octubre 26, 2020

De revoluciones interculturales… algunos apuntes: Ocho millones de libros para once millones de cubanos y más!

Que Cuba seguirá por el camino del socialismo, priorizando al ser humano antes que al capital, se reafirma, por ejemplo, en el ámbito de la cultura: continuarán imprimiendo cerca de 8 millones de libros de distinto género al año, estimulando la producción audiovisual y otras manifestaciones artísticas y culturales, según ha afirmado a su paso por Bolivia el viceministro de Cultura de ese país, Fernando Rojas.

La historia de la Revolución Cultural en Cuba es sin duda uno de los referentes claves del siglo XX, comenzó con una Campaña de Alfabetización multidimensional que fue más allá del enseñar a leer y escribir a la población y que se asentó en una estructura estatal de inversión en políticas educativas y culturales, además de configurar una institucionalidad capaz de sobreponerse a los embates de bloqueo o de las sucesivas crisis económicas por más de medio siglo.

Hoy institucionalidades emblemáticas para la historia cultural no sólo de Cuba, sino del continente, y que gracias al compromiso de Fidel en 1960 ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas se erradicaría en una año el analfabetismo en Cuba; promesa que hoy a más de 50 años da muestras elocuentes, porque no dudaron que la primera batalla a librar era poner en manos de la gente herramientas imprescindibles para alimentar -intangibles- imprescindibles para enfrentar los desafíos de un mundo vertiginoso, dominado no sólo por el capitalismo global, sino por la información en su sentido más extenso y amplio, no en vano calificaron a su histórica Campaña Nacional de Alfabetización como una auténtica epopeya popular, de la que entones 1960 participaron voluntariamente más de 300.000 personas, que contribuyeron con su ingente esfuerzo a que más de 700.000 cubanos y cubanas aprendieran a leer y escribir en sólo un año y teniendo como antorcha el lema de Martí: “Si sabes enseña. Si no sabes aprende”.

Antorcha que hoy hace posible que el Estado cubano anualmente produzca ocho millones de libros para una población aproximada de once millones de personas, en una gama amplia de obras que incluyen no sólo a historiadores, literatos o propuestas diversas de cubanos, sino diversidad de títulos de diversos continentes y renombradas figuras de la literatura y las artes universal, algunos de los cuales ceden sus derechos de publicación y difusión a favor de la población cubana, pero gracias a un andamiaje estatal que ha formado a expertos en gestión y negociación cultural, porque estamos hablando de industrias culturales, nos guste o no.

Claro en medio de esta epopeya la historia cubana recuerda a algunos mártires como varios jóvenes voluntarios o maestros de escuela que enseñaban a leer y escribir y que según registros, fueron torturado y muertos por grupos al servicio de la CIA interesados en que esta Revolución Cultural fracase. Triunfo que posteriormente haría posible la consolidación de la emblemática Feria del Libro, que convierte a los libros en once días de protagonistas centrales de la vida de la Isla y que ya ha celebrado sus 20 años de tradición, de la que participan casi 200 editoriales extranjeras de más de una treintena de países de distintos continentes y en la que convergen no sólo las artes literarias, sino también las musicales, plásticas y las cinematográficas, y como versa uno de los slogans ya tradicionales de este evento cultural envidiable: “nosotros no le decimos al pueblo que crezca, le decimos que LEA”.

Y cómo no una defensa férrea a estos logros revolucionarios, como apunte remarquemos en otro que nos es más cercano, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), creado a tan sólo 83 días del triunfo de la Revolución Cubana y que a lo largo de algunas décadas dio cobijo solidario miles de estudiantes de América Latina, el Caribe, África, Europa, entre otros, así como a varios estudiantes bolivianos, gracias al impulso de Ukamau con el maestro Jorge Sanjinés y la extraordinario productora Beatriz Palacios; que posteriormente se desplegaría en el impulso de nuevas generaciones de realizadores dispersados a lo largo del mundo para mostrarnos universos diversos y alternos a la industria hollywoodense.

No está demás recordar que el ICAIC fue refundado por artistas como Leo Brouwer, compositor, virtuoso guitarrista director de orquesta, así como los integrantes de la Nueva trova cubana como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, inicialmente para promover la creación de música para documentales y películas cubanas, pero posteriormente se desplegaría en una serie de instituciones que fortalecerían la cinematografía no sólo cubana, con instancias hoy también emblemáticas como la Cinemateca Cubana, su archivo fílmico que resguarda verdaderas joyas no sólo del cine del continente sino de la historia cinematográfica mundial, su Centro de Información, los Estudios Fílmicos de Animación y que ha tenido la capacidad de adaptarse rápidamente a los desafíos de las nuevas tecnologías, sin desechar la formación en tradicionales formatos como parte de una formación integral, los Estudios Fílmicos y una Distribuidora Nacional que coadyuva efectivamente a difundir la cinematografía nacional cubana en su diversidad, incluidas producciones de “autor” o “vanguardias” en distintos países y dentro de los circuitos comerciales, pero además, para garantizar presencia de sus producciones en los más importantes y reconocidos festivales de cine a nivel mundial.

