octubre 30, 2020

Construir un nuevo modelo de vida

El desencuentro entre el gobierno y los indígenas de las tierras bajas respecto de la construcción del segundo tramo de la carretera que unirá Villa Tunari y San Ignacio de Moxos, debe conducir a debatir con la mayor profundidad, amplitud y honestidad la forma de cómo es posible encontrar una relación no conflictiva entre desarrollo y armonía con la naturaleza.

El lado positivo de este desencuentro —en el que hay muchos intereses políticos en juego de los que han logrado montarse sobre la legítima preocupación de los indígenas— es que obliga al gobierno y al conjunto de la sociedad civil ha encarar el debate de un aspecto central que se lo pensaba plena y totalmente resuelto y superado, lo cual al mismo tiempo dará la clave para construir un orden social radicalmente diferente de la forma de organización social basada en el valor de uso y cambio capitalistas.

Esa búsqueda de un nuevo sentido común que articule la necesidad de contar con una base material que sea el soporte del Estado Plurinacional y su horizonte socialista con el pleno respeto y preservación de la Madre Tierra, es el gran desafío que no será fácil de alcanzar pero que a la vez es la condición fundamental para construir un proyecto emancipador victorioso en el siglo XXI. No se trata de negar la importancia estratégica de aprovechar racionalmente los recursos naturales —renovables o no— para procurar acceso a la salud, educación y otros derechos humanos fundamentales. Pensar lo contrario sería tan irracional como irracional es la lógica depredadora y destructora del capital. Pero al mismo tiempo se trata de encontrar, con creatividad y generación de nuevos conocimientos, una forma no enajenada de dialogar con la naturaleza en la perspectiva de alimentarnos de sus fuentes de vida.

Para encontrar ese sentido común hay que, sin embargo, evitar cualquier unilateral visión del desarrollo, ya sea por la vía de su afirmación o su negación. En el primer escenario nos convertimos, sin desearlo, en parte de la maquinaria del capital que no respeta ninguna forma de vida. En el segundo escenario nos convertimos en unos idealistas y metafísicos que, también sin desearlo, aportamos a profundizar los peligros de desaparición del ser humano y de la propia naturaleza. Por ambos caminos el resultado es la muerte.

Por tanto, aislar a las lógicas plena y tardíamente desarrollistas, así como a los esencialismos medioambientalistas propios de la doble moral de sectores de los países del capitalismo central, es vital para avanzar hacia la articulación armoniosa entre desarrollo, integración y respecto a la Madre Tierra, lo cual en definitiva implica construir un nuevo modelo de vida en la que el desarrollo de las fuerzas productivas sea altamente compatible con la preservación del planeta. Esto implica aprovechar los recursos naturales para procurar vestido y alimento a los miles de millones de hambrientos que crecen cada día por efecto inevitable de la reproducción del capital, pero al mismo tiempo medidas para cuidar la fuente primaria de nuestra vida: la naturaleza.

Un primer paso, para desarrollistas y “pachamamistas” es reconocer que la Constitución Política del Estado plurinacional tiene mucho que aportarnos desde sus valores, principios y pluralidades.

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