junio 14, 2021

8 de marzo: “Día Internacional de los derechos de la mujer”

Si bien, las nuevas ideologías y los instrumentos tecnológicos, científicos y de información han sido el contexto revolucionario que haría florecer, a principios del siglo XX, la lucha institucionalizada de las mujeres, es complejo determinar un preciso y único origen para la celebración del 8 de marzo como “Día Internacional de la Mujer”.

Durante muchas décadas se pensó que el día había sido elegido por quien encabezó la creación de una Internacional de Mujeres: Clara Zetkin. También se dice, que fue concebido en homenaje a las 129 obreras que murieron carbonizadas en una fábrica textil de Nueva York —en un incendio provocado por el patrón— al estar exigiendo un trato más humano.

Allende las divergencias entre algun@s investigadores sociales, la primera realización del Woman’s Day —en favor del sufragio femenino y contra la opresión sexual— la realizaron las feministas socialistas en el teatro Garrick de Chicago en mayo de 1908. Luego, en 1909 el Comité Nacional de la Mujer del Partido Socialista Norteamericano establece que el último domingo de febrero será una jornada a favor del sufragio femenino. En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas- se establece el “Día Internacional a favor de los derechos de la Mujer” y se crean círculos de reflexión en torno a las desgracias del matrimonio. En Europa en 1911 se lo celebró por primera vez demandando el derecho al voto y al trabajo en igualdad de oportunidades. Y finalmente, mediante Resolución 32/142 de 1975, el 8 de marzo se universalizó al ser adoptado por los Estados que integran la Asamblea General de la ONU.

Independientemente, de la génesis que instauró internacionalmente una jornada dedicada a la mujer; (al 8 de marzo como la fecha emblemática que unifica el reconocimiento de los “derechos de la diferencia) las féminas han estado ahí donde se escribe la historia y a veces cambiando el curso mismo de los acontecimientos. Ellas han conseguido a fuerza de tesón, organización, conocimiento y decisión: que deje de invisibilizarce la arraigada discriminación social, laboral, económica y política de las cuales son objeto; y han logrado que se reconozcan sus derechos políticos, humanos, sexuales y reproductivos, entre otros. Hoy, ellas están dispuestas a consolidar una ciudadanía plena y a reivindicar el derecho indiscutible de intervenir —con todas las garantías— en lo público y en la sociedad.

No se puede negar que se han logrado progresos en la lucha por conseguir equidad de género, pero los avances existentes tienen que continuar. Es necesario reconocer que las mujeres son las más pobres entre los pobres, que aún no es paritaria la educación inicial y profesional, y que los problemas de salud reproductiva —incluido el VIH/sida— son la causa principal de enfermedad y muerte entre las mujeres de 15 a 44 años de edad. No podemos desoír el informe anual del Fondo de la ONU para la Población cuando establece que: “La igualdad entre sexos reduce la pobreza, además de salvar y mejorar vidas y es la clave del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Es evidente que vivimos en una sociedad basada en un poder patriarcal que persiste en desigualdades y opresiones que obstaculizan la equidad en las relaciones de género. Y pese al reconocimiento del decisivo rol que cumplen las mujeres en el desarrollo y a la existencia de diversos tratados y convenios en favor de sus derechos, cotidianamente somos testigos de la preponderancia de un lenguaje sexista en la mayoría de las expresiones visuales, verbales y escritas.

Por todas estas razones, es correcto establecer que: más allá de las particularidades culturales, físicas, ideológicas, económicas y políticas que diferencian a las mujeres, éstas han estado donde se escribe la historia y a veces cambiando el curso mismo de los acontecimientos. A su vez, es indiscutible la existencia de una enorme riqueza de propuestas femeninas, de agendas reivindicativas, de acciones y transformaciones filosóficas y políticas, donde las mujeres han sido las protagonistas; no por nada, para algunos intelectuales el siglo XXI será el siglo de las mujeres.

Por ello, y a pesar de que existen posturas que proponen que las mujeres dejen de luchar por sus derechos específicos —porque por Ley se reconoce la igualdad—, creo que impera abordar el 8 de marzo como una jornada mundial de reflexión, de lucha y demanda por los derechos pendientes de las mujeres, por la materialización de éstos y por la urgencia de hacerlos de dominio público.

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