septiembre 22, 2021

Cumbre social para superar la desaceleración

El proceso de cambio, de la mano de sus conductores (gobierno y los movimientos sociales que fueron sus principales constructores), tiene grandes desafíos que encarar en el Primer Encuentro Plurinacional: retomar la iniciativa, recomponer el núcleo hegemónico, emprender una nueva aceleración y ampliar su influencia incorporando líneas de acción a favor de otros sectores. En síntesis, recuperar una mirada universal.

Las metas a alcanzar no son del todo fáciles, pero tampoco imposibles debido a la experiencia acumulada, la capacidad del presidente Evo Morales y la fortaleza de los sectores sociales que hicieron posible abrir una condición de posibilidad emancipadora. Todo dependerá de la valoración precisa de la coyuntura, de la buena identificación de los intereses de los actores y de los desplazamientos que se producen.

El gobierno debe tomar medidas para romper esa construcción mediática que pretende presentarlo como distanciado de su base social y “cada vez menos revolucionario y cada vez más parte de lo mismo”. Para eso debe dar señales claras de que el poder político lo tiene el bloque indígena campesino popular y no una nueva burguesía burocrática de Estado, además de una clase dominante de origen aymara. Junto a eso, sin necesidad de ideologizar el discurso, también debe ratificar el horizonte emancipador que se abre a partir de la aplicación de la nueva Constitución Política del Estado. Es decir, retomar las banderas del Socialismo Comunitario del Vivir Bien y la ruta crítica o las características del período de transición.

Los movimientos sociales, principalmente campesinos, están obligados a recobrar una mirada universal y no particular, a incorporar los intereses de los trabajadores y de los indígenas de las tierras bajas que, por decisión de sus dirigentes (COB y CIDOB), no participarán del debate nacional. Pero además, los campesinos, las comunidades interculturales y las “bartolinas” -el núcleo duro-, deben dar señales claras de su compromiso con la desmercantilización de la política, la humildad revolucionaria, la descorporativización en el ejercicio del poder y su capacidad de conducción.

Asimismo, tanto gobierno y esos movimientos sociales deben redefinir los términos de su relación por la vía de encontrar espacios de construcción de políticas públicas, lo cual implica poner en marcha la participación y el control social establecidos en la Constitución. Para eso, gobiernos/movimientos sociales deben restablecer una relación de correspondencia armoniosa que supere los desencuentros registrados en cerca de dos años.

Las revoluciones se construyen “desde arriba” y “desde abajo”, lo que finalmente es asumir su condición de clase dominante, pero al mismo tiempo construyendo las bases materiales de su propio proceso de extinción y en la perspectiva de una sociedad con plenos derechos y oportunidades para todos. Para eso, debe transformar la estructura económica-social y la forma de producir, con el objetivo de superar la enajenación del trabajo y de la naturaleza.

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