junio 22, 2021

En Venezuela afirman que viajó en secreto a Cuba el fin de semana para ser operado; desmentida de un ministro

Caracas.- Venezuela vivió ayer su tercer día de Carnaval sacudida por preocupantes rumores sobre la salud del presidente Hugo Chávez, invisible desde hace cuatro días, quien habría viajado a Cuba durante el fin de semana, en secreto, para realizarse un tratamiento.

“El presidente aún no ha sido operado [en Cuba]. Se hace evaluación con nueve médicos: tres de Cuba, uno de Venezuela, tres de Brasil y dos de España, por videochat”. El tweet, con la firma del periodista Nelson Bocaranda, llegó a la red de madrugada y con el país en plena fiesta.

Bocaranda, columnista del diario El Universal, fue quien reveló que Chávez padecía de cáncer antes de que el propio líder bolivariano lo reconociera, en una declaración pública desde La Habana, tras varias semanas de desmentidas. El gobierno ha tratado la enfermedad del mandatario como si fuera secreto de Estado, a imagen y semejanza de la que sufre Fidel Castro.

Como si se tratase de una novela de intriga, Bocaranda fue aportando información sobre Chávez, a partir del presunto viaje a Cuba aprovechando los cuatro días de fiesta nacional: “Difícil decisión médica en cuanto a operar o no al paciente. De allí la presencia de sus familiares. Madre y hermanos viajaron ayer”.

Los hijos del presidente también se habrían trasladado a Cuba, según el mismo periodista, “ante la muy difícil decisión operatoria”. Pese a su complicada situación, “el caudillo no quiere operarse de nada, sólo retomar la batalla”.

“METÁSTASIS

“El bombazo periodístico de Bocaranda resonó con mayor fuerza porque vino precedido de otra información, fechada en Brasil, de un ex director ejecutivo del diario O Globo, Merval Pereira, que accedió a fuentes médicas de su país que indican que “el cáncer está en proceso de metástasis y se está propagando en dirección al hígado”.

Según Bocaranda, el ex presidente de Brasil, Lula da Silva, convenció a Chávez de que un grupo de especialistas de su país revisara los informes sobre su enfermedad. Agregó que los médicos le aconsejaron que abandonase de inmediato los esteroides, por el “daño colateral” que le estaban causando.

(…)

Anoche, el gobierno bolivariano no había aclarado dónde está el presidente. La única información que hubo al respecto vino del ministro de Comunicación, Andrés Izarra, que lanzó un enigmático tweet: “Sobre rumores, guerra sucia de la canalla” (…)

Notas con el mismo contenido fueron reproducidas por la prensa comercial de todo el continente.

Los hechos

En horas de la tarde Hugo Chávez visitó el Complejo Industrial Batalla de Santa Inés, en el estado Barinas. Allí funciona una fábrica de camiones, tractores y maquinaria pesada Veneminsk, fruto de un proyecto industrial conjunto entre Bielorrusia y Venezuela. En el curso de su intervención, que de hecho salía al cruce de la sistemática difusión de rumores, el presidente venezolano sorprendió al informar que en un examen de rutina en su riguroso postoperatorio se le había detectado “una pequeña lesión de 2 centímetros, en el mismo lugar donde estuvo la lesión anterior”. Y agregó: “habrá que hacer una nueva operación, extraerlo y luego con los exámenes posteriores verificar si es maligno o no, en función de eso seguiré informando al país la verdad”.

A continuación Chávez enfatizó: “Desmiento totalmente que tenga metástasis en el hígado o en otra parte del cuerpo (…) o que me estoy muriendo, no, no. En contrario es una buena noticia que en los exámenes rigurosamente hechos en La Habana, indican que no tengo metástasis en ninguna parte de mi cuerpo”.

Moral y política

Está a la vista que la enfermedad de Chávez es un recurso desesperado al que se aferran los estrategas de la Casa Blanca y sus epígonos en todo el hemisferio. No es preciso repetir las causas de ese empeño: en medio de una convulsiva crisis capitalista en sus centros principales, la bandera de una alternativa socialista ondea en Venezuela y, para todos está claro, su principal sostén es Hugo Chávez.

