octubre 23, 2021

Participación social y un nuevo poder

El 12, 13 y 14 de diciembre, una Cumbre Social convocada por el gobierno reflexionará y tomará decisiones sobre 10 temas, considerados centrales, en la perspectiva de construir colectivamente una agenda con sentido universal que aporte a la edificación del Estado Plurinacional.

La cumbre, de la que todavía no se tiene conocimiento sobre sus participantes y la metodología que seguirá, se presenta como un escenario oportuno para precisar el nuevo modelo de desarrollo que está consagrado en la Constitución Política del Estado, cuya unilateral interpretación de algunos sectores ha provocado tensiones entre el Estado —en sus diferentes niveles— y la sociedad.

Pero también este encuentro es una plataforma, más que pertinente, para discutir y tomar decisiones respecto de la aplicación de la participación y el control social que también se encuentran establecidos en la nCPE y que en realidad es la concretización de la pluralidad política y democrática constitucionalizadas.

Han pasado casi dos años de una relación de correspondencia no armoniosa entre el Estado y la sociedad, particularmente entre el gobierno plurinacional y los movimientos sociales, lo que ha provocado un desencuentro que favorece los planes de una minoría activa que está contra el proceso de cambio, pero que se refugia en su discurso, para avanzar en su perspectiva desestabilizadora.

A tres años de las elecciones generales, nunca tan importante como ahora, hacer de la Cumbre Social el lugar y el momento para restablecer una relación de correspondencia armoniosa entre el gobierno y la mayor parte de la sociedad. Así lo ha entendido el Pacto de Unidad en su reunión de Sucre, cuando propuso la creación de una instancia de deliberación en la elaboración de las políticas públicas.

El encuentro nacional, por tanto, debe dar respuestas a expectativas concretas en el ámbito de la economía, pero desde una perspectiva general y no particular. No se trata de hacer un inventario de demandas corporativas y sectoriales que no ayudan a caminar en la misma dirección.

Pero también la Cumbre Social debe abrir el espacio concreto para que la gente participe, delibere y haga propuestas para profundizar el proceso de cambio. Un poder radicalmente diferente del que hemos tenido a lo largo de nuestra historia de capitalismo y colonialidad, pasa por un nuevo tipo de articulación entre el Estado y el pueblo, que no es otra cosa que ir avanzando en la negación de un principio de la modernidad: la separación entre sociedad política y sociedad civil. Solo así podrá sentarse bases firmes para el Vivir Bien o el socialismo comunitario como horizonte emancipador.

La revolución, para ser tal, debe tener mecanismos para que la gente se apropie permanentemente de ella, porque en definitiva es la creadora de ella. El presidente Evo Morales sabe del poder que tiene el pueblo para abrir caminos como el que estamos transitando y nadie como él tiene conciencia de que el proceso será indestructible —a pesar de sus bajadas temporales— en la medida que la inmensa mayoría de la población participe activamente en la difícil misión histórica de alcanzar su emancipación.

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