octubre 21, 2020

La guerra de desgaste contra el movimiento zapatista en Chiapas

por: César Rojo// Adital/ Visiones Alternativas

Luego de 10 años de clandestinidad, en la madrugada del 1 de enero de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpe en la vida pública de México y el mundo. Miles de combatientes zapatistas, en su mayoría indígenas mayas, salieron de la selva y las montañas para decir: aquí estamos, ¡ya basta¡

«Somos producto de 500 años de luchas: primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de leyes de Reforma, y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros a los que se nos ha negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos”.

Estas fueron las palabras de la Primera Declaración de la Selva Lacandona. La misión de los insurgentes fue la toma de las principales cabeceras municipales de Chiapas. En todo momento, respetaron a la población civil. Luego de cumplir su objetivo militar y darse a conocer en la sociedad mexicana; los insurgentes se replegaron. Vino entonces la ofensiva del ejército federal. La guerra duró 12 días. Y fue detenida gracias a las movilizaciones de la sociedad civil en todo el país. ¡Alto a la guerra¡ Fue el grito de la gente en las calles.

El gobierno se vio obligado a declarar una ley de armisticio: una tregua militar, el respeto de las zonas de influencia zapatista y el inicio de los diálogos de concordia y pacificación. De ambas partes, hasta ahora, los únicos que han cumplido dicha ley han sido los insurgentes zapatistas, pero el gobierno la ha violado sistemáticamente desde el principio.

Contrainsurgencia y paramilitarismo en Chiapas

En noviembre de 1998, el Semanario Proceso, revista mexicana de información y análisis, publicó un reportaje acerca del plan que el ejército federal inició en Chiapas a raíz del levantamiento zapatista. En octubre de 1994, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) diseñó una estrategia contrainsurgente denominada Plan de Campaña Chiapas 94, que fue aplicada por la Séptima Región Militar con sede en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Dicho plan, obviamente nunca revelado a la opinión pública, tuvo que ser aprobado por el Presidente de la República, quien además de ser Jefe de Estado y de Gobierno, es Jefe de las Fuerzas Armadas. En aquel entonces, el Presidente era el señor Carlos Salinas de Gortari. Su sucesor, Ernesto Zedillo Ponce de León (ambos del Partido Revolucionario Institucional, el PRI), como lo explica el investigador Gilberto López y Rivas, entre otros autores, continuó con la aplicación del plan de contrainsurgencia en Chiapas.

El Plan de Campaña Chiapas 94 tenía el objetivo central de «destruir o desorganizar a las unidades regulares, comandos milicianos y guerrillas locales del EZLN”, asimismo señalaba: «no escatimar esfuerzos y recursos para destruir al Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI), cuartel general del EZLN”.

Como todo plan de contrainsurgencia, desarrollado por militares de Estados Unidos, y enseñado a militares de otros países como México (como lo indica el investigador Francisco Pineda), la estrategia es organizada a nivel militar, social y psicológico.

En este sentido, en el plano militar, el plan señalaba que los servicios de Inteligencia Militar debían «organizar secretamente a ciertos sectores de la población civil; entre otros a ganaderos, pequeños propietarios e individuos caracterizados con un alto sentido patriótico, quienes serán empleados en apoyo de nuestras operaciones”.

Es decir, en manos de instructores del ejército quedaba el «asesoramiento y apoyo de las fuerzas de autodefensa u otras organizaciones paramilitares”. De este modo, durante 1994, y en adelante, comenzaron a proliferar en Chiapas grupos paramilitares como Paz y Justicia, Los Chinchulines, Máscara Roja, Movimiento Insurgente Revolucionario Antizapatista, Fuerzas Armadas del Pueblo y Los Degolladores, entre otros.

A nivel social y psicológico, hay dos estrategias relevantes, por un lado, el objetivo de las operaciones psicológicas es destruir la voluntad de combatir del EZLN” y «ganar para el gobierno el apoyo de la población civil; por otro lado, «contrainformación”, y «(…) En coordinación con el gobierno del estado y otras autoridades, deberá aplicar la censura a los diferentes medios de difusión masiva”.

De esta manera, el ejército en conjunto con el gobierno del Estado de Chiapas iniciaron un «Plan de Desarrollo” de ayudas sociales (despensas, apoyos económicos, etcétera) para ganarse a la población. Y al mismo tiempo, a través de los medios de comunicación, se negaba la existencia de grupos paramilitares y se enfatizaban calumnias y mentiras contra el Ejército Zapatista, por ejemplo, que recibían apoyo militar y financiamiento del extranjero, que desestabilizaban al país o que era una narcoguerrilla.

En suma, tanto Carlos Salinas de Gortari como su sucesor, Ernesto Zedillo, silenciaron la existencia de El Plan de Campaña Chiapas 94, y mintieron al negar la existencia de grupos paramilitares en Chiapas, formados para destruir la base social y la estructura militar del EZLN.