Derribar esa enseña visible en el mundo, es una necesidad del capitalismo agónico.

En trece años de gobierno revolucionario, todos los recursos empleados por las fuerzas contrarias -golpes de Estado, sabotajes, infiltraciones, campañas mediáticas constantes y de alcance mundial- lejos de mellar la base social de Chávez, contribuyeron a un fortalecimiento que todas las encuestas aseguran volverá a manifestarse en las presidenciales de octubre próximo.

El cáncer, entonces, es utilizado como instrumento de campaña. Se trata de convencer a la opinión pública mundial de que con tal enfermedad Chávez no podrá ser candidato. Y si lo fuera, no podría gobernar. Con eso y desde fuera hacia dentro, se pretende mellar la confianza del electorado e incluso instilar la duda en sectores progresivamente sumados a la revolución.

De tal manera, con informes de inteligencia tras los cuales está el espionaje de la CIA y otras agencias -como el Mossad y el MI6- una cadena de medios de prensa escrita, oral y televisiva transforma, magnificándolo más allá de toda seriedad y rigor periodístico- un dato en campaña mundial.

Esto, entre otras muchas cosas, explica el por qué de las imprescindibles medidas de seguridad y control en torno a todos los aspectos de la vida de Chávez y otros líderes revolucionarios, incluido el tratamiento de su salud. Es el constante acoso enemigo el que obliga a tomar recaudos.

Recado

Sería absurdo demandar de La Nación una defensa de la revolución socialista en curso en Venezuela. No se trata de atenuar ideologías y estrategias contrapuestas. Cabría en cambio esperar un choque limpio y justo de ideas.

Si un medio de prensa debe apelar a estos métodos, el problema ya no está en el medio mismo. Es que el sistema del cual forma parte es incapaz de defenderse con la verdad como bandera. En otras palabras: está condenado. Y arrastra con él a sus propagandistas. La mentira, la tergiversación, la calumnia, no sólo degradan a quienes las esgrimen. Sobre todo revela a poco andar su total impotencia.

Es lo que está desplegándose ante los ojos azorados del mundo: el capitalismo en crisis no tiene respuestas. Ajuste y guerra, son los recursos de los gobernantes. A sus amanuenses sólo les dejan la tarea de degradar una función que en otros tiempos han podido hacer brillar.

Con la edición que aparece la semana próxima, América XXI inicia su décimo año de vida. Lo celebraremos, entre otras cosas, con la publicación de un libro que recopila decenas de artículos elaborados al calor de los hechos en ese tormentoso período. (La totalidad de lo publicado está disponible en la página web de la revista: www.americaxxi.com.ve).

De seguro podrán hallarse allí errores. Pero será imposible encontrar un infundio, una mentira, una calumnia contra nadie.

Es la diferencia moral y política entre capitalismo agónico y renacimiento del socialismo.

Con base en la conducta de Chávez el año pasado -y de siempre en otros órdenes- cuando por cadena nacional anunció con todo detalle su enfermedad, damos crédito a su aseveración de ayer, que descarta en este momento la existencia de metástasis. No está a nuestro alcance afirmar que el cáncer no tendrá efectos ulteriores en su salud. Podemos en cambio transmitir la verdad: hoy está al timón de una nueva ofensiva revolucionaria. Y algo más: con todo el inmenso papel que a él le toca, la revolución no depende de él. La verdadera prueba de las convicciones democráticas profundas de este hombre ha quedado plasmada en la conformación de órganos de poder de masas y un partido revolucionario con 7 millones de adherentes. La traslación del poder de un hombre a un pueblo es una realidad en curso hoy en Venezuela.

Quede entonces margen para una expresión de deseos, basada en aquello que los hechos inmediatos sugieren: Hugo Chávez seguirá empuñando la espada de Bolívar y estará a la vanguardia de futuras victorias de la revolución socialista latinoamericana.

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