octubre 25, 2020

Santa Cruz de la Sierra: la de ayer… la de hoy

El desenlace de la Guerra del Chaco trasciende los resultados del enfrentamiento fratricida y constituye -dentro del marco del constitucionalismo social- el desarrollo moderno un Estado Boliviano que revisa geopolíticamente las posibilidades del oriente boliviano.

En ese contexto, la creación de YPFB y la confiscación de la Standard Oil, iniciaron un proceso de recomposición económica que proyectaba a la capital oriental como bastión del desarrollo nacional. Esta circunstancia se vio fortalecida por la Ley del 15 de julio de 1938 que estableció el derecho de los departamentos productores a percibir el 11% como Regalía por producción bruta de hidrocarburos en boca de pozo.

Por esos años, Santa Cruz era un pueblo pequeño, no había agua potable ni alcantarillado, la electricidad era insuficiente y pensar en instalar teléfonos o pavimentar sus arenosas calles resultaba desproporcionado. La precaria situación habría de prolongarse hasta cuando las potencialidades cruceñas empezaron vía el “Plan Bohan” en 1942. En ese marco, la construcción de los tramos ferroviarios a Brasil y Argentina contribuyeron a dinamizar la economía regional, y la construcción de la carretera asfaltada a Cochabamba permitió que los productos orientales inicien la conquista del mercado andino.

A su vez, la citada diversificación avasalló a la propia Santa Cruz, que vio cambiar el ritmo de sus días bajo el remodelamiento urbano urgido por el Plan Ivanissevich. Por ende, la tierra de Ñuflo de Chávez duplicó a fines de 1950 su población, llegando a 50.000 habitantes. Era solo el principio de un acelerado proceso migratorio destinado a cambiar la fisonomía de una ciudad que cincuenta años después cuenta con mas de un millón de habitantes.

No se puede dejar que mencionar la iniciativa de cruceñ@s que forjaron instituciones llamadas a desempeñar un rol igualmente decisivo que el estatal, a saber: Comité Pro-Santa Cruz, Unión Juvenil Cruceñista; Comité Cívico Femenino, Comité de Obras Públicas de Santa Cruz, CRE, COTAS, SAGUAPAC y otras.

Así, ora por presiones externas e internas en 1960 Santa Cruz comenzaba a gestar un desarrollo -que en pocos años- la llevaría a liderizar el sector agroindustrial, ganadero y forestal, que si bien empezó a crecer de forma sostenida y modesta al comenzar la década de los noventa; hoy, en los albores del siglo XXI es innegable que apuntala el aparato productivo y exportador boliviano.

Por otro lado, Santa Cruz muestra las peculiaridades previsibles de toda sociedad en formación, pero a pesar de los esfuerzos de la demagogia chauvinista, es una región que se opone a las prácticas majaderas de grupos racistas, secretos y prebéndales que echan mano de un supuesto civismo y que tienen por razón el tráfico de influencias para beneficiar a sus miembros.

En lo concerniente al análisis histórico regional cruceño, éste ha estado circunscrito a develar las luchas regionales frente a un Estado centralista que no tomó en cuenta a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y sus alrededores hasta 1952.

Seria irrisorio negar que la revolución nacional del 52 influyó en la interpretación del acontecer boliviano, priorizando lo popular y modificando la geografía socio-económica nacional; como a su vez, que la declinación de la explotación del estaño en los andes del país trae consigo la apertura hacia el oriente y, por consiguiente una reconfiguración de las balanzas de poder político-económico en las regiones.

Por otra parte, como no llevarla en mi, si he sido testigo de su crecimiento y evolución. Si fui cómplice de un acelerado proceso migratorio que cambió su fisonomía y, que -siguiendo el marco del constitucionalismo social del Estado moderno boliviano- revisó geopolíticamente las posibilidades del oriente boliviano y la proyecto como bastión del desarrollo productivo y exportador nacional.

Así en el pasado cercano, mas allá de lo corpóreo, en el poderoso habitad de los recuerdos, aprendí a quererla entre la polvareda de sus calles, jugué tuja de esconderse entre sus primeras losetas. Como no tener presente las tardes de verano junto al río Piray y las noches de precarnavaleras en El Caballito al son de una tamborita.

Como no mencionar que a esas coyunturales condicionantes bolivianas que impulsaban su desarrollo regional -de la mano de sectores agroindustriales, ganaderos y forestales-, las acompañaban la iniciativa de cruceños y cruceñas que forjaron instituciones llamadas a desempeñar un rol igualmente decisivo que el desempeñado por el Estado.

Santa Cruz es Ñuflo de Chávez, Elvira y Diego de Mendoza, Ignacio Warnes, Cañoto, el Colorao Mercado, Melchor Pinto, Gabriel René Moreno, Rául Otero Reiche, Noel Kempff, Gladys Moreno, Nicolas Menacho, Gissele Siaroni, Marco Etcheverry, Platini Sánchez, Oriente Petrolero, Guabira, Blooming y las Magnificas, entre tant@s otr@s.

Santa Cruz son los violines de Urubicha, la ambrosía, el culipi, la tinaja y la tutuma. Es caña, arroz, yuca, ganado, tranquera y pahuichi. Es carnaval, taquirari, vidita de los valles, chobena, música chaqueña y barroca chiquitana. Es toborochi, tajibo, gallito, bibosi y motacú. Es la lluvia torrencial, las ventoleras, los tierrales y el surazo. Es cuñape, biscocho, majadito, pan de arroz y masaco de plátano (yuca) con charque y chicharrón.

Nótese que en la actualidad, ante la sombra nostálgica de las aventuras e historias de mis antepasados y los modismos del Santa Cruz de antaño, la veo encauzada en un universo globalizante que siento que ha avasallado a la propia Santa Cruz, a esa mi ciudad que vio transformarse, casi como por encanto, el ritmo tranquilo de su vida.

Por encima de afectos, desafectos, adhesiones, oposiciones, convicciones ideológicas, intereses de clases socioeconómicas y otros, impera tener presente que la inmensa mayoría de cruceñ@s se identifica con valores democráticos y reivindican transparencia, concertación, participación, tolerancia, pluralismo, apertura, inclusión, equidad, igualdad y universalismo como expresión del sentir político regional.

Como también, es importante reconocer que la denominada tierra de oportunidades está siendo rebasada por un sin fin de necesidades básicas insatisfechas. Y, es que a veces parece olvidarse que Santa Cruz de la Sierra también es parte de Bolivia en la pobreza.

Finalmente, dejo para los días que están por venir el debate que sin duda suscita la viabilidad de la región cruceña como oposición al gobierno del MAS; la pertinencia de la presencia de las elites cruceñas políticas, cívicas y empresariales en la praxis del poder; y que mecanismos puede utilizar Santa Cruz para darse a conocer al país ya no como un proyecto excluyente, racista, colonial, excesivamente liberal y meramente empresarial, cualidades invalidan la penetración y hegemonía del discurso político cruceño a nivel nacional.

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