octubre 27, 2020

Los desgarres dolorosos de la subalternidad y el poder

Dignidades arrebatadas

Cuerpos violentados

Miedos impuestos

Dolores obligados

Almas desgarradas

Vidas ninguneadas

… pero mujeres históricamente emancipadoras

El dolor, el desgarre, la subalternidad colonial que hace algo más de una década rompió el cántaro de la emancipación y esparció sus poderosos aromas libertarios que se tradujeron en un marco constitucional que les retornaba derechos conculcados hace siglos ha sido una profunda transgresión a los poderes patriarcales anclados en nuestras cotidianidades e institucionalidades y la de sus liderazgos.

Poderes patriarcales aterrados en los anclajes de esa memoria larga, que emerge con toda su vitalidad ante las amenazas de esas amazonas y cacicas milenarias que arremetieron valientemente ante los invasores de las alturas desde el incario, que resistieron a las invasiones de la cruz y la espada protegiendo el Gran Paitití, del otro Dorado, por más de una centuria antes de ser cruelmente exterminadas, para que los invasores extirpadores de idolatrías abriesen las rutas evangelizadoras de la subalternización y que se heredaron luego a los poderes republicanos, incluso hasta hoy… pero no se trató de una subalternización pasiva, configuró complejos mecanismos de resistencias creativas que les permitió emerger a lo largo de la historia y que se hicieron potentes y visibles principalmente desde hace algo más de 20 años marcando agendas nacionales e internacionales, “subalternidades cosmopolitas”.

Poderes patriarcales estatales desgarradoramente paradójicos en las miserias del dolor y en esferas de aparentes subalternidades, en la que tuvieron que enfrentar a mujeres que con la fuerza de su dignidad emancipatoria al grado de provocar la furia casi irracional de la violencia en distintos estamentos de los poderes, y lo más doloroso de lo servidores públicos subalternos, que sin duda entre esas mujeres reconocían a sus madres. hermanas y mujeres, quienes pedían la defensa de sus vidas, del parque que les da vida, del aire que respiran, de las aguas y las plantas que les alimentan, legados que se escondieron en la Loma Santa desde centurias y que desde tiempos inmemoriales les alertaba no solo contra las amenazas de las inundaciones o las crecidas de los ríos, sino también frente a otro tipo de cercos para cobijarles en su seno del dolor, el engaño o la muerte, en las densas espesuras del monte, como en el pasado.

Subalternidades cosmopolitas que como bien apunta Boaventura de Sousa Santo sólo piden el respeto a una legalidad por la que pelearon y de la que fueron protagonistas en el proceso constituyente con “prácticas contra-hegemónicas”, en movimientos vitales de resistencias contra un modelo desarrollista, extractivista, profundamente inserto en la globalización capitalista neoliberal, así como acciones pacíficas de lucha contra la exclusión social, el derecho a la consulta y el respeto a sus derechos conquistados.

Subalternidades que hace tan solo algunos años recuperaron la libertad de la servidumbre y el empadronamiento, gracias a la fuerza de sus propias demandas y a su propio coraje y que hoy también es arrebatado por quienes los subyugaron en los regímenes de hacienda, cómo si la historia no fuese suficiente espejo para comprender que hoy los derechos humanos e indígenas particularmente han sido expropiados por quienes se opusieron a la Constituyente, bloquearon sistemáticamente las voces de las líderes y lideresas del Pacto de Unidad, de quienes atizaron las brazas de la fragmentación nacional, conservadores y racistas que complotaron y complotan con retornar al poder con mayor legitimidad o alimentaron las compuertas de la espectacularización y manipulación mediática, justamente por las miopías de un poder contradictorio entre la discursividad básica y las cimientes de un modelo de desarrollo económico inmisericordemente extractivista, ajeno a los derechos de la Madre Tierra o del Vivir Bien.

Sin embargo los anclajes del patriarcado traducidos en los ropajes básicos aunque inmiseriordes del poder no puede siquiera imaginar en capitular ante la insolencia de mujeres e indígenas, porque su historia milenaria está inserta en cada molécula de las cimientes del dominio público o privado, de los controles de los cuerpos particularmente de las mujeres, de los hogares, de las vidas y obviamente de las instituciones, diversas pero que a lo largo de centurias evidenciaron su efectividad, legitimidad y poder, por ello que las interpelaciones que vivimos desde las auténticas guerreras y amazonas de las tierras bajas deben ser ejemplificadoras para afinar mecanismos de vigilancia y disciplinamiento, no sin que ello genere fisuras al interior de las distintas esferas del poder, faltas y excomulgaciones a la verdad, pecados casi mortales contra la democracia, ineficiencias en la gestión —de la cosa pública—, desiertos de nobleza estatal, pero solidaridades subversivas lúcidas de mujeres indígenas, sobre todo en las esferas de la resistencia, en medio de la subalternidad obligada.

Por ello que los servidores de las instituciones del orden hoy transitan con las amenazas del amotinamiento, mientras que los testaferros del poder, como canta Pedro Aznar, escoden las manos y los rostros de sus instructivos, materializando las paradojas de la subalternidad impuesta y las contundencias del poder patriarcal, profundamente colonial.

Ojalá los mandantes elegidos, como en las luchas libertarias de los siglos XVII o XVIII tuviesen el valor de comandar acciones en terreno, en las primeras líneas de la trinchera, comandando las acciones poniendo y el cuerpo y la vida, como lo hicieron en el pasado mujeres extraordinarias desde las subalternidades y resistencias creadoras como faros iluminadoras de la libertad, las guerreras amazonas de tierra bajas, Bartolina Sisa, Gregoria Apaza, Tomasa Tito Condemayta, Micaela Bastidas, la libertadora Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Cecilia Tupak Amaru, Manuela Tito Condori, Ventura Monjarra, las heroínas de la Coronilla, las mineras que lucharon contra la dictadura banzerista, casi todas abandonadas, algunas descuartizadas, otras vejadas, casi todas olvidadas y hoy las heroínas del Tipnis apostadas en las primeras líneas de la marcha, dejando a su paso los aromas emancipatorios frente al antiguo pero vigoroso patriarcado, por lo que las luchas seguirán siendo cuesta arriba, en medio de miserias, ingratitudes e infamias, como registra la historia…

*     Feminista queer y periodista

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