octubre 22, 2020

Fidel Surco, héroe nacional

“Cuando yo era joven…” como citamos las de la tercera edad al recordar los lejanos años 70, coreábamos “Fidel, Fidel”…. Ni siquiera se necesitaba agregar el apellido. Era un mensaje claramente partidario de la resistencia cubana al imperio; de la Nueva Trova, Silvio y Pablo entonces amigos; de la soñada Patria Latinoamericana; de la moda sencilla, de la austeridad casi religiosa y del mojito, ¡sin Coca-cola!

Los tiempos son diferentes. Los registros de este nuevo siglo en Bolivia tienen gamas absolutamente distintas. ¡El cambio ha llegado!, dirán los entusiastas. Los anticuados asistimos asombrados al avance seguro, lento pero sin pausas, del Estado ilegal que arrincona palmo a palmo al estado legal.

El más coherente representante de la nueva época es el intercultural Fidel Surco. Su biografía es compartida por la clase emergente, los nuevos ricos, antes conocidos como los arribistas. Un arquetipo que otros quisieran imitar, igualar.

Surco apareció como líder de los cercos a espacios de la antigua democracia republicana, como el Congreso Nacional. Comandó varios bloqueos, inclusive violentos y de hostigamiento, como en Santa Cruz de la Sierra. Se lo apodó “Fidel Cercos”.

Hasta hace unos meses, ingenua, contemplaba su accionar como del ala radical del oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS), distanciada de otros ministros y de las senadoras masistas intelectuales. En las últimas semanas, sobre todo en relación a la marcha indígena del norte y oriente, Fidel es la vanguardia, los demás lo secundan. Él, su hermano, su padre y toda la maquinaria desplegada desde Yucumo.

Fidel habla frases cortadas, sin engranar el verbo con el sujeto, con una larga hilera de adjetivos. Un reflejo del pensamiento primitivo, de la persona que prefiere la farra que el libro, la demagogia a la reflexión. Es el vocero mimado por la prensa estatal y por otros medios. Fidel siempre aparece rodeado de micrófonos. El nuevo héroe no es doctor en economía, no necesita leer o estudiar.

El parlamentario luce la nueva moda, la de los descolonizados, la nueva elegancia de chaqueta oscura, bordeada de aguayo, pantalón y zapatos lustrados. Transita en vehículos lujosos, propios o del Estado. Las normas de Tránsito no lo tocan. El es un superhéroe que puede manejar con altos índices de alcohol en la sangre. Nadie lo detendrá. Es más, falsos testimonios de la estructura administrativa lo apoyarán. Hechos que hasta hace poco eran vergonzosos, hoy son parte del relato heroico. Fidel gana a los uniformados, a los leguleyos.

Aunque hace algunos meses justificaba la propiedad de una empresa transportista como aporte de su cónyuge, se conoce que él y su familia tienen ese y otros ingresos en un territorio que pertenece a la otra señal de los tiempos, la cocalera. Colonizador, transportista, congresista, un paradigma del para-estado.

No faltó la historia de amor. Fue echado de su hogar por su mala mujer. El héroe lloró ante las cámaras. Mala esposa que no comprende su dimensión. ¿Cómo va a pedir pensión? El nuevo héroe nacional está por encima de las leyes neoliberales. ¡Aplausos y vítores! ¡Fidel, Fidel!

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