Los antecedentes rendían frutos gracias también al fragor del Nuevo Cine gestado en el continente desde los años 50 con las obras de cineastas del continente como Nelson Pereira dos Santos de Brasil, Julio García Espinosa de Cuba, Fernando Birri de Argentina, al que luego se sumarían otras figuras también fundamentales para nuestra historia como el cineasta chileno Miguel Littín, Glauber Rocha pilar del cinema novo brasileño; en La Habana, Santiago Álvarez o Humberto Solás, así como el cine de Jorge Sanjinés, impronta cinematográfica en la que cada uno a su modo, desnuda las realidades sociales y de pobreza del continente, en medio ya de las dictaduras que dominaron el escenario político de la región, pero que encuentra cobijo y fortaleza en las artes cinematográficas y particularmente en los cobijos institucionales de Cuba, que por su parte fortalece sus pantallas para amplificar diversas realidades a través de la instalación de salas para el Nuevo Cine

De ese movimiento y esa apuesta posteriormente emergería el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana creado el año 79 para reconocer y difundir las obras cinematográficas que contribuyan, a partir de su significación y de sus valores artísticos, al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña y cuyo máximo galardón es el Gran Coral y que rápidamente se convirtió en uno de los más prestigiosos de la región y en una ventana para que las producciones iberoamericanas se inserten en la industria cinematográfica.

Festival que convoca anualmente a los Concursos de Ficción, Documental y Animación, Operas Primas, Guiones Inéditos y Carteles. Además, en el que se desarrollan una serie encuentros y seminarios con prestigiosas figuras de la cinematografía del mundo, incluida la de la industria hollywoodense, con diversos temáticas inherentes al ámbito cinematográfico. Al que se suma un programa que acoge una amplia y representativa muestra de cine contemporáneo proveniente del diversos países del mundo.

Y por si fuera poco, a fuerza de las limitaciones impuestas por el bloqueo, por los elevados costos de los insumos cinematográficos, el cierre de laboratorios por la crisis económica de la región y la venturosa emergencia de las tecnologías digitales para la producción audiovisual se crea el Festival Internacional de Cine Pobre de La Habana, promovido por Humberto Solás, bajo el horizonte de amplificar la diversidad cultural de los pueblos, pero además, para potenciar la profesionalidad y las formas emergentes en la producción audiovisual, que llegarían a convertirse en otra celebración anual que relega el carácter competitivo de los festivales para ceder espacios a la -profundización de espacios de encuentro e intercambio de experiencia, foros y un sinnúmero de paneles bajo el lema que dejó el maestro Solás: “cine pobre no quiere decir cine carente de ideas o de calidad artística”, sino de restringida economía que además repercute en una gradual democratización de la profesión, al desequilibrar el carácter elitista que ha caracterizado a este arte”, otra de las maravillosas lecciones de lucidez.

Y si me permiten, la elocuencia de los logros son demasiados, dejo otros capítulos fundamentales de la Revolución Cultural Cubana para otro espacio, como el querido Ballet Nacional de Cuba y a Alicia Alonso, esa extraordinaria y maravillosa bailarina que me sedujo desde mi adolescencia, gracias a su genialidad en los escenarios como bailarina y coreógrafa, a la perfección de su técnica y sobre todo, a la elegancia de su entrega generosa a cientos o miles de bailarinas a lo largo de varias generaciones, leyenda y mito que con su arte sigue seduciendo a lo/as amantes de la danza en el mundo entero.

Para cerrar, les dejo con una de las reflexiones de Fidel allá por lo años 60, cuando ojeaba los logros de la Revolución

Por meritorias que puedan parecer debemos empezar por situarnos en la posición honrada de no presumir que sabemos más que los demás, de no presumir que hemos alcanzado todo lo que se pueda aprender, de no presumir que nuestros puntos de vista son infalibles y que todos los que no piensen exactamente igual están equivocados. Es decir, que nosotros debemos situarnos en esa posición honrada; no de falsa modestia, sino de verdadera valoración de lo que nosotros conocemos porque si nos situamos en ese punto, creo que será más fácil marchar acertadamente hacia delante, y que si todos adoptamos esa actitud tanto ustedes como nosotros, desaparecerán actitudes personales y desaparecerá esa cierta dosis de personalismo que ponemos en el análisis de los problemas. En realidad, ¿qué sabemos nosotros? Nosotros todos estamos aprendiendo.

Fidel Castro,

La Habana junio de 1961

*     Feminista queer y periodista

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