octubre 21, 2020

Bancarrota irreversible de los EEUU Nos obliga a fortalecer nuestros proyectos estratégicos de vida

por: Colectivo “WIPHALA”:Silvio Paez, Martín Moreira, Gabriel Limache, André Argandoña.

Aunque antes de la crisis no era evidente que Estados Unidos, Europa y Japón ya eran Países ricos altamente endeudados (PRAE), la realidad fue que después del 2007 todos comenzaron a sentir los impactos de su alto nivel de endeudamiento privado y público. La dimensión del problema del 2007 en adelante fue menos evidente para Estados Unidos, que con una altísima deuda interna por consumo, no se esperaba que fuera a entrar en una espiral contractiva marcada.

Para comprender la deuda debemos tener una mirada panorámica, ir armando cada uno de los eslabones de la cadena que nos permiten tener una comprensión de conjunto para hacer un análisis global. Pero sobretodo, para posicionarnos y asumir proyectos estratégicos.

“Me parece que es físicamente, humanamente imposible para los EEUU pagar su deuda… ellos pueden seguir jugando esta farsa, pero está en bancarrota”, sentenciaba Jim Rogers, un referente norteamericano de la inversión en las bolsas. Y es que, una ampliación del techo de endeudamiento es una especie de barrera para “evitar la bancarrota”, aunque ya ha sido levantado 74 veces desde 1962, significa que su modelo no pudo evitar lo que se proponía.

Orígenes y causas de la deuda de EEUU

Otro problema es que su deuda ahora es mayor a su PIB. Aunque no es exclusivo de los EEUU, otros países también están en serios problemas: Austria 82%, Francia 99%, Grecia 130%, Japón 204%, Holanda 82%, Portugal 97%, Reino Unido 94%, Italia 130%. A diferencia América Latina está con un promedio del 35%.

El monto o la magnitud de la deuda pública de los EEUU es un problema muy grave puesto que los 14,4 billones de dólares, esto significan el 25% del total de la producción mundial (PIB mundial), es una deuda que incluso para la capacidad económica mundial resulta insostenible. Los intereses son enormes, van creciendo aproximadamente a 23.000 dólares por segundo, es decir, 12.000 millones por año, la semana pasada se dispararon en más de 238.000 millones de dólares y siguen creciendo.

Muchas empresas norteamericanas quebraron por falta de financiamiento durante la crisis financiera de los tres últimos años, esto redujo su capacidad productiva nacional, que es el referente último para pensar en posibilidades de pagarse la deuda.

¿Qué hizo crecer tanto esta deuda?

Esta deuda era para 1900 era de 2.000 millones de dólares, subió en 1940 a 43.000 millones, en 1950 a 257.000 millones, en 1980 a 930.000 millones, para 1990 llegó a 3,2 billones, y actualmente a 14,4 billones. Estos significa que la deuda creció enormemente en el período de pos II guerra mundial, luego en la crisis de 1970-80, obviamente un crecimiento muy grande fue en 1990 por efecto de la crisis y de la primera invasión a Irak, finalmente, en estos últimos años se multiplicó por los gastos bélicos y por la financiarización de la crisis que realizó el gobierno de los EEUU queriendo traspasarla a otros sectores y países a través de mecanismos financieros.

¡Problemas políticos de Obama como costo de la crisis!

Un problema vinculado al anterior es que este gobierno de Obama incrementó la deuda de 10 a 14 billones, por lo que Obama al estilo “American way”, frente a la reducción de categoría de AAA a AA+ que realizó la Standard & Poor´s, asegure que: “Estados Unidos es y será siempre un país de triple A… No necesitamos que una agencia de calificación venga a decirnos que necesitamos reducir el déficit a largo plazo… No necesitamos que una agencia de calificación nos diga lo que debemos hacer… Y no importa lo que un agencia diga: Estados Unidos es un país que siempre paga y por eso es y será siempre un país de Triple A”. Pero ni con su ilusión ni echando la culpa a todo el mundo puede eludir su responsabilidad.

Otros problemas más estructurales

Otros problemas son la pérdida de la hegemonía del dólar a nivel mundial como referente monetario. La pérdida de la hegemonía norteamericana basada en su prepotencia militar que resultó ser más ruido que efectividad. Pero el problema fundamental, es que la crisis obedece a la imposibilidad de valorización del capital en la esfera de la producción por imposibilidad de realización de las mercancías, porque una gran parte de la población no representa una “demanda efectiva” debido a sus condiciones de pobreza, o debido a que la producción relativa es mayor a la capacidad de consumo aún cuando éste es inducido por las pautas culturales capitalistas. Por eso es que muchas empresas norteamericanas quebraron ampliando una brecha enorme entre producción nacional y valorización.

