octubre 28, 2020

Historia de tragedias… con orden, paz y trabajo: A 40 años del fatídico 21 de agosto de 1971

Voy a cantar una copla

por si acaso muera yo,

porque nosotros los hombres

hoy somos, mañana no

Voy siguiendo mi camino

conciente voy de mi suerte

voy desandando el destino

seguro voy de mi muerte

y como sé que yo muero

dejo al pueblo mi canción

porque nosotros los hombres

hoy somos, mañana no

 

Benjo Cruz

Fuimos tan sólo parte de un complot, un engranaje dentro de los andamiajes de la CIA y el Pentágono para frenar al comunismo, en medio de las sombras de la Guerra Fría, de la revolución Cubana, de Ñancahuazú y Teoponte; así como de las nubes que todavía cubren a la Higuera por el paso del Che Guevara, las huellas de los universitarios, los mineros y guerrilleros que surcaron  sus ríos y sus quebradas, de los enigmas de Tania.  Pero también bajo el duelo de la Masacre de San Juan y el asalto militar de los Ranger´s a los centros mineros de Siglo XX y Catavi , en el Solsticio de Invierno, ordenados por René Barrientos, a la vista de niños y mujeres impotentes ante la brutalidad.

Epoca de paradojas en los que se recuperan también libertades como la de prensa, se reorganiza la Central Obrera Boliviana con líderes emblemáticos como Juan Lechín Oquendo, Simón Reyes, Filemón Escobar, es la época en la que se nacionalizan todas las concesiones otorgadas a Bolivia Gulf Oil Company  impulsada por Marcelo Quiroga de Santa Cruz, que a su vez expande la amenaza de las privatizaciones, de la ingerencia estatal en las actividades embrionarias de la minería, o de la petrolera y agroindustria emergentes principalmente en el oriente cruceño.

Son los años de la amenaza antimperialista del régimen de Juan José Tórres y su gobierno revolucionario instaurado en octubre del 70 en el que se impulsan cambios de beneficio social como reposición de salarios a los mineros, la nacionalización de la Mina Matilde y de Colas y Desmontes, y de la amnistía a presos políticos.  Son los años en los que la música de Benjo Cruz se convierte en la banda sonora de la época y en el símbolo melódico de una generación de jóvenes y de revolucionarios, con la misma impronta que lo uniría luego a otro grande Víctor Jara, tanto desde la música como con la muerte, con el aniquilamiento forzado.

Es la época de la expulsión del Cuerpo de Paz Norteamericano por sus métodos encubiertos de control de la natalidad en comunidades campesinas, retratadas magistralmente por el maestro Sanjinés “Yawar Mallku”, así como del  incremento presupuestario al sistema Universitario Boliviano y de la creación de la Corporaciones de Desarrollo, que permitió la creación de una serie de empresas estatales y del Banco de Desarrollo, entonces con el nombre del Banco del Estado, pero no exento de tensionamiento político a pesar del protagonismo de la Central Obrera Boliviana y de la Asamblea del Pueblo.

Acontecimientos que a pesar de las fisuras en conjunto son una frenta a la misión del Pentágono y la Agencia de Inteligencia Central, responsable de advertir cualquier tipo de amenaza contra la seguridad estadounidense, a través de  operaciones encubiertas y acciones paramilitares y cuyos detalles fueron desclasificados hace algunos años para develar, por ejemplo, “… que el 8 de julio de 1971 la administración de Nixon se había reunido para definir una propuesta de la Agencia Central de Inteligencia CIA de entregar 140 mil dólares ($us.140.000.oo) a un grupo de políticos de oposición y lideres militares, para que derroquen al gobierno del presidente Juan José Torres”.

La información desclasificada da una serie de detalles de la ingerencia como el siguiente:  “Lo que necesitamos en realidad es un golpe en sí ¿no?”, dijo el ex subsecretario de Estado de EE.UU. Alexis Johnson, durante la reunión con el Comité de los 40 (un grupo de la rama ejecutiva del Gobierno de Nixon, presidido por Kissinger y encargado de la supervisión de operaciones encubiertas).

