octubre 24, 2021

El ayer, el hoy y el mañana deseable del proceso de cambio en Bolivia

Los hechos históricos trascendentales previos al Gobierno de Evo

En el nuevo siglo, tres hitos marcaron el proceso previo a la asunción de gobierno de Evo Morales: el cerco de La Paz, la guerra del agua y la guerra del gas. Los denominadores de estos tres hitos fueron: a) la organización desde las bases, con una alta dosis de espontaneísmo pero también con claros objetivos tácticos. b) La ausencia de vanguardias políticas tradicionales; c) La presencia de caudillos y líderes naturales dirigiendo estos eventos; d) las alianzas tácticas, entre “los que no se lavan” junto a sectores clase-medieros democráticos en torno a objetivos circunstanciales y/o reivindicaciones estructurales. e) La acción permanente de las FFAA republicanas, que no tenían óbice alguno para reprimir al pueblo.

Marco estos tres hitos, entre otros muchos acontecimientos en esta corta coyuntura de tres años (2000-2003), porque estos fueron los momentos de fusión y articulación de intereses de las organizaciones sociales, para constituir un movimiento social que devino en la consolidación del Pacto de Unidad.

El Pacto fue el organizador y la Agenda de Octubre el programa, cimiento y basamento de la construcción de poder en torno a Evo Morales, líder de otro movimiento, constituido por las seis federaciones de cocaleros del trópico de Cochabamba, quienes venían acumulando fuerza política y sufriendo represión militar, también con muchas bajas, resultado de sus confrontaciones con el poder neoliberal.

Del ser gobierno y el Primer Gabinete de Evo

La unidad de las organizaciones sociales y sus actores y caudillos, produce el gobierno de Evo. Unidad es la consigna para cerrar filas ante el neoliberalismo y sus tradicionales gestores políticos. Unidad es la expresión de sabiduría popular y consigna para conseguir siete triunfos electorales. Unidad hace posible concluir la Asamblea Constituyente y fundar el Estado Plurinacional de Bolivia. Unidad permite derrotar los intentos cesionistas de la Media Luna. Unidad es la consigna que convoca a las clases medias a ser parte del proceso.

Esta unidad tenía como correlato la articulación de un equipo de gobierno, esencialmente político. Este gabinete histórico, será recordado como el organizador colectivo que daba orientación y sentido a un proceso que producía transformaciones estructurales dentro una democracia radical/extrema.

Hacía posible la inclusión de indígenas y campesindios, así como también vigilaba los procesos de recuperación de los bienes estratégicos a los intereses del nuevo Estado Plurinacional.

Al final de esta fase se mostraron algunos rasgos de intereses particulares que desportillaban la unidad lograda.

Los indígenas del oriente fueron desplazados por sectores de clase media también de origen oriental, con fuertes aspiraciones empresariales; intelectuales orgánicos fueron acallados por dirigentes de los nuevos organismos en función de poder, que no permitían cuestionamientos a sus decisiones; dirigentes indígenas de occidente, se confrontaron con dirigentes campesindios también de occidente, ligados a una lógica de mercado. Las clases medias que habían sido seducidas por las propuestas de cambio, no se sintieron incluidas y paulatinamente fueron virando para caer nuevamente en brazos de sus antiguos aliados: las derechas democrática y conservadora.

En este mismo período, una camada de recién llegados al MAS, y que vienen de viejas estructuras políticas de partidos tradicionales, de izquierda y derecha dicen adscribirse al proceso de cambio. Por su conocimiento tecnoburocrático, subyugan a los nuevos servidores públicos en muchos casos sin experiencia en el manejo estatal.

Quienes no sufrieron crisis fueron las organizaciones con estructura sindical: cocaleros, campesinos y campesinas, “colonizadores” (denominados interculturales), se asentaron como los factores de poder del gobierno de Evo.

Al final de este período, los movimientos sociales, se des-estructuraron como movimientos, para volver a ser organizaciones sociales con reivindicaciones propias y en muchos casos contradictorias a las de sus anteriores aliados del movimiento social.

En ese momento ya se confirmaba la fragilidad de gobernar asentado en los movimientos sociales, que por su naturaleza coyuntural, una vez conseguidos sus objetivos, se disuelven para constituir otros movimientos sociales, con otros actores también coyunturales para sus nuevos objetivos.

Estas fisuras y soldaduras coexistiendo al mismo tiempo, producen nuevas correlaciones de fuerza, que sumadas a la necesidad de gestión de gobierno con resultados, devinieron en la necesidad de cambios que llegaron a la estructuración de un segundo gabinete, de corte más tecnoburocrático.