De las consecuencias de dicho Plan, varios organismos de derechos humanos (como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas) han denunciado diversas atrocidades y abusos de los paramilitares contra simpatizantes y bases de apoyo zapatista (asesinatos, torturas, represión, intimidación, etcétera).

Algunos de los resultados funestos del Plan de Campaña Chiapas 94, ha sido, en febrero de 1995, la órdenes de aprehensión y persecución contra diversos miembros de la estructura del Ejército Zapatista. Objetivo que el gobierno no logró debido, de nuevo, a la movilización de la sociedad civil y la capacidad de resistencia de los insurgentes zapatistas. Lamentablemente, el 22 de diciembre de 1997, un grupo de paramilitares masacraron a 45 personas, simpatizantes del EZLN, en la comunidad de Acteal en Los Altos de Chiapas. El gobierno, mintiendo todo el tiempo, declaró que dicha tragedia se debió a un enfrentamiento interétnico; argumento que las autoridades oficiales no han dejado de usar para evadir su responsabilidad en la existencia de células paramilitares como estrategia de contrainsurgencia contra el Ejército Zapatista y sus bases de apoyo.

La contrainsurgencia en el «gobierno del cambio”

En el año 2000, el PRI pierde las elecciones presidenciales (luego de más de 70 años en el poder) y gana la derecha política en México, el Partido de Acción Nacional, el PAN. El panista Vicente Fox se convierte en el representante del «gobierno del cambio”, y como parte de sus promesas dijo que el problema en Chiapas los resolvería en quince minutos.

A leguas, otra mentira. Gilberto López y Ribas, entre otros autores, como Carlos Fazio, han revelado la existencia del documento Plan Chiapas 2000, un esquema de contrainsurgencia que sigue prácticamente las mismas líneas estratégicas del Plan de Campaña Chiapas 94.

La diferencia es que el Plan del gobierno de Vicente Fox puso mayor énfasis en una nueva política de comunicación y nuevas formas de apoyo social de tipo asistencialista. El propósito clave era quitarle al EZLN su legitimidad social y política, con base en el triunfo que había logrado el PAN en las elecciones presidenciales: a nivel político y mediático, en el imaginario social, era el «gobierno del cambio”.

Luego de Vicente Fox, el PAN se mantuvo en la presidencia (en medio de fuertes denuncias por fraude electoral y corrupción política). A partir de 2006, Felipe Calderón es el nuevo Presidente; su prioridad ha sido una política de «guerra contra el narcotráfico” que ha dado como resultado en una violencia sin precedentes en México, con alrededor de 50 mil personas asesinadas y desaparecidas, miles de ellas inocentes.

Hasta ahora, a diferencia de los sexenios anteriores, se desconoce los documentos relativos al trabajo militar aplicado en Chiapas. Pero, de acuerdo con las denuncias de los pueblos autónomos zapatistas, así como de los organismos de derechos humanos que trabajan en la zona, entre otras voces, la estrategia contrainsurgente sigue siendo la misma: nada ha cambiado.

De acuerdo con los comunicados de las autoridades y representantes bases de apoyo zapatista, las células paramilitares, en coordinación con el ejército y la seguridad pública, continúan atemorizando y generando conflicto entre los pueblos con influencia zapatista. La lista de denuncias es larga (pueden verse en: www.enlacezapatista.ezln.org.mx, y en: www.frayba.org.mx), la más reciente fue publicada el pasado 29 de septiembre:

«Compañeros y compañeras, hermanos y hermanas que han sabido escuchar Nuestras palabras y sentir de los sufrimientos que viven día a día nuestros pueblos por las acción de guerras cruel e inhumanos que hacen los gobiernos de los poderosos en contra de nuestros pueblos zapatistas, La Junta de Buen Gobierno Nueva Semilla que Va a Producir denunciamos con coraje y valentía las permanentes amenazas de muertes, masacres, robos, daños, destrozos y despojos que sufren y viven día a día nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo, hombres, mujeres, niños niñas de la comunidad de San Patricio Municipio Autónomo Rebelde Zapatista la Dignidad, dirigidos por los malos Gobiernos y sus intelectuales, ejecutados por sus grupos paramilitares Paz y Justicia incluidos el uciaf [sic, USIAF, Unión de Comunidades Indígenas Agropecuarias y Forestales]…. Que son los mismos que estuvieron operando en la zona norte de Chiapas en los años 95,96 y 97. Culpables de muchas muertes y desplazamiento de las comunidades de la zona. El grupo delictivo e invasor del terreno de nuestros compañeros que irrumpieron el pasado 10 de septiembre del presente año siguen causando actos de violación en contra de los bienes y pertenencias así como de su integridad física y moral de nuestras bases”.

