octubre 22, 2020

La nueva mujer rural: Avances, conquistas y retrocesos

Hablar de mujeres rurales en Latinoamérica nos remite a la idea de la triple discriminación que sufren: por ser mujeres, pobres e indígenas o campesinas; nos remite también a la idea de un sector vulnerable de la sociedad a ser asistido. Pero poco se habla de sus avances, de su caminar, de sus batallas, sus triunfos y sus derrotas. El presente artículo desentraña esta nueva ruralidad, partiendo de las necesidades y los principales aportes de las mujeres al interior de la familia y la comunidad.

La revolución agraria en tiempos de Evo

Revolución Agraria, fue el nombre que se le dio a una importante serie de programas promovidos por el gobierno de Evo Morales, sobre todo en su primera gestión, para implementar una verdadera reforma agraria en el país. Entre 1996 y 2005 sólo se habían saneado 9.321.525 ha de un total aproximado de 110 millones de ha, mientras que en la primera gestión de Evo Morales (2006-2009) se llegó a 31.533.008 ha, haciendo un total de 40 millones de ha (Datos del INRA, en: Urioste, 2011).

En lo que respecta a la tierra saneada a favor de las mujeres, durante la gestión del presidente Evo Morales, con la aprobación del D.S. 28.736 y la promulgación de la Ley Nº 3545 o Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria, entre 2006 y 2010 fueron entregados 32.060 títulos a mujeres, 51.346 a hombres y mujeres en co-propiedad y 49.314 a solo varones. (Ramírez, 2010) La titulación a favor de la mujer fue incrementándose; sin embargo, persiste la diferencia entre la titulación para varones (36%) de la titulación para mujeres (23%). Sin embargo es considerable el porcentaje de 37% de titulación conjunta. Respecto a la superficie en hectáreas tituladas en razón de género se puede evidenciar mayor diferencia en el acceso respecto a hombres y mujeres, ya que la titulación para mujeres llegó a 276.142 hectáreas (14,7%) en relación a las 950.395 hectáreas (50,7%) para varones y 648.015 hectáreas (34,6%) para la pareja (Ramírez, 2010). (ver gráficos 1 y 2)

Por su parte, la Constitución Política del Estado, aprobada el año 2009, reafirma el derecho de las mujeres a la tierra, sin importar su estado civil. A través de la Carta Magna se dan cambios significativos en el tema tierra a favor de mujeres y hombres de los pueblos indígenas y campesinos, cuyos derechos reconocidos se extienden a la libre determinación y territorialidad, al reconocimiento de la titulación privada individual y colectiva de la tierra, siempre que cumpla función social (Art. 56). En cuanto a las previsiones específicas para la protección de los derechos de las mujeres rurales, merece ser destacado el artículo 402, que señala: “El estado tiene la obligación de promover políticas dirigidas a eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres en el acceso, tenencia y herencia de la tierra”.

El acceso a la tierra por parte de las mujeres:

un desafío

Pese a los avances, la diferencia persiste. Para la especialista agraria Carmen Diana Deere existe un conjunto de mecanismos de exclusión que han caracterizado a las reformas agrarias en Latinoamérica para que las mujeres accedan a tierras en menor cantidad y calidad (Deere, 2009):

  • Mecanismos legales: La reforma agraria en Latinoamérica dio por hecho que al beneficiar a los jefes de familia todos los miembros a su vez automáticamente se beneficiarían. Al momento de disolverse el matrimonio se verifica que la mujer pierde todo derechos sobre la tierra.

  • Mecanismos culturales: La agricultura es considerada como una ocupación masculina y el trabajo de la mujer como “ayuda”, siendo un trabajo invisible, pese a que las mujeres son las que principalmente garantizan la seguridad alimentaria de las familias.

  • Mecanismos estructurales: División del trabajo por género en la agricultura, en lo doméstico, en la comunidad, lo que sitúa a hombres y mujeres en distintos puntos de partida, lo que a su vez posterga el acceso a una serie de derechos por parte de las mujeres.

  • Mecanismos institucionales: Espacios de decisión todavía dominados por funcionarios varones (institucionales estatales) o por líderes varones (organizaciones campesinas), que al momento del saneamiento de tierra, por ejemplo, mantienen el sesgo de género.

