octubre 20, 2020

Proteger a la niñez, una obligación de todas y todos

Cuidar y proteger la integridad física de las y los niños, es una responsabilidad ineludible de toda la ciudadanía, toda vez que existen tratados internacionales y ratificaciones de parte del Estado boliviano, que buscan proteger a la niñez y la adolescencia de situaciones que pueden ponerlos en riesgo.

Es un hecho lamentable e inaceptable, desde todo punto de vista, la muerte de dos menores de edad en el contexto de la marcha, iniciada hace varios días por indígenas del Oriente boliviano, que busca frenar la construcción la carretera que pretende pasar por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).

Esta penosa situación debe llevarnos a una profunda reflexión sobre el valor que se le da a la vida, la propia y la ajena. Asistimos desde hace bastante tiempo a la deshumanización de nuestra sociedad, que cada vez más y de manera acentuada viene anteponiendo cualquier cosa por encima del valor supremo que es la vida, y que se hace evidente sobre todo en las movilizaciones y marchas, donde niños y niñas se ven involucrados y obligados por sus propios padres y madres, que de forma irresponsable los exponen a una serie de riesgos.

Más allá de toda consideración política sobre las demandas de los marchistas y las posiciones encontradas entre el gobierno y los grupos que defienden el Tipnis, no es posible admitir el hecho de utilizar a menores de edad en los conflictos y medidas, que suponen esfuerzos desmedidos, como caminatas prolongadas y en condiciones adversas, como tampoco utilizarlos “políticamente”, como se los está haciendo. Asimismo, las personas ancianas y mujeres embarazadas, si bien son adultas, son consideradas vulnerables, por lo que no se debería permitir su participación en este tipo de acciones.

Las instancias estatales encargadas de velar por la niñez y adolescencia, Unicef y el Defensor del Pueblo, entre otras, debieran incrementar sus esfuerzos para evitar que las personas que realicen acciones que vulneren los más elementales derechos de la niñez, como ser a la vida y a recibir protección, sean persuadidas y concientizadas, al menos sobre sus obligaciones. Si bien las protestas y movilizaciones se constituyen en un derecho constitucional de todas y todos, éste no nos da el derecho a violar los derechos de otros, más aún de los niños y las niñas que se encuentran en situación de indefensión. A lo que, sea de paso, se suma la necesidad imperiosa de comprender, aprender y ejercitar este nuestro derecho a la protesta, de manera pacífica y respetuosa de los derechos de los otros y otras.

Nos olvidamos con frecuencia que como ciudadanas y ciudadanos somos parte del ente llamado Estado, de modo tal que cuando se dice que un Estado es signatario de un tratado internacional, como ser la Convención de los Derechos de la Niñez, por ejemplo, quiere decir que Estado y sociedad civil están en la obligación de respetarlos, cumplirlos y hacerlos cumplir.

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