ejemplo empujó a Inti Peredo, quien sobrevivió a la guerrilla de Ñancahuazú, a reorganizar aceleradamente el Ejército de Liberación Nacional (ELN) con la participación de los más destacados jóvenes de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, en su mayor parte de la Juventud Demócrata Cristiana Revolucionaria, con el objetivo de cumplir con la promesa de volver a las montañas. En julio de 1968, el ELN y el comandante Inti Peredo, de quien el Guerrillero Heroico tenía el mejor concepto, emitieron un manifiesto titulado «Volveremos a las montañas», en el cual, en medio de un amplio análisis de la coyuntura y de la reivindicación de la experiencia guerrillera de Ñancahuazú, se sostenía: «La guerrilla boliviana no ha muerto. Acaba de comenzar». 3

Y se concluía:

Que el imperialismo y sus lacayos no canten victoria, porque la guerra no ha terminado: recién empieza.

¡Volveremos a las montañas! Otra vez estremecerá a Bolivia nuestro grito de ¡Victoria o Muerte! 4

 

Y la promesa fue cumplida. El teatro de operaciones fue la localidad de Teoponte, al norte de La Paz. Inti no lideró la columna guerrillera debido a que meses antes fue asesinado en la ciudad de La Paz y le correspondió a Oswaldo Chato Peredo asumir esa responsabilidad. El 19 de julio de 1970, cerca de 75 guerrilleros del ELN ingresan a las instalaciones de la empresa estadounidense South American Placers y retienen a dos alemanes y piden la libertad de 10 rebeldes presos en la cárcel pública de San Pedro, en la ciudad de La Paz, entre los que está Rodolfo Saldaña, uno de los enlaces urbanos del Che. Es el primer acto armado en esa zona subtropical que conecta a los departamentos de La Paz y Beni. A pesar de que el gobierno de Ovando accede a la demanda guerrillera y una multitudinaria concentración saluda la liberación de los dirigentes y militantes elenos, de inmediato, sobre la base de la experiencia de Ñancahuazú, el Departamento de Estado y el Pentágono de los Estados Unidos envían a Bolivia un avión Hércules con decenas de cajones de armamento. El intento guerrillero fracasó, pero dejó, aunque de manera menos clara que la de Ñancahuazú, lecciones políticas y militares que el movimiento progresista y revolucionario incorporó en su memoria histórica para continuar desplegando su lucha por la construcción de una nueva sociedad.

Esta segunda experiencia guerrillera en la década de los 60 se da en un contexto político contradictorio. Bolivia estaba gobernada por un militar, Alfredo Ovando Candia, que el 26 de septiembre de 1969 da un golpe de Estado a Luis Adolfo Siles Salinas, quien sustituyó al general René Barrientos Ortuño, en cuyo gobierno irrumpió la guerrilla de Ñancahuazú y se asesinó al Che. Al principio el gobierno asumió medidas nacionalistas de gran popularidad como la derogación del Código del Petróleo de 1956 que durante más de una década había allanado el camino a la desnacionalización del recurso natural no renovable e hizo lo mismo con el Código Minero para darle al Estado el monopolio de la comercialización de los minerales y restableció las libertades sindicales. Pero la medida más importante fue la nacionalización del petróleo el 17 de octubre de ese mismo año y a impulso de su ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien llegaría a ser el líder socialista más destacado de este país sudamericano y luego asesinado el 17 de julio de 1980 por la dictadura de Luis García Meza. En un segundo momento el militar, presionado por la embajada de los Estados Unidos, hace un giro hacia posiciones reaccionarias y accede a una mayor presencia de la CIA, allana la Universidad Mayor de San Andrés, sale al frente de los sindicados mineros a los que acusa de subversivos y se ve obligado a incorporar civiles de derecha tras la renuncia de Quiroga Santa Cruz y otros que advertían sobre la marcha sostenida que el régimen en dirección a una restauración derechista.

Un hecho que debe destacarse es la enorme influencia que el Che logró tener en jóvenes cristianos. Uno de ellos, Néstor Paz Zamora, 5 que murió en Teoponte, siempre fue partidario del carácter liberador que debía tener la Iglesia Católica y de las ideas justas por las que Ernesto Guevara vino a luchar en territorio boliviano. Néstor fue hermano de Jaime Paz Zamora, el máximo dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) quien, a partir de la recuperación de las libertades democráticas en Bolivia, en 1982, desarrolló una línea política que lo llevó a construir alianzas con los partidos neoliberales, incluyendo el del general Hugo Banzer Suárez que en la dictadura del septenio 1971-1978 fue el responsable directo del asesinato, desaparición y exilio de muchos de sus compañeros de partido.

La influencia simbólica del Che, resultado de una representación social en las clases medias asociada a la valentía, consecuencia, antimperialismo y humanismo, no se redujo a los hombres y mujeres que continuaron apostando a la lucha armada como la vía de la transformación revolucionaria. Su imagen y pensamiento acompañó a los jóvenes que en Bolivia lucharon por la conquista de la autonomía universitaria. Aún los menos radicales, que no sin cierta razón llamaban a no reducir al Comandante de América a un simple “tira tiros” y más bien a recuperar su aporte al pensamiento emancipador latinoamericano, tomaron las banderas guevaristas para organizar y materializar la lucha por la construcción de una casa de estudios superiores con autonomía frente al Estado y con banderas claramente antimperialistas.

*     Forma parte del libro en preparación: La presencia del Che en el proceso boliviano, de Hugo Moldiz Mercado.

1    La expresión «el estampido del Ñancahuazú» fue acuñada por el diputado y dirigente socialista Roger Cortez en los años ochenta.

2    Palabras del comandante Fidel Castro en el XX Aniversario del asesinato del Che, el 8 de octubre de 1987, en Che en la memoria de Fidel Castro, 2da. edición ampliada, Ocean Sur, Melbourne, 2006, p. 191.

3    Citado en Jesús Lara: Guerrillero Inti Peredo, El Rebelde Editores, La Paz, 1994, p. 124.

4    Ibíd., p. 125.

5    El nombre y la lucha del joven guerrillero, de creencia cristiana, fueron reivindicados en 1989 por la Comisión Néstor Paz Zamora (CNPZ), una de las células del ELN que operó en el gobierno de Jaime Paz Zamora, quien se alió a la derecha para asumir la presidencia del país.

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