octubre 28, 2020

El líder indígena es y será el sujeto fundamental cuantas veces haya que encausar y re-impulsar el cambio: La unidad inseparable de Evo y el proceso

La sola llegada de Evo Morales a Palacio de Gobierno ha sido una revolución en sí misma. Hasta antes de ese 22 de enero de 2006 era difícilmente imaginable que un indio, pero sobre todo rebelde, asumiría la conducción de un Estado capitalista y colonial para empezar a recorrer un largo proceso de cambio, en condiciones bastantes complejas del mundo en el siglo XXI, con una perspectiva no capitalista.

Esta condición de posibilidad no existiría sin la confluencia, como pocas veces ocurre en la historia, de un creciente protagonismo colectivo de “los de abajo” y un liderazgo individual de un dirigente social que nunca dejó de luchar contra “los de arriba”. De ahí que cuando se dice proceso de cambio se dice Evo Morales y viceversa. Esa es una realidad objetiva que la derecha sabe y que una izquierda infantil no se atreve a reconocer. De ahí que la derecha apuesta a destruir a Evo Morales, para liquidar después esta histórica insurgencia social contra el sistema, para lo que cuenta con el apoyo —no oficialmente acordado— de una izquierda desubicada que se enajena así misma cuando piensa que proceso de cambio y liderazgo de Evo Morales no están inseparablemente unidos.

Por eso, el destino del proceso de cambio está vinculado al destino de Evo Morales y viceversa. Ambos se necesitan al haber constituido una unidad contradictoria porque se trata de dos sujetos —uno colectivo y otro individual— que no existirían sin esa convergencia que se produce pocas veces en la historia. Pero hay momentos en que se presentan conflictos entre ambos sujetos que amenazan la existencia del proceso pero al mismo tiempo que generan la oportunidad de re-crear, re-inventar y re-lanzar lo que se propuso construir. Las fuerzas del pasado presionarán para que la revolución se auto-destruya, las fuerzas del futuro apostarán por dotarse de mayor energía para re-emprender el camino hacia la emancipación.

Y, a pesar de lo que ha implicado esta ruptura del gobierno con los indígenas de las tierras bajas por sus posiciones diferentes frente a una carretera, existe la posibilidad real de restablecer las relaciones del presidente Morales con un bloque indígena-campesino-popular que para volver a ser tal, sin embargo, necesita también re-pensarse, salir de sus intereses particulares y corporativos para presentarse como la encarnación de lo universal.

El jefe del Estado plurinacional, cuya grandeza y modestia revolucionaria se ha observado hace varios días al pedir perdón por la violenta intervención policial de la que fue objeto la marcha indígena, cuenta con la suficiente experiencia y la inteligencia necesaria para tomar iniciativas y medidas que salven al proceso del peligro de la reversión y, por tanto, se salve así mismo de los efectos de una estrategia imperial que se desata en su contra de manera sistemática e implacable.

Evo Morales tiene la suficiente experiencia e inteligencia para saber que la fuente de su poder —que es la objetivación del poder del pueblo—, es su estrecha relación con ese bloque indígena-campesino-popular y con el cual debe establecer una nueva manera de coordinar las difíciles tareas de una revolución que, sin desconocer los problemas que enfrenta, es un ejemplo para el mundo.

Evo tiene la suficiente humildad y fortaleza para alejarse de las tentaciones aislacionistas del poder burgués —que solo desaparecerá cuando las condiciones materiales de su reproducción sean eliminadas— y seguir por el camino de “mandar obedeciendo” cuando la voluntad de sus mandantes al mismo tiempo esté alejada de los intereses mezquinos y particulares.

Evo es y seguirá siendo el líder para encausar y re-encausar cuantas veces sea necesario el proceso de cambio, cuya existencia no es solo vital para Bolivia sino para la América Latina toda.

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