septiembre 18, 2021

El año del conejo

Según la cosmovisión tradicional china, 2011 fue el Año del Conejo, una criatura que para sortear amenazas suele correr haciendo fintas y cabriolas desconcertantes. El resultado de semejante estrategia no siempre la conduce al éxito.

Para el balance semestral de gestión, y como resultado de diálogos con activistas de movimientos sociales cruceños, afirmábamos que era notable una ralentización del Proceso de Cambio. De aquel momento hacia aquí se multiplicaron análisis sobre el fenómeno del detenimiento, como lo denominó por ejemplo A. Peredo. Tirios y troyanos coinciden, unos imaginando la debacle esperada y otros apostando a una reorientación y profundización o radicalización del proceso. Es en este último ámbito donde se desarrolla lo que H. Argirakis denomina lucha intrahegemónica, como nueva fase del actual período de transición (en todo caso, un concepto más crudamente realista que el de tensiones creativas). De todas maneras, habrá que agregar que se trata de la referencia a un bloque con hegemonía relativa en el ámbito del aparato del Estado, sin ejercicio pleno en el plano cultural e ideológico, ya que después de un triunfo popular se suelen seguir reproduciendo signos de dominación, en tanto y cuanto todos y todas vivimos, nos movemos y existimos en los marcos de la cultura capitalista donde hemos sido criados.

Precisamente por tratarse de una etapa transitiva, es fundamental ahondar el problema del organismo que debería haber asumido el reto de articular teoría y práctica, tal y como explicaba A. Gramsci: “Construir sobre una determinada práctica una teoría que, coincidiendo e identificándose con los elementos decisivos de la práctica misma, acelere el proceso histórico en acto, tornando la práctica más homogénea, coherente, eficiente en todos sus elementos; es decir, tornándola poderosa al máximo; o bien, dada cierta posición teórica, organizar el elemento práctico indispensable para su puesta en práctica”.

Lo inaudito es que esa tarea no fue asumida por el MAS y tampoco por el aparato de gobierno. El primero, atascado en dinámicas que no abordaremos aquí, y el segundo por haber cumplido la observación que hacía el propio italiano cuando indicaba: “Los socialistas, con harta y supina frecuencia, han aceptado la realidad histórica dimanante de la iniciativa capitalista; han caído en el error psicológico de los economistas liberales; han creído en la perpetuidad de las instituciones del Estado democrático, en su perfección fundamental. Según ellos, la forma de las instituciones democráticas puede ser corregida, es susceptible de ser retocada acá y allá, pero tiene que ser fundamentalmente respetada”. Resulta innecesario detallar aquí la delectación de funcionarios con la solemnidad de hábitos, normas, rutinas, modos y conductas típicas del Estado-señorial, pero es importante indicar su resultado principal: el extrañamiento que les produce con relación a la realidad que se vive en lo cotidiano-popular.

Casi de forma natural volvemos la vista a los textos de Zavaleta, cuando desmenuzaba el fenómeno del poder dual, indicando que una clase puede tener la administración del Estado, mientras otra es la que tiene el poder del Estado, a través de un ensamble ideológico que subyuga a otros sectores y les hace reproducir en su conciencia ciertos ideales burgueses.

Mientras el Decreto 748 expuso ásperamente la verdadera identidad del modelo económico operante, así como la notable heterogeneidad y contradicciones del gabinete de ministros, la crisis por el Tipnis visibilizó, entre otras cuestiones, la necesidad de debatir y asumir con coherencia y coraje principios que por el momento se encuentran restringidos al mundo de papel de la CPE. Por encima de los múltiples temas que detonaron, es nada menos que la emergencia del clamor por la necesidad de explorar nuevas formas de organización popular a través de la democracia participativa y comunitaria, que no debe ser ni puede parecerse a la que se expresa por medio de la suma de votos de la ciudadanía.

Nos adentramos en este punto en una cuestión que atañe no sólo al Proceso de Cambio boliviano sino al escenario mundial. Para nuestra región, es evidente que, como indica un activista panameño, los gobiernos progresistas y la izquierda “sabe gobernar el sistema existente mucho mejor que la derecha…no sólo lo administra mejor sino que lo lleva a mitigar las injusticias y atrasos que más agobian a nuestros pueblos, y a darles una vida más digna. Pero lo hacen sin reemplazar el sistema, en el entendido de que cambiarlo de modo radical aún no sería aceptado, ni mucho menos secundado, por las mayorías que los eligieron” 1.

Mantener en el espontaneísmo o el aplauso sumiso y lisonjero a las formidables fuerzas populares que instalaron esos gobiernos, sin aportar sistemáticamente a la organización de la conciencia y a la multiplicación de espacios de reflexión y debate, seguirá derivando en movilizaciones de masas, pletóricas de alegorías y símbolos, extasiadas con el espectáculo de inauguración de obras mayormente irrelevantes, pero huérfanas de contenido revolucionario. Este sólo se alcanzará a través de procesos de aprendizaje mutuo entre gobierno y organizaciones populares, no sólo decidiendo con el pueblo sino decidiendo y sopesando también los riesgos de cada resolución, a fin de lograr el respaldo consciente, informado y razonado del pueblo 2.

Es manifiesto el rol que juega en ese reto la comunicación como instrumento de pedagogía política, curiosamente un ámbito que el propio vicepresidente del MAS reconocía hace pocos días como deficitario. La sorpresa es mayor cuando tomamos en cuenta la existencia de excelentes y comprometidos comunicadores, y una vasta experiencia del país en la comunicación popular, lo cual nos lleva a sospechar que, a estas alturas, la estrategia comunicacional gubernamental es precisamente la ausencia de estrategia; un prolongado vacío que sin dudas beneficia a ciertos intereses. Un sencillo ejemplo de las incoherencias flagrantes en esta órbita es la distancia sideral entre una heroica y exitosa campaña de alfabetización, y la inexistencia de planes que garanticen el acceso amplio al libro por parte de las grandes mayorías, para las cuales se mantiene en el rango de artículo de lujo.

Cuando en este mismo semanario comentábamos la conferencia de prensa del Presidente, posterior a la represión sobre los y las marchistas por el Tipnis, indicábamos que su invitación a un debate nacional sobre el tema era honesta y oportuna, pero insuficiente. Con la Cumbre Social, aunque tardía y lastrada por algunos de los males ya indicados, se abre una oportunidad singular para comenzar a andar el universo de la democracia participativa, para la cual no existen fórmulas acabadas aunque sí la obligación y el compromiso de un ejercicio permanente, metódico y dispuesto a faltarle el respeto a los acartonamientos. Por el momento, es sólo la débil luz al final de un túnel que se ha ido oscureciendo.

1          Nils Castro, Se rehace proyecto al andar, Revista Temas # 67, La Habana, 2011.

2          Sigo aquí las provocaciones que lanza sobre el tema Pablo González Casanova.

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