junio 22, 2021

Del treinta al cincuenta, ¿cuánto cambió la política con las mujeres?

Allá por los años noventa, las mujeres de este país peleábamos fervorosamente por las cuotas, el derecho a participar en política se instalaba de manera prioritaria en la agenda de diferentes expresiones del movimiento de mujeres y feminista. Hacia finales de los noventa, la conquista era evidente, para el caso de diputados/as plurinacionales se incluía el treinta por ciento en las listas y para los concejos municipales la alternancia; así, las elecciones de 1999 marcaron un nuevo escenario y los escaños que se habían perdido en el nivel local se recuperaban, para el caso de la Cámara de Diputados (masculina desde su enunciación), presentaba una leve diferencia a favor.

Sin embargo, el triunfo vitoreado fue lograr el cincuenta por ciento es decir, la paridad en todos los órganos públicos, por tanto, se trata de un avance numérico y de espacios, incluso se incluye al gabinete ministerial, al parecer todo debiera marchar sobre ruedas.

¿Por qué luchar por detentar el poder político? Aunque parezca una verdad de Perogrullo, ni más ni menos porque a partir de éste se define la vida pública, se administran los recursos públicos y se determina de alguna manera la vida de la gente, la vida privada. Por tanto, dicho de manera muy simple, las mujeres en el poder pueden, desde un proyecto inclusivo, equitativo y democrático, cambiar la estructura social, política y económica, etc., etc. A continuación algunas consideraciones sobre las mujeres en el poder político.

No basta ser mujer biológica

No toda mujer tiene una identidad de género auto-construida; así, puede perfectamente actuar políticamente desde una identidad de género masculina, “machos con polleras y/o faldas”, o quienes mantienen una identidad de género atribuida y asumen una posición de sumisión ante el poder masculino, ejemplos miles. El estar en espacios que “no les corresponde”, las hacen permanentemente pedir “perdón”, o dar “gracias” (por supuesto simbólicamente); son las menos las mujeres que se reconocen en un espacio propio, ganado y lo asumen como tal. De esta manera es posible escuchar, “hable con mi asesor”, “estamos en otros temitas”, perdiendo de esta manera espacios importantes. O dedicándose a los temas más bien “femeninos”, que aluden al apoyo de la reproducción, salud, educación, etc., asumidos además como tal.

Sumisión a la agenda partidaria

Durante la larga historia vivida, vemos como se alza la hegemonía total de las agendas partidarias, de esta manera las demandas de las agendas de las mujeres quedan en un segundo lugar. Quizás los dos momentos más importantes se hayan producido, hacia finales de los noventa y principios del 2000, donde se produce una alianza importante entre la Unión de Mujeres Parlamentarias (UMPABOL) y diversas expresiones del movimiento de mujeres, lográndose políticas específicas, Ley de Cuotas, Ley Contra la Violencia, etc. Un segundo momento está más bien en la Asamblea Constituyente, donde no se tiene una alianza como la anterior, más bien son los procesos de presión y alianzas con asambleístas las que permiten avanzar. Los esfuerzos son muchos desde las mujeres, para mantener agendas, consensuar, negociar, etc.; sin embargo, en términos generales, los resultados son reducidos. Si bien no se desconoce los avances en la constitución política del 2009, los mismos no están logrando explicitarse en políticas concretas.

La agenda de lo “urgente” frente a la demanda vital de las mujeres

Además debemos añadir, la política de lo “urgente” sobre lo vital para las mujeres (lo cual incluye a otros sectores también). La crisis económica, las 100 leyes de la constitución, la vertebración caminera, el gas, los contratos petroleros, los desastres naturales, en fin, todo es urgente, necesario para la sociedad boliviana, como si las mujeres no fuéramos parte de ella. Esto refleja esta insistencia por nombrar el mundo en masculino, se prioriza aquello que parece no tener un impacto diferenciado para hombres y mujeres, pareciera ser que todas las medidas benefician de igual manera a “todos”. Algo fundamental, las medidas “importantes”, “estructurales”, no diferencian una condición de hombres y mujeres, por tanto, “debemos solucionar el problema de todos”, en tanto, se ahondan desigualdades, marginación, etc. Acudiéndose incluso a discursos perversos, “los niños pobres necesitan, más que las mujeres, finalmente, unos son indefensos, las mujeres son adultas pueden defenderse”. Como si se tratará de comparar o de priorizar. De esta manera las necesidades y demandas de las mujeres, van quedando relegadas.

De los grandes esfuerzos a los pocos resultados

Veamos ejemplos de cómo las demandas se van quedando en el tintero. Proyecto de Ley Integral Contra La Violencia Hacia las Mujeres, Modificaciones a la Ley 1674, Ley Contra la Violencia Política y Acoso Político, entre otras; preguntémonos cuantos años están en la Asamblea Plurinacional (antes Congreso Nacional), transitan de la comisión a la plenaria, vuelve a la comisión, archivo, desarchivo, etc. Situación que no es responsabilidad de muchas mujeres, que cotidianamente desarrollan una serie de iniciativas en incidencia política con asambleístas, mujeres u hombres, más o menos aliados/as, lo cierto es que no se aprueban. Y si hablamos de temas como aborto, ni pensar siquiera en su tratamiento, “no es oportuno”, “pucha quién nos va apoyar ahurita, no sean fregadas”; en el único momento que se trató el Proyecto de Ley de Derechos Sexuales y Reproductivos, ni hombres ni mujeres se animaron a sostener la propuesta ante la presión de las iglesias, por tanto, el tema ronda en las propuestas, los/as legisladores/as no lo encaran de manera definitiva, es más, alguno/a se ánima a afirmar, “ya tienen SUMI, Bono Juana Azurduy”, como si se tratara de concesiones y fuera lo mismo.

Ya no es problema de números, sino de derechos y estrategias nuevas

De esta manera, es necesario cambiar las estrategias de incidencia y no quedarnos en la idea que la pura cuota nos resolverá el problema, es necesario construir una institucionalidad capaz de transitar a un rostro de mujer, una institucionalidad que nos permita priorizar en las agendas públicas aquellos temas que siguen generando desigualdad, discriminación; como mujeres, dejar de argüir que nos corresponde el poder, porque somos “alguito” más que los hombres (numéricamente), nos corresponde el poder porque somos parte de este constructo social y político, porque necesitamos administrar decisiones y recursos, capaces de transformar la vida de toda la comunidad.

Necesitamos romper con la sumisión al poder del líder hegemónico, patriarcal y patrimonialista, se trata de asumir una postura crítica y de compromiso cierto con la agenda de las mujeres. Llevar mujeres al poder político en alianza con los partidos políticos y no al revés, mujeres del movimiento que se “casan” con el partido.

Finalmente, se trata de superar las viejas rencillas, falsos protagonismos y, desde la diferencia, construir un frente amplio de mujeres, mismas que puedan negociar al unísono, presionar y convencer. Recuperar los enormes esfuerzos que se realizan desde el cotidiano, mujeres que dejan sus vidas por el agendamiento de políticas, por la reivindicación de derechos. Al respecto se tienen experiencias riquísimas en el país, de esta manera lograremos mayores avances. No olvidemos que nos falta un tema central: lograr la autodeterminación de nuestros cuerpos.

*          Trabajadora Social, Docente de la UMSA, feminista de a pie.

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