octubre 21, 2020

Economistas y Economía ¿Estamos en las circunstancias y los caminos correctos?

Transcurrida la primera década del siglo XXI, continuamos con la problemática de la pobreza y la desigualdad, nos enredamos en ellas en las últimas décadas del siglo anterior y ahora estamos globalizados y aumentadas hasta límites difícilmente digeribles para preservar la paz en la denominada aldea global.

Frente a esta situación, el sistema económico neoliberal, muy vigente en nuestros tiempos y espacios, nos sigue haciendo creer que estos dos males dos males endémicos, pobreza y desigualdad, no son culpa del sistema capitalista global. La culpa la tienen los Estados por haberse inmiscuido demasiado en los asuntos del mercado y que los remedios que se buscan no pasan de ser simples paliativos pasajeros. El economista neoliberal Hayek, por ejemplo, dice que la justicia social carece de sentido.

La interrogante de mayor relevancia y que seguramente se hace la gente, continuamente es: ¿si los economistas piensan sin ética, sin justicia, sin la menor vergüenza de sus errores, qué nos depara el futuro puesto en la voluntad de sus hipótesis y afirmaciones?

Para el consuelo y la esperanza de los que se dieron cuenta de este comportamiento frió y calculador de los economistas, debemos decir que no siempre fue así y que no es regla generalizada, entre los actuales economistas, continuar con esas posiciones irresponsables, frías y sin ética.

Por ejemplo, la concepción ética que subyace a la noción de economistas clásicos importantes, que plantearos la competencia o concurrencia, se delata en la preocupación de estos, el problema de la gente, el problema social que la revolución industrial estaba generando ante sus observaciones. Adam Smith opinaba:

“Los sirvientes, obreros y trabajadores de diversas clases componen con mucho la mayoría de toda sociedad política desarrollada. Pero lo que mejora las condiciones de la mayoría nunca puede considerarse como un inconveniente para el conjunto. Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayoría de sus miembros son pobres y miserables”.

Robert Malthus muchas décadas después afirmaba:

“Si un país sólo puede ser rico por medio de una carrera de salarios bajos, yo estaría dispuesto a decir: abajo con esa riqueza”.

A los economistas actuales, sobre todo a los nuestros, estas frases, dichas por los que ustedes consideran los padres de su disciplina: ¿Les suenan, más o menos actual esas frases en el contexto actual?

Un poco de historia sobre la economía.

En el siglo XVIII, la sociedad inglesa fue testigo de un fenómeno económico y social, hasta ese momento desconocido en la historia, “una revolución industrial que a la vez que incrementa la riqueza de la nación multiplica el número de pobres e indigentes hasta unas cifras difícilmente soportables, tanto en términos ético y sociales como políticos para las clases dominantes. Y si el problema era tanto ético como político se requería una respuesta que abordara a un mismo tiempo los dos planos.

Esa respuesta vino de la mano de una forma específica y necesaria de reflexión, que permite el nacimiento de una nueva disciplina científica: la economía política.

El problema principal o el punto de partida inevitable, sin duda, era la existencia de una pobreza masiva, su carácter persistente: “decenio tras decenio el nivel de vida de los pobres trabajadores no mejoraba en absoluto, cuando no empeoraba”.

Pero también resultaba ser importante el camino, la manera de entender el problema y de cómo responder con las posibles soluciones. Parecía que lo más práctico era responder con acciones prácticas. Si el fenómeno era persistente a pesar del incremento de la riqueza y del “sistema de socorros” establecido por la Ley de Speenhamland de 1795 (ollas de pobres, asistencia de voluntarios para donar vestimentas a medio uso, construcción de albergues para la pernoctación de estos infelices, asistencia en salud, etc.), este comportamiento tenía unas causas ineludibles humanamente.

En tanto que los “cientistas” sociales, como los economistas, buscaban las causas y concluían que, estas, sólo podían de ser orden natural; la sociedad tenía que formar parte de la naturaleza. Y si la naturaleza física se hallaba regulada por leyes inquebrantables por el hombre, lo mismo habría de suceder en la sociedad. Sólo quedaba una cuestión: descubrir esas leyes al igual que Newton había descubierto las de la naturaleza física. Ese fue el objetivo del esfuerzo pensador del momento.

Si bien, las premisas naturalizadoras de lo social dieron su fruto. Su muestra más evidente fueron la Ley de la población de Malthus y la Ley de los rendimientos decrecientes de Ricardo, que “hacen de la fecundidad humana y de la fertilidad del suelo los elementos constitutivos del nuevo territorio cuya existencia ha sido descubierta”. La economía política aún estaba en sus inicios, tan nueva que su excesivo sometimiento a las ciencias naturales, le hacían llegar a este tipo de conclusiones: “Si hay pobres y su situación no mejora, nadie tenía la culpa y la política nada podía hacer; su existencia formaba parte de la naturaleza social ordenada”. Conclusión errada en la cual se basan las premisas de los actuales economistas neoliberales: “Esta es la base del neoliberalismo y de la afirmación de Hayek que ponía al principio”.

Por su puesto que la economía política tuvo avances muy importantes, sobre todo cuando los socialistas utópicos y el propio Karl Marx le dio un enfoque mucho más real, bajo la premisa de que: “la historia la hacen las sociedades y está en manos de ellas el cambiar las condiciones y circunstancias de su existencia futura”, dadas ciertas condiciones objetivas y subjetivas el ser humano puede tomar entre sus manos el destino de su propia existencia. Esta manera de ver las soluciones a los problemas que había causado el capitalismo no fue lo suficientemente difundida y debatida en los círculos de los economistas, seguidores de las falacias de los primeros economistas, aquellos que pedían resignación a los designios de la naturaleza.

A mediados de los años setenta se inicia una etapa dura en la historia del capitalismo mundial capas importantes de la población cada vez más numerosas contemplan cómo sus condiciones de trabajo y de vida se deterioran: el paro alcanza cifras políticamente insostenibles, el trabajo de quienes logran o mantienen un empleo se intensifica, la posibilidad de trazar un itinerario de vida y alcanzarlo se torna una utopía, la delincuencia —síntoma de descohesión social— no deja de crecer, países enteros ven cómo su economía —y con su economía sus condiciones de trabajo y de vida— se halla sometida a profundas crisis originadas por movimientos, al parecer “incontrolables”, de la especulación financiera mundial. La economía política pierde su amplitud y se queda como una técnica, a la cual se le denota, simplemente como “economía”.

Hay que recordar a los economistas actuales que, para una mejor comprensión de la economía y con ello una mejor comprensión de si estamos en el camino correcto o no es, la necesidad de retomar con mucha fuerza la economía política y que ésta no es una disciplina aislada y autónoma sino que se le puede aplicar la afirmación de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo, y mis circunstancias”.

Los actuales economistas bolivianos: ¿Se han puesto a pensar en las circunstancias que actualmente nos rodean?; ¿Se debate sobre las mismas en la aulas académicas? O seguimos especulando con problemas matemáticos irresolubles e inservibles y las curvas de indiferencia que hacen indiferentes a las futuras generaciones de economistas.

A la economía la rodean una serie de circunstancias que la condicionan inevitablemente. Kenneth Boulding lo resumió de la siguiente forma: “Los problemas económicos no tienen contornos bien delineados, se guían perceptiblemente por la política, por la sociología y por la ética, así como hay asuntos políticos, sociológicos o éticos igualmente derivados de posturas económicas”.

Dicho lo anterior, en este punto quiero dejar muy claro que esta modesta reflexión debe ser tomada como una autocrítica del gremio y no como una censura a los honorables colegas.

Be the first to comment

Deja un comentario