octubre 29, 2020

Descolonización, despatriarcalización y políticas públicas

por: Patricia Chávez *

Descolonizar y despatriarcalizar el Estado desde el mismo Estado, implica inicialmente cuestionar en los hechos los espacios de reconstitución del dominio que se hallan en las prácticas cotidianas del quehacer estatal.

Actualmente, la presencia de indígenas y de mujeres en el estado, es tomada como señal de “descolonización y despatriarcalización” de los espacios de poder. Se la entiende como potencialidad transformadora del estado, idea que no carece de fundamento si entendemos este hecho como un resultado de las luchas sociales de los años 2000-2005. Se ha proyectado la ocupación de los espacios estatales con la intención de utilizarlos no sólo como una palanca para la democratización y reforma de los mismos, sino como una plataforma de irradiación y apoyo de los procesos de lucha contra los núcleos de desigualdad capitalista, colonial y patriarcal, que se emprenden en el espacio social. Ahora se impone la necesidad de analizar estas presencias -la indígena y la de las mujeres-, y preguntarse por las implicaciones reales que tiene el “estar en el Estado” para las mismas.

Se puede partir de la premisa de que existen rupturas entre las representaciones estatales y los sectores sociales, y rupturas también entre los discursos oficiales y las prácticas de los actores gubernamentales. El Gasolinazo de diciembre de 2010, las movilizaciones de la COB en abril de este año y el conflicto en el TIPNIS, hablan ya no sólo de disputas en el seno del horizonte oficial, sino de contraposisicones con otro emergente de la frustración y el descontento. ¿Qué iniciativas o políticas públicas emancipatorias pueden surgir de una cada vez más alejada y elitizada representación estatal?, ¿qué procesos descolonizadores o despatriarcalizadores pueden emprender hombres y mujeres indígenas y populares en espacios que promueven y premian la subordinación? Si el Estado es un campo de luchas ¿cómo les está yendo a los sectores populares en las mismas?

Tras seis años de este proceso político se está en condiciones de diferenciar entre un gobierno con indígenas y mujeres y un gobierno de indígenas y mujeres. La asimilación a las estructuras y lógicas jerárquicas clasistas, coloniales y patriarcales del poder que aún persisten, es un riesgo constante, que puede terminar convirtiendo, paradójicamente, las intenciones descolonizadoras y despatriarcalizadoras en discursos vacíos que son contradichos por las prácticas y políticas públicas que muestran precisamente lo contrario.

En este sentido, descolonizar y despatriarcalizar el Estado desde el mismo Estado, implica inicialmente cuestionar en los hechos los espacios de reconstitución del dominio que se hallan en las prácticas cotidianas del quehacer estatal. La distribución de las tareas y la división del trabajo, el uso de los lugares de poder, las lógicas y disciplinamientos partidarios, la toma de decisiones, los lenguajes corporales y verbales, etc., siguen desarrollándose, como muestran las experiencias de muchos asambleístas y personeros estatales indígenas y mujeres, dentro de los marcos establecidos y señalados por el monopolio estatal del poder y de la reproducción del patriarcado, la colonialidad y el clasismo. Estas prácticas, por habituales y rutinarias, no son generalmente incluidas en ninguna reflexión sistemática de transformación de los espacios gubernamentales y terminan reconstruyendo y reproduciendo un sistema de silenciamientos y privilegios que en lugar de reformar los espacios de poder, reforman y acomodan a los representantes populares a la imagen y semejanza de los mecanismos de dominio.

En segundo lugar, la elaboración de políticas públicas debería basarse en una permanente relación de toma de decisiones entre los sectores sociales y quienes gobiernan, y no en medidas de reducción y sustitución de la participación social. De ahí que en los hechos la voluntad popular sea restringida a determinadas organizaciones de la sociedad, ésta a ciertas élites de dirigentes y actores económicos y políticos, y finalmente éstas a la voluntad de algunas autoridades gubernamentales. El ciclo insurreccional de la última década cuestionó precisamentente esa representación abstracta de los intereses de la colectividad, que se mostraba como mediación de los intereses generales y en realidad gestionaba los intereses particulares de los grupos en el poder. ¿No hay que preguntarse, entonces, qué significa un gobierno de los movimientos sociales?, ¿no es acaso la participación e intervención permanentes de los mismos en la elaboración de las estrategias políticas? En los hechos estamos frente a la ausencia de esta relación y ante el fin de la ilusión de dar por sentado que arribar al gobierno es sinónimo de transformarlo.

No se trata, entonces, sólo de estar presentes en el Estado, sino de establecer estrategias que eviten la alienación de los objetivos y la propia voz, y de cuestionar el mismo sentido del poder y sus dispositivos de reproducción de la dominación. De lo contrario los indígenas se encontrarán frente a una maquinaria que puede usurpar su discurso y su trayectoria histórica de luchas, para emprender políticas públicas que vayan en contra de sus horizontes, y las mujeres se encontrarán con la refuncionalización y supeditación de su participación, y con el hecho de que una asamblea legislativa plurinacional puede ser perfectamente pluripatriarcal, como lo muestra el hecho de que en las circunscripciones indígenas especiales actuales las titularidades son ejercidas por varones y las suplencias por mujeres.

Otro debate que está cobrando mayor relevancia es el que proponen quienes decidieron pensar la política desde los espacios sociales y no desde el horizonte estatal. Pensar desde este horizonte es hacerlo desde las necesidades de legitimidad y recreación del mismo, y el horizonte social (el de las luchas sociales) más bien se propone reflexionar y actuar desde las necesidades y proyectos emancipatorios de la sociedad. En el horizonte estatal, el Estado es parte de un sistema general de dominio que está dispuesto a ceder espacios y dejarse representar por indígenas, mujeres, obreros, etc. funcionales a dicho sistema, que no cuestionan ni de palabra ni de hecho las lógicas de desigualdad y opresión de género, clase y cultura. Es necesario, desde las luchas sociales establecer lugares, mecanismos, organizaciones, discursos y debates propios, en los que se pueda avanzar teórica y prácticamente en la construcción de una institucionalidad que no pase por la que domina actualmente.

*     Cientista Política

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