Economía y estado

Las deudas públicas estatales siempre han sido un mecanismo del estado para favorecer el interés económico de un determinado sector a costa de otros, por ejemplo, la financiarización de la quiebra de bancos, los créditos a sectores privados, el endeudamiento para proyectos de inversión de “modernización” de los países que benefician más a los sectores acomodados, la guerra que impulsan grupos corporativos vinculados a la industria de armamento y a la reconstrucción de territorios ocupados, o los beneficios a grupos vinculados al petróleo controlado en los países invadidos. Una consecuencia lógica de esta realidad, es que ahora, el gobierno de EEUU tomé como medidas la reducción del gasto social y la inversión pero manteniendo el nivel de gasto militar.

Crisis civilizatoria: cuidado, los pobres son los que más sufrimos

La primera conclusión que salta por su evidente notoriedad es, su carácter impagable: por su magnitud, por el destino improductivo que la ha originado, por la ampliación de la brecha entre la producción y la deuda, por la crisis financiera que no se detiene, por la crisis financiera mundial que exige a EEUU más financiarización al sector financiero y privado para que el mismo EEUU evite su quiebra definitiva.

Las crisis, desde el punto de vista de la crítica de la economía política, sólo pueden ser detenidas a través del incremento de la explotación de plusvalía y de arrancarle más valor a la naturaleza, ambos, por infinitos mecanismos que se inventa el capital.

Esto significa que el capitalismo no está muerto como asegura el catastrofismo de una izquierda esquemática, significa que en su difícil situación, el capitalismo ahondará aún más su carácter explotador, devastador y violento para generar condiciones para apropiarse de más valor y plusvalor. Además, EEUU tratará de transferir esta deuda a los países pobres y a sectores empobrecidos del mismo estados unidos. Esta característica del sistema capitalista moderno no debería alegrarnos haciéndonos creer que ya se acerca su fin, debería preocuparnos el doble porque los que sufrirán sus consecuencias serán los sectores más vulnerables.

Una de las medidas que tomó el gobierno de los EEUU es desacelerar la economía, lo que provocará mayor desempleo y menor ritmo de producción en la industria, trayendo como consecuencias la reducción de la demanda de las materias primas y la reducción de sus precios.

Si analizamos la salida a la crisis del 29 vemos que no fue Keynes quien nos sacó de esta crisis con su innovador modelo, los estados tanto en América como en Europa asumieron un rol protagónico para fomentar su industria: el New Deal en EE.UU., el nacionalsocialismo en Alemania y el socialismo real en la URSS. Las obras de infraestructura promovidas por el modelo de Keynes fueron mínimas (2 o 3), lo único que sacó al mundo de esta crisis fue la II guerra mundial nada más y nada menos que con un costo de millones de personas muertas, el levante de la industria con la reconstrucción, los créditos a los países afectados, el gasto militar realizado durante la guerra. La guerra es una instrumento del capital para enfrentar sus propias crisis. Por eso, nos ponemos a pensar que cuando el capital está herido, acechan vientos de guerra.

Esto nos presenta otro problema fundamental: la crisis sólo puede ser entendida y asumida desde la importancia y el significado de las fuerzas productivas ya que el capitalismo llegó a un momento en el que las fuerzas que lo impulsan son las de la guerra y la destrucción, no como actos inmorales sino como necesidades biológicas de su mismo metabolismo. Nos preguntamos, ¿en qué momento o de qué forma las fuerzas productivas priorizan la muerte y la destrucción?, ¿cómo se puede concebir unas fuerzas productivas para la vida y no para la explotación, degradación y muerte?

La teoría económica positiva se hunde junto a la crisis, todos los preceptos liberales no hacen más que mostrar el carácter ideológico de dicha “ciencia económica” que sólo puede naturalizar y justificar el hundimiento de este sistema con sus argumentos a favor del mercado, de los modelos matemáticos, de su tecnología, de su pensamiento econometrizado, etc. Ilusos quienes esperan que una respuesta científica de la economía positiva.

Finalmente, un punto a debate es que, no sólo se trata de una crisis financiera, monetaria, económica o de hegemonías, se trata de una crisis civilizatoria porque el sistema capitalista moderno ha subordinado el conjunto de la vida de los seres humanos a nivel mundial, pero también ha obligado a que se organicen, resistan, luchen, rescaten su historia. Y ahora, esta exigencia también es un reto más difícil aún, el de construir alternativas efectivas, un sistema alternativo basado en la vida, un sistema eficiente que pueda resistir y enfrentar esta crisis, pero que sea capaz de mirar en el mediano y largo plazo, empezando desde ahora a construir una posibilidad real de “vivir bien” para todos los pueblos del mundo. Pero esto sólo va a ser posible si cada uno de nosotros, nos posicionamos activamente frente a esta crisis del capital, a su lógica, a sus consecuencias. Si asumimos un compromiso activo con la vida, con los demás y el planeta.

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