octubre 21, 2020

Los estudiantes chilenos

La red no descansa; decenas de mensajes, comentarios, resoluciones y acuerdos nos cuentan sobre la nueva experiencia de los estudiantes chilenos, tanto de secundaria como de universidades y de institutos técnicos. A ellos se suman profesores y catedráticos que agregan sus propias demandas. Todos coinciden en lo esencial: mejorar la calidad de la educación, hacerla accesible a toda la población, recuperar el espíritu fecunda de la afamada enseñanza fiscal del siglo pasado.

La larga batalla de los jóvenes chilenos es la más consecuente y coherente junto a la de los mineros del cobre, aunque este último sector tuvo momentos pasivos en estas últimas tres décadas. Recordemos que desde las filas estudiantiles surgieron las militancias más brillantes y honestas, como Miguel Enríquez y otros católicos y marxistas de los años 60-70.

Los historiadores señalan que desde 1906, cuando se fundó la Federación de Estudiantes de Chile, FECH, los estudiantes influyen en el desarrollo sociopolítico nacional. En los años 20 fueron influidos por el anarquismo y comenzaron a respaldar las demandas obreras, además de su propia lucha por reformas universitarias (autonomía). En los años 30 ayudaron al derrocamiento de la dictadura, en los 40 apoyaron las luchas campesinas. En los 50 y 60 fueron parte de la vanguardia socialista. No en vano, aunque parezca un lugar común, Violeta Parra, canta “Que vivan los estudiantes” y cuenta, también de la carta de su hermano Roberto, preso por protestar.

Durante los años del estropicio pinochetistas, las aulas fueron una reserva moral y un espacio de pequeñas grandes resistencias. Existen libros y películas que recuerdan esos movimientos de chicos y chicas, de cabros y lolitas, empeñados en recuperar algunos beneficios como el pasaje estudiantil y, sobre todo la calidad de la enseñanza. El movimiento de “los pingüinos” levantó una vez más a la FECH.

El régimen fui implacable en la persecución a profesores y alumnos e impuso un nuevo orden social y económico dentro de la enseñanza primaria, secundaria y superior ahogando la historia de la educación fiscal de tanta fama en el continente. Los textos reflejaban aquel atropello, sobre todo los de historia que intentan reforzar una ideología de dominación.

Por ello, el actual movimiento estudiantil estalla con demandas que abarcan un cambio total de la orientación en la enseñanza. Cito una entrevista de la radio universitaria chilena al colega historiador Sergio Grez:

“Al finalizar la dictadura y ya entrando en los gobiernos de transición, el movimiento estudiantil perdió su fuerza y se presenciaron acciones más bien intermitentes y esporádicas. A juicio del académico, esto se produjo porque “buena parte de las dirigencias estudiantiles respondían a las organizaciones partidarias de la Concertación, que tenía una buena capacidad de cooptación, control y manejo de estos movimientos”.

“Sin embargo, la entrada al nuevo milenio traería sorpresas. Y esta vez la presión no vino desde el mundo universitario, sino desde las aulas de enseñanza media. La llamada “Revolución de los Pingüinos” en 2006 remeció la dormida escena estudiantil arrastrando a miles de personas a las calle. Y si bien, lograron obtener uno de sus principales cometidos – la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Educación L.O.C.E promulgada en dictadura – la redacción de la nueva normativa educacional, poco tuvo que ver con las demandas de fondo como la desmunicipalización de la educación.

Precisamente, hacia cambios estructurales apunta el ahora Frente Social por la Educación, que agrupa a los universitarios, secundarios, profesores y una serie de otras organizaciones sociales. Según Grez, la positiva autonomía adquirida por el movimiento estudiantil – que se tiene como antecedente la poca valoración que existe en la actualidad a la clase política – permitió la radicalización de sus posiciones “que ya están abarcando puntos que van más allá de las demandas gremiales y que tienen que ver con una positiva politización en exigencias como la renacionalización del cobre, de una reforma tributaria para financiar la educación, cambio de la Constitución para que garantice el derecho a la educación a través de una Asamblea Constituyente”, dijo el historiador.

“Y pese a que todavía no se sabe si estas demandas podrán concretarse, Grez asegura que “el futuro de este movimiento estudiantil aparece más promisorio siempre y cuando tenga la capacidad para dotarse de bases programáticas que apunten a ir más lejos al logro de algunas reivindicaciones inmediatas y sea capaz de sostener en el tiempo organizaciones con alto grado de autonomía para que sea más difícil su cooptación”.

Por lo pronto, hay que preguntar qué pasa con el movimiento estudiantil boliviano, paceño…. Tema para otro artículo.

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