septiembre 26, 2021

Gasolinazo: improvisación de la política de hidrocarburos *

Cuando se promulgó el DS 748 en diciembre de 2010 para eliminar la subvención al diesel y la gasolina en el mercado interno, se hablaba del desangramiento de la economía, de la utilización de esos dineros para pagar más bonos, del contrabando hasta en mamaderas, del subsidio a una clase media que tiene autos de lujo. A pesar que la medida fue revocada, dejó su impacto sobre el alza generalizada de precios, pero además reveló la debilidad del aparato productivo, y peor aún, la ausencia de una política alternativa a la neoliberal: fijación internacional de precios del petróleo para el mercado interno.

Es común escuchar en el discurso del gobierno, una danza de millones de ingresos al Estado, cuando se trata de mostrar lo bien que está marchando la macroeconomía, quedándose chicos los $us 700 millones anuales por la subvención a los hidrocarburos, pero que sin embargo, duelen. El presidente Evo Morales señaló que “es un tema pendiente”, pero por el “momento la subvención está congelada”, y apela, a fin de salvar su responsabilidad histórica, a que el pueblo sea quien decida la medida mediante un diálogo, señalando que “existen encuestas que dicen que el 52 por ciento quiere que se reduzca la subvención en el tema del diesel y la gasolina, es un gran sentimiento del pueblo boliviano”.

Es difícil creer que algún agente económico “racional” este de acuerdo en que le suban el costo de producción y de vida, lo que más bien esperaría es que la subvención se mantenga, “para impulsar sus actividades productivas”, así lo manifestó el Presidente de YPFB, Carlos Villegas, cuando señaló que “el subsidio no es malo en ningún país”.

Si los hidrocarburos ya son de los bolivianos desde la nacionalización, lo lógico es ver qué se puede hacer con ellos para que la subvención se mantenga a costa de impulsar la producción nacional para potenciarla y mejorar con ello la calidad de vida de la población, “para vivir bien”; así como de hacerla competitiva frente a otros países, y mejorar nuestras exportaciones manufactureras, para dejar de ser primario exportadores.

Es conocido que los campos de donde se extrae petróleo crudo para proveer a las refinerías se están agotando inexorablemente, y que la mayor parte de nuestras reservas de hidrocarburos provienen de los megacampos gasíferos, de donde se extrae gasolina natural, condensados y gases licuables. Asimismo, la tecnología que emplean las dos refinerías nacionalizadas (Gualberto Villarroel y Guillermo Elder), utilizan, desde 1949, la técnica primaria de refinación atmosférica para refinar crudo que no existe en los yacimientos descubiertos en los últimos años.

Por otra parte, las tecnologías para la producción de líquidos de uso comercial, como el diesel y la gasolina, han evolucionado a tal punto que es posible obtenerlos a partir de cualquier tipo de hidrocarburos, como los que existen en nuestros megacampos. Se trata de métodos que parten las moléculas de los hidrocarburos (crackeado), que luego son reconstituidas en la forma que sea necesaria para satisfacer la demanda del mercado: gasolina y diesel.

Al respecto, YPFB anunció que se estaría implementando una planta de ese tipo para producir desde 2014, 8.000 barriles diarios de gasolina liviana con el petróleo reconstituido que las refinerías lo exportan porque no cuentan con la tecnología para transformarlo. Esta labor es encomiable, aunque no es muy publicitada, y debiera serlo, para cambiar con ese criterio obtuso que plantea que la única iniciativa para evitar el desangramiento de la economía, es imponer precios internacionales a la población.

Con profunda indignación se ve como la política del nuevo Estado Plurinacional se alinea a la política neoliberal imperialista, porque bajo el criterio de nivelación internacional de los precios, se trata de imponer precios fijados por el poder transnacional del monopolio petrolero. Es así que, las petroleras le entregan a las refinarías el barril de petróleo a $us 27,11, mientras que el total de sus costos alcanzan a $us 20,97, con lo que obtienen una utilidad neta de $us 6,14 por barril. Cuando se pretendía fijar el barril de petróleo a $us 59, mediante el DS 748, se estaba multiplicando el potencial de ganancias de las petroleras.

Queda claro a quien se pretende beneficiar con un eventual gasolinazo, siendo una falacia el dominio estatal en el sector petrolero. La empresa estatal es muy limitada si sólo es un actor más que compite con las transnacionales monopólicas bajo las reglas de mercado, de lo que se trata es que el Estado tome control monopólico del sector energético, para transformar a partir de él, la estructura económica raquítica que han dejado los anteriores gobiernos neoliberales.

*          Los datos utilizados en la presente nota provienen de “Gasolinazo: subvención popular al Estado y a las petroleras”. Cedla – Plataforma Energética. 2010.

**         Economista

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