Y en ese entramado la conspiración y los andamiajes golpistas se extienden por distintos puntos del país dentro y fuera de los ámbitos castrenses, como lo registran documentos como los publicados por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia o del testimonio de Jorge Gallardo Lozada, entonces Ministro del Interior del Gobierno de Juan José Tórres, y que rememora las articulaciones entre el MNR y la Falange Socialista, con la instalación del principal comando subversivo en Santa Cruz en junio del 71 con Hugo Bánzer Suárez y Mario Gutiérrez Gutiérrez, junto a un “estado mayor militar” asentado en Santa Cruz de la Sierra y conformado por militares en servicio, además de varios dados de baja un año antes, con apoyo de sectores de la empresa privada y que posibilitaron una articulación con los comandantes de las distintas Divisiones de Ejército a lo largo del país, la Fuerza Aérea y toda una célula regional de la que forman parte activa dirigentes derechistas como Heberto Castedo, Gustavo Melgar  y  Widhem Razuk, bajo el mando de Carlos Valverde Barbery y en La Paz con el grupo de Antonio Anze Jimenez y Ambrosio García de la Falange Socialista 1.

Siguiendo  el relato de Jorge Gallardo Víctor Paz Estenssoro se incorpora al comando a través de sus delegados Ciro Humbold Barrero, Raúl Lema Peláez, Guillermo Bedregal y Carlos Serrate Reich, sin embargo, el comando conspirativo no está exento de tensiones y cismas, por ejemplo, se  revela que los empresarios privados desembolsaron trescientos mil dólares para comprar la lealtad de los principales jefes militares de unidades militares principalmente de La Paz y Santa Cruz, lo que derivó en tratos específicos de cuotas de poder y los consiguientes preacuerdos golpistas en los que se impuso el 60% de representación cruceña y el 40% para La Paz y el resto del país.

Gallardo puntualiza:  “Bánzer seguidor ferviente de las corrientes regionalistas de Mario Gutiérrez, había planeado para esa eventualidad (en caso de no contar con el apoyo de regimientos de La Paz) la conformación de un gobierno provisional que se haría fuerte e Santa Cruz inmediatamente lo reconocería el gobierno brasilero y el paraguayo para hacer viable la entrega por el primero de armas de todo calibre, artillería pesada, aviones, tanques y dinero mucho mayor que el que facilito por diversos medios aparte del aprovisionamiento en vituallas y alimentos  que podrían ser necesarios en vista de la insuficiencia logística en Santa Cruz, ya que se preveía que la contienda sería larga, que también habían planificado fríamente los estrategas antinacionales del fascismo asesorado por el imperialismo yanqui, era la proclamación de la autonomía republicana del departamento de Santa Cruz que, como es de presumir, estaría bajo la absoluta tutela de Brasil”.

La remembranza desgarradora del Ministro de Tórres devela “Esta tesis central, explicada de modo prepotente  y siniestro, la publicó en un documento desafiante el líder secesionista cruceño Mario Gutiérrez; en el que planeaba sin eufemismos, luego de un análisis geopolítico de la república boliviana, que «la gran nación camba oriental de Santa Cruz, Beni y Pando» debía mirar al naciente Atlántico como su única salida  natural de progreso y bienestar frente al occidente ‘colla’ del que debía segregarse no sólo por múltiples razones políticas y económicas, sino por tradiciones étnicas y culturales que obligaban a trazar una línea divisoria que escindiera al país en dos áreas independientemente influidas: la del Atlántico (Santa Cruz y el resto del oriente boliviano) y la del Pacífico (todos los pueblos del occidente patrio, quechuas y aimarás)”.

