junio 13, 2021

Dos momentos y dos estrategias de la oposición

Durante seis años, la oposición ha tenido dos grandes momentos y ha desplegado similar número de estrategias para revertir el proceso de cambio más profundo de nuestra historia, sin haber logrado el nivel de acumulación de fuerzas deseado ni los resultados esperados.

En el período 2006-2009 puso en marcha la estrategia para el derrocamiento de Evo Morales por métodos no democráticos. Esta línea de acción fue desarrollada principalmente desde la llamada Media Luna (Santa Cruz —el epicentro—, Beni, Pando y Tarija), a la que se sumarían luego los sectores más conservadores de la ciudad de Sucre.

La táctica desplegada fue la violencia: bloqueo a las sesiones de la Asamblea Constituyente, desde adentro y desde afuera; toma de instituciones estatales, incluyendo aeropuertos y, acciones de paramilitarismo, desde las más simples hasta las más organizadas, como la contratación de sicarios extranjeros con experiencia en la desmembración de Yugoslavia.

Bastante funcional a esa línea de acción fue la propuesta de convocar a un referéndum revocatorio, ya que antes y después de ese acto democrático en el que las relaciones de fuerza no se alteraron, las acciones de violencia de la oposición no cesaron. Todo lo contrario, se incrementaron.

Con la contundente victoria de Evo Morales en las elecciones de diciembre de 2009 —la primera luego de aprobada la nueva Constitución Política del Estado—, la orientación estratégica de la oposición cambio en función de las nuevas condiciones.

De manera mucho más encubierta y muchas veces camuflada en los propios errores del gobierno, que a veces alimenta la crisis en la relación Estado/sociedad, se ha puesto en marcha la estrategia de desgaste para la derrota política-institucional de Evo Morales y el proceso de cambio.

La táctica desplegada consiste en la apropiación del discurso del proceso de cambio, la disputa de la base social y principalmente la interpelación a Evo Morales en su condición de líder indígena y defensor de la Madre Tierra.

Ambas estrategias han estado acompañadas por un amplio despliegue mediático, nacional e internacional. La primera para justificar la violencia, la segunda para amplificar el desgaste.

La oposición de derecha carece de proyecto, liderazgo y fuerza social propia, por lo que sus posibilidades de crecimiento están en dependencia de disputar la hegemonía política y simbólica a los conductores del proceso de cambio, lo cual señala al mismo tiempo sus límites.

Pero, tampoco hay duda que esa oposición de derecha apuesta a una mayor distancia entre el gobierno y una oposición de centro izquierda y una cierta izquierda que desde posiciones “mas revolucionarias” reedita los errores cometidos en las coyunturas políticas de principios de los 70 y los 80, cuando después de no identificar al enemigo principal ayudó a colocar una alfombra negra para el ingreso de la dictadura de Banzer en el primer caso y a 20 años de gobiernos neoliberales en el segundo.

Ese peligro existe nuevamente y el gobierno no debe subestimarlo, aunque hay una diferencia. Evo Morales cuenta con una base social y un núcleo duro que no lo tenían ni Juan José Torres ni Hernán Siles Suazo.

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