octubre 22, 2020

De la radio a la pregunta de Kant

El diálogo es fundamental, pero no sólo sobre el Tipnis sino sobre el Proceso de Cambio como tal, sus planes y proyecciones concretas, sus estrategias, la materialización posible de esperanzas y expectativas populares, el debate franco en base a datos transparentes.

Mañana del martes 26. Día posterior a la conferencia de prensa del Presidente. Voy como único invitado al programa radial que conduce una amiga. Comenzamos dialogando sobre las palabras del mandatario y reproducimos la grabación de una porción de su exposición. Manifestamos el repudio que nos produjo la represión de los y las marchistas.

Llama por teléfono y sale al aire el Oyente Uno, haciendo un panegírico del Proceso de Cambio e indicando a continuación que la radialista debería buscarse otra radioemisora, ya que esa “es propiedad del proceso” y allí no hay lugar para críticas.

Destaco la honestidad de la ex ministra Chacón, cuando dice “¡No así!” en su carta de renuncia. Subrayo su coherencia frente a las numerosas contradicciones públicas de diversos ministros y funcionarios en las últimas semanas.

Llama por teléfono y sale al aire el Oyente Dos y me conmina irritado a precisar cuándo y cómo dichos ministros han falseado la realidad. Seguidamente cita artículos del Código Penal y manifiesta que la represión se desató “para evitar males mayores”. La lógica que sustenta su argumentación me resulta familiar; la escuché durante años en boca de diversos gobiernos de casi todo el continente: es necesario golpear para que el mal no prospere. Podemos reemplazar golpear por perseguir-desaparecer-encarcelar-exiliar-torturar-apalear, etc. Podemos reemplazar mal por socialismo-comunismo-marxismo-protesta-teología de la liberación-igualitarismo-feminismo, etc. A los resultados de las diversas variantes sólo los diferenciará la dimensión del dolor y la cantidad de sangre vertida.

Más cerca nuestro, la lógica del Oyente Dos también se puede rastrear con relativa facilidad en despachos, artículos y notas de buena parte de los medios de comunicación estatales en el último mes, dedicados a montar una escenografía de desprecio, burlas, sospechas, acusaciones y criminalización al que sólo le faltaba el escarmiento represivo puro y duro. Este llegó, y sus imágenes, que se repetirán hasta la saciedad aquí y en los confines del mundo, acabarán por sensibilizar a ciudadanos indiferentes y harán dichosos a toda clase de dinosaurios. Lo que el mismísimo Presidente calificó como imperdonable, resulta natural y sano para el Oyente Dos, intoxicado por una estrategia comunicacional estatal que apuesta en general por la promoción del aplauso, la obsecuencia, la reiteración de consignas y la ausencia de análisis y pensamiento crítico. En el ámbito de la comunicación emancipadora hay aún una inmensa asignatura pendiente que no acaba de encontrar su cauce, y sólo atina a repetir, cambiándole el contenido, la estrategia de la mediocracia administrada por los grupos de poder tradicionales.

Pascua anticipada. Resucitan los muertos. Salen de sus cavernas los trogloditas cruceños y no sólo se proclaman primeros defensores de los derechos indígenas sino incluso guardianes de la naturaleza. Marchan, anuncian, se suman a protestas y huelgas de hambre, declaman. En la Plaza 24 de Septiembre pretenden incluso agregar la gigantografía de Branko Marincovic a una de las caminatas. Todo vale, y los mismos que hace apenas dos años pateaban y maldecían indígenas hoy los arrullan y les susurran promesas al oído. Algunos de entre los humillados caen en la trampa, sea por ingenuidad, por desesperación a fin de agregar aliados a cualquier costo, o por franca complicidad, contubernio y cálculo económico. Regalo del Cielo viabilizado por el Gobierno Central. Gran Paradoja Política: cuando los grupos de poder del oriente invirtieron enormes cantidades de dinero e incluso contrataron mercenarios, fueron derrotados. Hoy, con mínimas inversiones y sin disparar un solo tiro vuelven en triunfo. Atienden y llevan a la práctica la vieja máxima de Sun-Tzu: “Haz que tu propia fortaleza surja del enemigo…”.

Una de las cuatro grandes preguntas del clásico Lecciones de Lógica, de E. Kant, es “¿Qué nos cabe esperar?”. En nuestro país, y dadas las circunstancias, la interrogante se presenta como particularmente dramática. Tal y como hemos expresado en otras oportunidades en este mismo semanario, la crisis, según la hipótesis de Zavaleta, es el momento en el cual las cosas se muestran como son en realidad. El punto en el cual emergen trágicamente las deudas impagas. Una, explícita, visible y condenada de antemano a la frustración, está relacionada con la voluntad de encastrar modos, hábitos, estructuras, cultura administrativa y mecanismos del Estado tradicional con las nuevas formas de relacionamiento político y gobierno propuestas por la Constitución.

En su conferencia de prensa del día lunes 26, el Presidente mencionó, entre otras propuestas, la necesidad de abrir un diálogo nacional sobre el Tipnis. La invitación es oportuna y honesta, pero harto insuficiente si sopesamos el cariz que han ido tomando los acontecimientos. Ese diálogo es fundamental, pero no sólo sobre el Tipnis sino sobre el Proceso de Cambio como tal, sus planes y proyecciones concretas, sus estrategias, la materialización posible de esperanzas y expectativas populares, el debate franco en base a datos transparentes. Más allá de una sorprendente confianza gubernamental en la eficacia de las palabras como transformadoras automáticas de la realidad (Vivir Bien, Revolución democrática y cultural, mandar obedeciendo, etc.) existe el reto de reflexionar esos y otros conceptos colectivamente, y para eso es imprescindible la multiplicación, reconocimiento y respeto de espacios, así como la recepción de interlocutores; dos elementos que no pueden ser suplantados por actos o movilizaciones masivas, por más estimulantes que puedan parecer.

Lo anterior implica reconocer y asumir, con todas las consecuencias políticas, un principio claramente constitucionalizado y escasamente practicado: el de la democracia participativa y comunitaria. Es absolutamente real que su desarrollo implica tiempo, recursos, paciencia, voluntad, disposición y apertura, pero también es cierto que el ejercicio de todo lo anterior se perfila como la única base sólida y perdurable en estos días en los que nos sorprendemos a nosotros mismos dejando de lado las discusiones sobre la pomposa reconducción del proceso, para concentrarnos en su más elemental rescate.

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