En Bolivia, es importante reconocer el papel de la organización comunal como regulador del sistema de tenencia de tierra, ya sea en el altiplano como en los valles,; si bien se ha avanzado en algunas regiones con el saneamiento de la tierra y la elaboración de nuevas listas, colocando a las mujeres como copropietarias (proporcionándoles seguridad jurídica), en otras regiones, las nuevas leyes no atraviesan a la esfera comunal. En otras palabras, el derecho propietario todavía está muy ligado a las normas tradicionales.

El argumento principal es que la tierra permanecerá en propiedad de la familia si la conservan los hombres, porque si la hereda la mujer el directo beneficiado será el marido, negando el papel de la mujer como propietaria, reconociendo solamente el de esposa. En el altiplano esto es muy marcado. Otro factor importante al momento de analizar el reconocimiento del derecho propietario es la valorización de la tierra, porque a medida que la tierra va perdiendo el valor, tanto de uso como de comercialización, la herencia se va ‘feminizando’, situación que ocurre en las comunidades de los valles, donde a medida que la tierra ha ido perdiendo nutrientes y se ha ido fragmentando cada vez más, el acceso ha sido más equitativo o en todo caso ha sido menos selectivo.

La unidad productiva familiar hoy

El funcionamiento de la unidad familiar está determinado por el aporte y la participación activa de sus miembros y, por otro lado, por el nivel de participación que tienen al momento de tomar las decisiones. A partir de condiciones culturales pre-establecidas es que esta ecuación en muchos casos se transforma en la base para las relaciones de poder, dominación, subordinación, desigualdad y jerarquía al interior de la familia.

Analicemos la distribución del trabajo entre hombres y mujeres en cada una de las labores llevadas a cabo por la unidad familiar: las mujeres en el área rural son las únicas que asumen las principales tareas del hogar (preparación de alimentos para la familia, cuidado e higiene de los hijos/as, limpieza de la vivienda, etc.). Los hombres, por su parte, consideran que cualquier aporte de ellos a las actividades domésticas es solamente de ayuda, porque consideran éstas como una labor que está inserta en las responsabilidades de las mujeres y lo mismo opinan ellas. Los hombres, en cambio, son considerados agricultores, aunque en la realidad las mujeres también participen de las actividades agrícolas.

En la actualidad, la propia dinámica intensa del mundo rural ha empujado a las mujeres a desempeñarse en los espacios productivos agrícolas, agropecuarios, el mercado de la fuerza de trabajo e incluso incursionando en emprendimientos económicos propios. Pero este gran avance no ha ido acompañado del reconocimiento del nuevo rol que desempeñan las mujeres en tanto productoras agrícolas y en consecuencia han seguido sosteniendo desde sus cimientos a esta unidad productiva. Nuño (2010) manifiesta, que lo que podría ser un avance genera mayores inequidades: “El problema es que esta ruptura parcial del viejo orden, es decir, la continuidad del mantenimiento de la división sexual del trabajo en el espacio privado, inevitablemente se traduce en una presencia condicionada o en una incorporación parcial de las mujeres al espacio público y consecuentemente, en nuevas expresiones de la desigualdad de género»(Nuño, 2010).

El papel productivo y aporte económico de las mujeres

Estudios sobre el uso del tiempo, particularmente el dedicado al trabajo remunerado y no remunerado, han contribuido a visibilizar el aporte económico de las mujeres. Basados en encuestas, estas investigaciones permiten conocer los cambios y continuidades en la división del trabajo doméstico entre hombres y mujeres, y los aportes de éstas al hogar. A continuación se presenta un gráfico elaborado por UNIFEM (2010), en 13 países de la región latinoamericana, que muestra el aporte de las mujeres tanto en hogares rurales pobres y no pobres, mostrando que su aporte hace la diferencia. En el caso boliviano es notoria la diferencia. (ver gráfico 3)

En Bolivia, las mujeres han tenido la habilidad de combinar sus tareas en el ámbito doméstico con sus responsabilidades productivas y el cuidado de los animales, todo ello con el principal objetivo de garantizar el abastecimiento de insumos alimenticios para la familia. Por eso es muy importante considerar a las mujeres como actoras estratégicas en el reencauzamiento de la producción agrícola destinada a la alimentación del mundo: ellas administran y deciden cuánto de los productos agrícolas estarán destinados para la alimentación, la elaboración de productos derivados, la venta y el trueque.

