junio 22, 2021

Camila Vallejo, Karl Marx se debe equivocar: ¡Chile no puede acabar como el fracaso del Mayo del 68!

El movimiento estudiantil chileno inició las protestas por una educación gratuita el pasado mes de abril, pero la inserción a las movilizaciones de otros actores sociales hizo crecer la demanda exigiendo una Nueva Constitución y poniendo en jaque el sistema neoliberal

Karl Marx, haciendo alusiones al filósofo alemán Friedrich Hegel, en una de las obras de su juventud como periodista, “El 18 Brumario de Luís Bonaparte”, subscribió que “la historia se repite dos veces, una como tragedia y otro como comedia”, haciendo referencia que Napoleón fue la tragedia y su sobrino, Napoleón III, la risa. Pero, también esta historia puede ser repetida en dos estados diferentes, Francia y Chile.

El símbolo chovinista francés en la II Guerra Mundial, el militar Charles de Gaulle, en un momento de desestabilización política por las luchas de la independencia del pueblo argelino fue nombrado Presidente de Francia en 1958 y fundó la V República reafirmando la soberanía francesa en plena Guerra Fría. Justo una década mas tarde estalló en Francia el Mayo del 1968. Jóvenes estudiantes de izquierdas que no vivieron la II Guerra Mundial, la mayoría pertenecientes al movimiento hippie, lideraron la protesta contra el nacimiento de una sociedad de consumo que generaba grandes desigualdades, movilizaciones que fueron apoyadas por millones de obreros industriales que empezaban a sufrir heridas económicas por los primeros síntomas de la crisis del modelo keynesiano. De Gaulle quiso reedificar su prestigio convocando un referéndum de proyecto de reforma constitucional pero la derrota dirigió su trágica dimisión.

Viajando más de 40 posteriores años a un país del pacífico, desde el pasado mes de abril los estudiantes universitarios chilenos, que la mayoría no tuvieron uso de razón durante la dictadura de Augusto Pinochet, iniciaron movilizaciones a favor de una educación gratuita y de calidad para romper con el modelo neoliberal que impuso Pinochet con los efectos actuales de que un estudiante mediante créditos bancarios paga una media de 300 euros al mes para poder estudiar. Las protestas se solidificaron, saliendo a la calle no solamente miles de estudiantes sino también profesores y otros trabajadores en el momento que el presidente conservador Sebastián Piñera pronunciaba en el mes de mayo en el Discurso a la Nación el balance anual dictando crecimientos económicos. Unos datos que no reflejaban la realidad de toda la sociedad chilena, llena de servicios privatizados como educación y salud, puesto que el indicador del descontento crecía con manifestaciones masivas, 300.000 personas en las calles el 30 de junio, o 500.000 el 9 de agosto. Unas movilizaciones que a pesar de ser fundadas por los estudiantes empezaban a tener un carácter mas allá de la educación, al mismo tiempo que Piñera, otro vez, en su discurso en la Asamblea General de la onU, el pasado mes de septiembre, continuaba provocando al tergiversar la realidad subrayando que “la economía chilena ha obtenido un crecimiento de 6% del PIB” —mientras Chile es el segundo país más desigual de América del Sur según el PNUD—, que su gobierno “pretende garantizar una educación gratuita para quien la necesita” —mientras que el 70% de los estudiantes se endeudan—, que “las luchas de los estudiantes son un ejemplo de buena salud de la democracia” – mientras el Presidente se ha negado a cualquier negociación y ha apoyado que las movilizaciones fuesen reprimidas duramente por los carabineros con resultados de muchas detenciones de estudiantes. La comedia de Piñera en lugar de hacer risas ha enfurecido al pueblo chileno llegando a un punto culminante, la huelga nacional que convocó para el 23 y 34 de octubre el sindicato de la Central Unitaria de Trabajadores y 80 organizaciones más, no solamente para apoyar a los estudiantes sino para protestar contra las pésimas condiciones laborales del sistema neoliberal.

Las primeras voces que parecían que nacían de unos jóvenes estudiantes locos a favor de educación publica e inspirados en libros de una ideología “caduca”, el marxismo, como podría reflejar Camila Vallejo, la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile al ser militante de las Juventudes Comunistas, ha puesto en jaque al gobierno de Piñera y al mismo sistema neoliberal chileno con la suma de diferentes actores populares pidiendo una nueva Asamblea Constituyente para romper con la actual Constitución impuesta por Pinochet al 1980.

El jueves 20 de octubre un grupo de representantes de varios movimientos, estudiantes, ecologistas, feministas, y otras organizaciones sociales, ocuparon el antiguo Congreso Nacional en Santiago de Chile durante 8 horas exigiendo a parlamentarios un plebiscito para reformar la Constitución y para que el pueblo asuma la soberanía construyendo su propia Carta Magna y no impuesta por un dictador. Rápidamente los carabineros detuvieron a los manifestantes por desacato. Las palabras de Piñera en la ONU sobre el fortalecimiento de la democracia chilena eran una comedia mas.

El líder estudiantil de Mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit, que llegó a ser una joven imagen de la izquierda revolucionaría mundial actualmente es europarlamentario del grupo ecosocialista por Alemania y ha sido parte del apoyo europeo a la invasión en Libia por los intereses del mercado petrolero. Esperamos que Camila Vallejo, que según el diario 20 Minutos supera en popularidad a Piñera en un 40% 1, no acabe siendo absorbida por el sistema capitalista, y así podamos decir que a pesar de acertar en la tragedia de De Gaulle y en la comedia de Piñera, en este caso si te has equivocado Marx, la historia del exlíder estudiantil Cohn-Bendit es fracaso pero la de Camila una victoria.

1          http://www.20minutos.es/noticia/1183217/0/camila-vallejo/lider-estudiantes/chile/

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