octubre 21, 2020

Cirkus Columbia

por: Pilar Uriona Crespo

El Festival de Cine de Sarajevo de 2010 fue el escenario elegido por el director serbio Danis Tanovic para presentar su último film, “Cirkus Columbia”. En el mismo, Tanovic busca retratar la vida cotidiana de los habitantes de un pueblo en Bosnia-Herzegovina, intentando con ello transmitir una idea de cómo se va gestando el ambiente de tensión que, de un modo u otro, confirmaba que las guerras separatistas se instalarían en los Balcanes como la nueva realidad a asumir tras el fin de la guerra fría.

Sin embargo, a pesar de percibirse en el aire, los personajes de “Cirkus Columbia” parecen evitar por todos los medios encarar los cambios ideológicos que instalarían como nuevo referente discursivo el nacionalismo extremista e independentista que terminó sobreponiéndose al comunismo y desmembrando con ello la federación socialista yugoslava creada por el mariscal Tito.

Y es esto lo que asigna un toque especial al reciente trabajo de Tanovic, quien aborda los hechos preliminares de una tragedia con el fin de mostrar reacciones por demás comunes. No querer ver las señales nítidas de que se está por desatar un infierno es una de ellas, al igual que recurrir al establecimiento de diálogos internos y con los demás para afirmar nuestra seguridad, exagerando desacuerdos e inventando dramas emotivos que nos abstraigan del mundo. Se hace necesario entonces, como bien señala el cineasta, reflexionar también sobre “aquellas cosas que no quieres ver, porque no te puedes creer que vaya a pasar algo así, pues sigues pensando que los humanos son mejores de lo que realmente son”.

Con todo, es interesante constatar que “Cirkus Columbia” intenta sustraerse de la violencia, rescatando desde una narración simultáneamente cómica y dramática una trama que sustenta la idea de que el humor es el mejor recurso para encarar la dureza de una realidad siempre permeable al dolor de la pérdida. Idea que se palpa también en otra de las películas de Tanovic, “Tierra de nadie”, en la que justamente a través de la ironía el director y escritor busca dar cuenta de cómo el contacto humano es el mejor recurso para erradicar de la mente la personificación del otro como el polo opuesto y evitar prejuzgarlo como un ser cuya cultura, religión y percepción del mundo lo define como el enemigo.

Finalmente, el hecho de elegir como hilo conductor de la historia la idea del regreso y la recuperación de los contactos humanos, desmitificando creencias y descubriendo los errores sobre los que se han constituido es significativo. Sobre todo porque con ello se da paso a una etapa de tránsito en la que se recupera la flexibilidad, la tolerancia, la solidaridad y la comprensión necesarias para dar y recibir el perdón, condición necesaria para promover cualquier posición antibelicista.

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