Deere (2002) define dos tipos de sistemas agrícolas familiares determinados por la participación de las mujeres y la toma de decisiones:

  • Los sistemas agrícolas patriarcales se caracterizan por la participación de las mujeres en las labores agrícolas y la pecuaria, pero con control masculino de la toma de decisiones y la disposición de los productos o rentas provenientes de este trabajo familiar.

  • Los sistemas agrícolas igualitarios presentan una asociación correspondiente entre la participación de hombres y mujeres en las labores agrícolas, la toma de decisiones y la disposición de los productos.

Ella manifiesta que la tendencia es que poco a poco se modifiquen los sistemas agrícolas de patriarcales a igualitarios, pero una vez que se modifiquen las relaciones de poder al interior de la unidad familiar, esto es que, tanto hombres como mujeres desplieguen al máximo sus capacidades y al mismo tiempo cubran con las responsabilidades de la unidad reproductiva de forma horizontal y no jerarquizada como la vigente división del trabajo entre hombres y mujeres.

¿Hacia dónde avanzamos?

Sin duda, uno de los principales retos para la implementación de una nueva política de tierras en Bolivia es poder incluir entre sus beneficiarios a distintos y muy variados actores, desde sus propias temporalidades y espacialidades. Ahora, con la Constitución Política del Estado surge el debate sobre una nueva política de tierras y, una vez finalizado el saneamiento de todo el territorio boliviano, corresponderá la inclusión efectiva de todos y todas los actores en el diseño normativo de dicha ley de tierra.

El acceso a la tierra es importante en tanto otorga a las mujeres seguridad sobre sus medios de subsistencia. Un mayor acceso y control a la tierra permitirá a las mujeres tener mayor visibilidad y participación en la esfera pública, así como en los procesos de toma de decisión familiar y en la comunidad.

El papel de jefe de familia en las comunidades persiste pese a que en muchos casos son las mujeres quienes deben tomar decisiones sobre lo productivo y lo doméstico mientras los hombres han migrado. Es considerable el avance que existe hoy en día para las mujeres, si bien tienen que asumir múltiples actividades domésticas, pecuarias, productivas y en algunos casos organizativas, estas dos últimas les ha permitido tener un rol importante en la familia y en la comunidad, y ha inducido a que exista complementariedad a la hora de tomar decisiones, por tanto podemos hablar de unidades familiares donde no hay un solo jefe de familia sino dos, aunque no se los denomine así todavía.

Pero hemos visto que queda todavía un largo recorrido por desandar esta cadena de invisibilizaciones que sufren las mujeres a partir de la falta de reconocimiento respecto a sus aportes al bienestar de la familia, esto es, que sean vistan, reconocidas y valoradas como agricultoras. Ello conllevaría a transformar las relaciones de género e incrementar el poder de negociación de la mujer en el hogar y en la comunidad así como el ejercicio de la autonomía económica. Las mujeres poco a poco van abriendo surcos hacia este nuevo horizonte de igualdad y oportunidades.

Bibliografía

  • Deere, Carmen Diana, ¿qué diferencia resulta de la perspectiva de género? repensando los estudios campesinos, en: UMBRALES, Revista del Postgrado en Ciencias del Desarrollo, Nº 11, La Paz, 2002.
  • Deere, Carmen, Propiedad de activos y poder de negociación de las mujeres,exposición presentada en: Seminario Internacional Bolivia post-constituyente, 26 – 28 de octubre de 2009, La Paz, Bolivia.
  • Nuño, Laura, El mito del varón sustentador. Orígenes y consecuencias de la división sexual del trabajo, Icaria, España, 2010.
  • Ramírez Carpio, Mirtha, Acceso y titularidad de las mujeres a la tierra, Coordinadora de la mujer, La Paz, 2010.
  • Urioste, Miguel, Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia, Fundación TIERRA, 2011

*     Investigadora social, co-autora del libro Sociología de los movimientos sociales en Bolivia. Trabajó como punto focal para el componente Mujer y Tierra en América latina para la Coalición Internacional para la Tierra (International Land Coalition, ILC).

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