“Mario Gutiérrez es pues el más grande traidor a la patria boliviana, ya que propuso esa solución en forma cínica y abusiva como anticipo muy publicitado de lo que se tramó después en el alto comando subversivo presidido por Hugo Bánzer Suárez y secundado por Víctor Paz Estenssoro a través de su delegado personal e íntimo, Ciro Humbold Barrero; de este modo se identificaban con los apátridas derechistas que (…) pretendían dividir a Bolivia, sin tomar en cuenta en absoluto lo que opinarían todos los pueblos que integran la comunidad social, histórica y geográfica de Bolivia”, afirma el testimonio de Gallardo Lozada.

Y como registra la historia, días después Hugo Bánzer Suárez desde Santa Cruz de la Sierra comandaría uno de los golpes de estado  más crueles e infames de nuestra vida republicana y que irrumpió con la masacre contra jóvenes estudiantes indefensos en la Universidad Gabriel René Moreno y la Universidad Mayor de San Andrés, para extenderse inmediatamente a otros centros universitarios, a lo largo del Cerro de Laicacota, de las calles cruceñas o paceñas, en los centros mineros en una suerte de infierno apocalíptico que se prolongarían a lo largo e siete años y que se refuerzan con el Plan Cóndor y sus ejecuciones sumarias, desaparecidos y asesinatos políticos.

El drama desgarrado de una historia que queremos sepultar acallando las voces de cientos de madres, esposas, hijos e hijas y familiares  que cuarenta años después siguen esperando por justicia, suplicando por la desclasificación de los archivos militares para encontrar algún dato que les de un poco de consuelo para sepultar a casi un centenar de personas desaparecidas o para que se resarzan los años de dolor de miles de detenidos y exiliados, de dirigentes sindicales, mineros, obreros o estudiantiles; que fueron torturados y vejados junto a periodistas, campesinos, amas de casa, de sacerdotes que abrazaron la opción por los pobres o de todo aquel que se opusiese al mandato de —orden, paz y trabajo—.

Pero en ese azar trágico y desgarrado de la historia años después seríamos testigos de los charcos de sangre que se cruzaron, de las ausencias de memoria que sentaron juntos en la mesa de las decisiones de Palacio de Gobierno al verdugo y al hijo del condenado, asistimos al borramiento de las fronteras revolucionarias y las fascistas, pero todas y cada una de ellas apadrinadas, como registra la propia historia y la documentación desclasificada del Departamento de Estado Norteamericano, como entonces, por la Agencia Central de Inteligencia CIA y que adosadas por un puñado de monedas vendieron inmisericordemente  la dignidad de un pueblo… y aunque hayan transcurrido 40 años otras memorias emergen, nos recuerdan que si hoy transitamos por los senderos de la democracia la debemos a la memoria de quienes dieron su vida por este país.

Nos recuerdan que el proceso de cambio se gestó en esas luchas revolucionarias, en el valor y tenacidad de mujeres como Domitila Chungara,   junto a la figuras de otras históricas mujeres mineras como Aurora Villarroel de Lora,  Angélica Romero de Flores, Luzmila Rojas Rioja y Nelly Colque de Paniagua, cinco mujeres que con heroicismo extraordinario iniciaron el cerco a una de las más cruentas dictaduras de nuestra historia republicana y que quiso desmembrar el país con la Nación Camba, expoliando nuestros recursos naturales para beneficio de unos pocos privilegiados, en medio de esclavitudes modernas como la de poblaciones indígenas cautivas en grandes haciendas del oriente, aunque luego las jerarquías eclesiales las negaron, incluso traicionando la memoria de sus sacerdotes caídos en la opción por los pobres, historia de tragedias bajo el mandato fascista —orden paz y trabajo—, y que hoy aunque muchos prefieren olvidar, ocurrió hace 40 años en el fatídico 21 de agosto de 1971.

 

*     Feminista queer y periodista

1    Jorge Gallardo Lozada, “De Tórrez a Bánzer diez meses de emergencia en Bolivia”, Ediciones Periferia, Colección Estados Unidos y América Latina, 1972, Buenos Aires Argentina; Asamblea Permanente de Derechos Humanos en Bolivia, “Huelga de  Habre”, 1978, Bolivia y más de 100.000 documentos en www.google.com

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