Asimismo, tanto en el periodo de Vicente Fox como el de Felipe Calderón, no han faltado las mentiras y las calumnias divulgadas en los medios de comunicación contra miembros del Ejército Zapatista; por ejemplo, se ha buscado la confusión acerca de la identidad y el paradero del Subcomandante Marcos; los medios han difundido rumores de que Marcos ha asistido a «fiestas de izquierda” en Ciudad de México, que tenía cáncer de pulmón, y en otra ocasión el periódico de derecha Reforma (27 de marzo de 2010) publicó un noticia en la que supuestamente Marcos era un ciudadano italiano (Leuccio Rizzo, a quien señalaron como Marcos, en realidad es un activista solidario con los pueblos zapatistas), y que grupos europeos, algunos ligados a ETA, financian al EZLN. Obviamente, toda es una sarta de mentiras para confundir a la opinión pública.

Recientemente, el pasado 27 de septiembre, un periódico local de Chiapas (El Imparcial), difundió la noticia de que murió un integrante de la Comandancia del EZ. Hasta ahora ningún medio u organismo social serio ha confirmado esta noticia (tampoco ningún representante zapatista), y todo parece indicar que es otro rumor para confundir al público.

En conclusión, podemos observar que, luego de la ley de armisticio del 12 de enero de 1994 (para iniciar los diálogos de concordia y pacificación), el gobierno, a través del silencio y la mentira, se ha dedicado a traicionar, a perseguir e intentar de destruir al EZLN, así como a sus bases de apoyo, a través de un plan de contrainsurgencia de tres niveles, militar, social y psicológico, donde la formación de grupos paramilitares ha sido clave para tratar de eliminar el apoyo social que tiene el EZ entre los pueblos indígenas.

Guerra de desgaste o integral

En términos militares la contrainsurgencia se conoce como Guerra de Baja Intensidad, sin embargo algunos autores (Pau Pérez Sales, Cecilia Santiago Vera, Rafael Álvarez Díaz) prefieren hablar de guerra de desgaste o integral, ya que la primera es una frase de tipo eufemístico que semánticamente mitiga los efectos reales de la contrainsurgencia, es decir, estrategias que de modo integral, militar, político, económico y psicológico buscan eliminar «al enemigo”.

De este modo, una guerra de desgaste o integral como el que el gobierno mexicano aplica en Chiapas contra las comunidades zapatistas, no sólo es para destruir un grupo social, político y militar que estorba al sistema de gobierno imperante, sino también porque dicho grupo afecta a los intereses de tipo económico que el gobierno y empresarios, nacionales y extranjeros, tienen en Chiapas: una zona rica en madera fina, petróleo, tierras, minerales, ríos, etcétera.

A nivel internacional, como lo explica el investigador Francisco Pineda, el EZLN es un «grupo subversivo” que no gusta a los Estados Unidos, pues afecta a sus intereses geopolíticos. Según Pineda, a partir del presidente Richard Nixon, el gobierno estadounidense guarda un estricto control de los conflictos sociopolíticos de Latinoamérica, y todo movimiento social que se desarrolle fuera de los intereses de EU, debe ser eliminado. De allí el desarrollo de estrategias de contrainsurgencia por militares estadounidenses, que son aprendidas y aplicadas por militares latinoamericanos en sus países. El Plan de Campaña Chiapas 94 y el Plan Chiapas 2000, que el ejército federal mexicano aplica contra el EZLN y sus bases de apoyo, desde hace 17 años, son producto y confección made in USA.

La Resistencia Zapatista

A pesar de la guerra de desgaste que el gobierno mexicano ejerce contra el movimiento zapatista, el EZLN, luego de la ley de armisticio del 12 de enero de 1994, ha dejado de lado las armas para dar pie a la palabra. Durante 17 años de resistencia se ha dedicado a construir iniciativas sociales y políticas junto con la sociedad civil mexicana y de otros países, que se ha solidarizado con la lucha zapatista.

A nivel interno, el trabajo más importante ha sido la fundación de las Juntas de Buen Gobierno en el año 2003. El propósito central es poner práctica los derechos y cultura indígena, que el gobierno hasta ahora nunca ha reconocido oficialmente. Debido a esto, las comunidades zapatistas se organizaron para formar su propio gobierno autónomo, con su propio sistema de justicia, educación, salud y servicios públicos.

A nivel político-militar, la relación entre el EZLN y las bases de apoyo se modificó. Queda ahora en manos de las Juntas de Buen Gobierno, de naturaleza propiamente civil, tomar las decisiones. Lo explica así la Sexta Declaración de la Selva Lacandona: «vimos que el EZLN con su parte político-militar se estaba metiendo en las decisiones que le tocaban a las autoridades democráticas, como quien dice ‘civiles’. Y aquí el problema es que la parte político-militar del EZLN no es democrática, porque es un ejército, y vimos que no está bien eso de que está arriba lo militar y abajo lo democrático, porque no debe de ser que lo que es democrático se decida militarmente, sino que debe ser al revés: o sea que arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”.

No obstante la contrainsurgencia, el movimiento zapatista es un ejemplo de resistencia pacífica, de organización autónoma y trabajo colectivo, que nos demuestra la capacidad de los pueblos indígenas para sobrevivir en el medio de la hegemonía y explotación que significa hoy en día el capitalismo.

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