octubre 22, 2020

¿Qué fue el llamado Consenso de Washington?

El llamado consenso de Washington fue la respuesta neoliberal en procura de gestionar la crisis experimentada nuevamente en el capitalismo, en los años 70s del siglo pasado, por el elevado gasto militar con la intervención bélica de Estados Unidos en Vietnam que acentuó su déficit fiscal, el alza de los precios del petróleo y una otra “burbuja” financiera especulativa que revienta estrepitosamente en el ámbito de la economía internacional, ya entonces perversamente financiarizada, generando alta inflación y estancamiento económico (“estanflación”) con una suerte de circulación inorgánica del dólar por el mundo, acicateada cuando Nixon, entonces presidente de la potencia imperial del norte, declaró unilateralmente “flotante” al valor de esta divisa con respecto al de otras monedas fuertes de Europaoccidental y del yen japonés, mandando con ello al traste de basura al sistema constituido en Bretton Woods, de tipo de cambio fijo de las monedas nacionales vinculadas al dólar.

En ese contexto y en condiciones de una nueva ola de expansión capitalista en escala verdaderamente planetaria, se genera una crisis global similar a la que hoy por hoy viven los países europeos y EE.UU., aunque a diferencia de la actual, entonces si que afectó significativamente a las economías latino-americanas acrecentando su ya alto nivel de endeudamiento externo con el alza de las tasas de interés y la imposibilidad de re-financiarlo captando nuevos recursos del exterior, además de la caída del precio y el volumen demandado de las materias primas que mayoritariamente se exportaban a los países capitalistas del norte.

Analistas marxistas como Samir Amin enfatizan para la entonces crisis global, tanto la ruptura de los “estados del bienestar” y de los viejos paradigmas de desenvolvimiento económico en los países del centro capitalista, como de la llamada “síntesis neo clásica” y del keynesianismo, el quiebre del desarrollismo y agotamiento de los movimientos de liberación nacional que se dieron en los países periféricos, con mayor o menor consecuencia revolucionaria exceptuando como muy pocos a Cuba y, la desaparición tanto de la URSS como del bloque socialista, una suerte de capitalismo sin capitalistas siguiendo a dicho autor.

En esas condiciones surge el neoliberalismo planteado en el llamado “consenso de Washington”, que fue un acuerdo de economía política entre los gobiernos de los países del G-7, los organismos financieros internacionales (FMI y Banco Mundial, entre otros), expertos oficialistas en economía, eruditos, tecnócratas y banqueros, constituyéndose en respuesta del capital a la crisis global y a la caída generalizada de la tasa de ganancia. El “consenso” planteó un paquete de medidas para gestionar la crisis en los países desarrollados “recomendando” además a los países de la periferia, también inmersos en ella, “programas de ajuste estructural”.

El “consenso” se generó precisamente cuando los países centrales buscaron restaurar la acumulación del capital, garantizar nuevamente su reproducción ampliada en escala transnacional, elevar su tasa de rentabilidad venida a menos y continuar con ventaja su proceso de explotación del trabajo —depredación de la naturaleza— acumulación aún a costa de su propia población y por cierto, de los países periféricos recetados en pro de hacer “ajustes estructurales” que les permitiese superar la crisis y re-encontrar su “senda de crecimiento”, a imagen y semejanza de cómo habían crecido siglos antes las potencias imperiales pero con una abstracción a-histórica en sentido de que el desarrollo del norte significó el atraso y la dependencia del sur.

Ese ajuste más tarde o más temprano fue contractivo para todos nuestros países y una ofensiva global a nuestros pueblos, aunque se ejecutó presta y solícitamente por la gran mayoría de los gobiernos de los países de América Latina en los años 80s y 90s; en Chile tras el golpe de Pinochet (1973) y, en Bolivia en 1985 con el mentado decreto supremo 21060, asumiendo en general principalmente los siguientes rasgos distintivos:

  • Contracción del gasto público y control de la oferta monetaria testeando la tesis neoliberal (M. Friedman y A. Haberger) sobre la inflación que indicaba que esta es “siempre y en todo lugar” un fenómeno de orden monetario por exceso de liquidez.
  • Reducción de la demanda agregada y del consumo social, al contrario de lo que recomendaba el propio Keynes ya en la crisis capitalista de los años 30: inyectar recursos a la economía para generar mayor ingreso, capacidad de consumo e inversión que a su vez permitiese lograr y realizar más producción.
  • Retorno al viejo liberalismo de Adam Smith con el “dejar pasar y dejar hacer”, pero sólo a los agentes económicos, en rigor empresarios “grandes” y transnacionales moviéndose en un “libre mercado” del todo funcional al proceso capitalista de compra-venta de fuerza de trabajo y de mercancías en general, en aras de la acumulación.
  • Eliminación del Estado como promotor del desarrollo lo cual significó desmontaje y privatización de las empresas públicas, de la banca estatal y cuanto organismo hubiese para el fomento productivo y el desarrollo verdaderamente social, reduciendo el rol estatal al de un mero gendarme o policía súper-estructural de la economía capitalista. Con ello se negaba el papel estatal de planificar y movilizar a la nación en pro del cambio y del desarrollo social.
  • Apertura irrestricta al comercio internacional y políticas internas para liberalizar a la economía, que junto a las políticas de atracción y otorgación de incentivos legales e ilegales a la inversión extranjera, permitieron que el capital internacional para producción y/o especulación financiera, que mas daba, entrase y saliese como Pedro por su casa, sin restricción alguna a/desde los países periféricos, salvo el de su interés ganancioso, ampliando así la dependencia de éstos a la economía transnacional y reafirmando con perversión su rol económico primario-exportador, al menos en el caso boliviano.
  • Liberalización de los mercados dejando que los precios de las mercancías se muevan en función a su oferta y demanda coyunturales, incluyendo a la tasa de interés (mercado financiero) y al tipo de cambio (mercado cambiario), además de eliminar los subsidios a los alimentos y los “precios techo”.
  • Libre contratación de fuerza de trabajo aunada a la supresión de los beneficios sociales y derechos laborales de los trabajadores, dejando además que “flote” el salario según la oferta y la demanda en el mercado del trabajo.

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