octubre 28, 2020

Los profesionales del NO

por: José Luis Exeni R.*

Entiendo y respeto que alguien se sienta-declare ajeno, engañado, subinformado o molesto y decida abstenerse de participar en un proceso electoral o, si concurre a las urnas, exprese sus razones a través del voto blanco o nulo. La democracia no sólo presupone, sino también necesita, tales manifestaciones democráticas de la voluntad popular. Ya.

Pero una cosa es indignarse contra los malos partidos/candidatos en una elección, contra las opciones en un referendo, incluso contra los procesos de votación mismos, y otra muy distinta es cabalgar desde la anticipada derrota para oponerse, por cualquier medio, a su realización y, claro, como mezquino corolario, desconocer sus resultados.

Esa tónica se ha repetido como ritualidad opositora en los últimos años. Es como si la oposición residual de la vieja partidocracia y los poderes fácticos (en especial mediáticos y regionales) sólo supiese un guión: frenar-boicotear los procesos electorales y, si no logran tal cometido, echarles mierda para empañar sus resultados. Y eso no es democrático.

¿Le suena conocido? Tras los fallidos intentos de abortar la Asamblea Constituyente (su carácter no originario, los dos tercios, la capitalidad plena), y ante la inminencia de un nuevo texto constitucional, los profesionales del NO, en lógica de trinchera, activaron sus “procesos estatuyentes”. Y en pocos días izaron estatutos departamentales inconstitucionales.

Pero no sólo eso. Al mismo tiempo que bloqueaban la convocatoria al referendo constituyente para la aprobación o no de la nueva Ley Fundamental, se lanzaron a la aventura de convocar y organizar, como consigna, consultas ilegales para legitimar sus estatutos a sabiendas de que, por ser violatorios de la Constitución, no había modo de aplicarlos. Un engaño.

Y ni hablemos del complicado referendo revocatorio (ratificatorio, más bien) de mandato popular. Tras proponer envalentonados su realización, primero, y convocarlo desubicados mediante Ley, después, los profesionales del NO desataron todas las maniobras imaginables para detenerlo, desde el primer hasta el postrer día. Y no pudieron.

Ahora, con matices y un recién llegado, la historieta-guión se repite. Luego del fallido intento de cuestionar el carácter democrático del mandato constitucional para la inédita elección popular de las altas autoridades jurisdiccionales del nuevo Estado plurinacional ­—»cómo pues vamos a votar por magistrados»—, se ocuparon sistemáticamente de abollar su legitimidad.

Y el núcleo de la batalla por el NO se concentró, era previsible, en el proceso de preselección de postulantes en la Asamblea Legislativa. Desde la aprobación del Reglamento hasta la última sesión plenaria abonaron el supuesto de que todo era una farsa. Contribuyó a ello el torpe-vertiginoso desarrollo de la preselección bajo instructiva de los dos tercios oficialistas.

El guión, otra vez: como no lograron frenar la preselección de postulantes (que por supuesto merecía mejores procedimiento y resultados), ni podrán impedir la votación popular prevista para el16 de octubre, la siguiente acometida es el voto nulo (llámese rechazo, no, nulo a secas, dedito anular, etcétera). La consigna es desportillar los comicios para golpear al Gobierno.

¿El voto nulo es una opción legítima y democrática? Por supuesto. Como lo es votar en blanco o por los postulantes democrática y legalmente preseleccionados. Y las ciudadanas y ciudadanos, libres de imposiciones y consignas, con nuestra participación informada, podemos/debemos ejercer tales derechos.

Lo que irrita es que, como bandera precoz, se distorsione el sentido del proceso (politización de la justicia). Lo que cabrea es que, casi como imposición, se agiten votos-consigna. Lo que indigna es que, una vez más, por mezquindades y cálculos políticos de unos y otros, se derroche este nuevo reto de ampliación democrática.

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