El segundo gabinete y sus pulsiones de desarrollo y modernización

 

 

Es evidente que el período del segundo gabinete se incorpora a más dirigentes de organizaciones sociales en la gestión pública, en el presupuesto que el control social dará velocidad a la gestión pública.

También es evidente que el gabinete económico cierra filas en torno a una visión de desarrollo orientada a la modernización en los marcos del Capitalismo de Estado.

En este período, parece que la fuerza del gabinete está en la gestión y sus resultados dejando postergada la discusión política del Proceso de Cambio.

Sin embargo esta resulta una combinación explosiva porque en la práctica la gestión se ve dificultada por la inexperiencia de los nuevos gestores, el empoderamiento de los viejos conocedores del aparato del Estado convertidos al masismo, la ausencia de debate político interno y sobre todo por la ausencia de debate de qué tipo de patrón de acumulación y redistribución deseamos los gestores del proceso de cambio.

Si bien, hasta el primer gabinete el Plan Nacional de Desarrollo daba las pautas de materialización del nuevo Estado Plurinacional, para el segundo gabinete, se pierde esa dimensión y se producen propuestas de menor alcance y ausencia de planificación global, que pautee las decisiones de política pública.

En ese contexto, se sectorializa el Estado y empiezan, en nombre de la capacidad de gestión, a aparecer proyectos que supuestamente modernizaran nuestra economía y Estado.

Las revolucionarias propuestas de la CEPAL de los años 60-70 parecen resucitar y cobrar vida, como no lo hicieran en el período del nacionalismo revolucionario y el capitalismo de Estado.

En estas condiciones, el sentido de orientación hacia el socialismo comunitario, parece difuminarse para dar paso a acciones de capitalismo de estado que bien podrían discurrir y orientar un proceso de corte nacionalista y revolucionario de nuevo tipo, que forme una burguesía mestiza, cambiando todo para no cambiar nada.

Es en este momento donde parece estancarse el proceso y mostrar fisuras en el bloque social en el poder, por intereses sectoriales que se tornan contradictorios y excluyentes que develan los horizontes de los actores.

El caudillismo ensancha su poder de acción ante el desborde y desorden que producen las contradicciones. La lógica del amigo o enemigo se impone. Se menosprecian las alianzas y se pretenden construir hegemonías carentes de adscripción al proyecto político socialista comunitario.

Todo lo expresado no desmerece los logros y avances logrados, sobre todo en el espacio simbólico y superestructural logrados en este período. No quepa duda de su alcance de radicalización democrática en el marco de la revolución democrática y cultural.

El mañana deseable para el proceso

 

 

La praxis política boliviana, demuestra que la toma del poder puede tener como soporte a los movimientos sociales, pero la duración temporal de las alianzas que estos implican, no garantizan ser soporte de la gestión de gobierno.

Es preciso identificar a aquellas organizaciones sociales y políticas que manifiestan su adscripción al proyecto socialista comunitario y fortalecer esa relación. Paralelamente diseñar políticas de alianzas tanto coyunturales como estratégicas que permitan un reconstituir un concepto de unidad en el proceso.

La gestión de gobierno, precisa de un organismo político colectivo (llámese partido o el nombre que se quiera), orientador y tomador de decisiones, que caminando un paso delante de los organismos sociales y sus bases, oriente y de sentido a cada uno de los actos de gobierno.

También resulta imprescindible, discutir el patrón de acumulación y redistribución que deseamos adoptar, dilucidando el debate sobre el desarrollo en el marco del capitalismo de estado y orientándolo hacia el socialismo comunitario.

Como consecuencia de ello, es importante retomar como un factor determinante la planificación económica y la orientación de la economía política, rompiendo los moldes estructuralistas hasta ahora presentes en la toma de decisiones y la elaboración de la agenda económica del Estado Plurinacional.

Sin duda, abrir el debate político resultará saludable y permitirá airear el proceso político interno. Que sea el debate el que identifique los intereses de quienes lo proponen y no sea la tacha interesada en la lógica de estás conmigo o estás contra mí, la que defina quienes son integrantes, aliados, amigos y de los otros.

No olvidar que las fuerzas armadas y policía fueron y son un factor de poder y que no son monolíticas en su interior. En su seno, se pueden estar —como ya lo demostraron— forjando futuros proyectos de cuestionamiento del poder.

Y finalmente, recuperar el pensamiento indígena, desde su método y proyecciones, para dar consistencia conceptual, social, económica, política y cultural al VIVIR BIEN, como destino revolucionario de este proceso, que pudiendo producir un modelo alternativo al de la modernidad, puede llegar a truncarse para producir una nueva reforma.

Día de los difuntos de 2011

*          Benemérito de la Utopía

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