octubre 20, 2021

Descolonización: la utilidad de lo ausente 1

Lo que colonia significa

El término colonia se refiere al asentamiento de una colectividad que se establece en un lugar alejado de su punto de origen o procedencia. Este asentamiento puede realizarse (y efectivamente se realizó) en completa negación de otras colectividades que viven en ese lugar alejado, y puede buscar (y efectivamente lo buscó) reprisar las formas culturales de la colectividad de procedencia, incluidas las relaciones de poder que esta cultura pone en funcionamiento, por ejemplo en el comienzo colonial mismo. El sólo negar a las otras colectividades que viven en el lugar del asentamiento, desarrolla toda una red de relaciones de poder.

En este sentido, todo lo que trae consigo esta colectividad, vista desde las relaciones de poder que pone en juego, puede ser una expresión colonial, es decir pueden haber prácticas y culturas coloniales, instituciones coloniales, razonamientos coloniales, etc., conforme a lo que éstas ponen en juego en una sociedad como la nuestra.

Subalternidad

Justamente otro nombre de las consecuencias del fenómeno colonial ha sido el carácter subalterno que pone en funcionamiento. La palabra subalterno está constituida por las palabras sub y alter, que significan sub: inferior, y alter: otro u otredad. En consecuencia la subalternidad supone la constitución del otro como inferior, de una otredad concebida como otredad e inherentemente inferior. Este otro es pensado, representado y hasta nombrado por la cultura dominante. Hay una imagen que no es la del subalterno pero que a la vez lo constituye como tal. El subalterno se asoma en su negación, resultado de las relaciones de poder que pone lo colonial en juego

Formas del discurso colonial y neocolonial

El discurso colonial no se presenta a si mismo como colonial. Generalmente suele presentarse como un discurso modernizador. En este sentido las culturas, instituciones y razonamientos coloniales pueden ser presentados como culturas modernas, instituciones modernas y razonamientos modernos, entendiendo moderno como aquello que es bueno y desarrollado. La cara perversa de una buena parte del discurso moderno encubría (y encubre aún) el carácter colonial puesto en juego.

Asimismo el discurso colonial también puede presentarse como un discurso descolonizador pero a la vez generar un proceso neocolonial, por ejemplo si el dominante pretende enseñar a los subalternos cómo salir de su subalternidad, el dominante está despojando al subalterno incluso de su potencial liberador. El dominante que comprende la subalternidad no puede intentar transformar la misma sin negarse a si mismo. Pues no puede quedar en pie.

Descolonización

En consecuencia, si la colonia ha sido la puesta en funcionamiento de una serie de dispositivos de poder, la respuesta, es decir la descolonización sólo puede ser el desmontar mencionados dispositivos de poder, y en consecuencia desmontar los dispositivos que ponen en funcionamiento redes de poder es ya una práctica política, una acción política.

En nuestro país, por primera vez en su historia constitucional se incluye la descolonización como mandato constitucional y como fin y función esencial del Estado.

Artículo 9. Son fines y funciones esenciales del Estado, además de los que establece la Constitución y la ley:

  1. Constituir una sociedad justa y armoniosa, cimentada en la descolonización, sin discriminación ni explotación, con plena justicia social, para consolidar las identidades plurinacionales (…)

Si bien el artículo 9, es conjuntamente con el artículo 78 (sobre la Educación) el único artículo de la Constitución que tratan en si el tema de la descolonización, esta inclusión es ya un gran avance (e innovación) para la gramática constitucional que presenta el nuevo constitucionalismo (latino)americano.

Sin embargo no puede darse un mandato de descolonización al Estado, si el mismo es aún un aparato, un dispositivo, una institución colonial. En consecuencia la descolonización inicialmente sería una acción política dirigida a una de las instituciones coloniales por excelencia: El Estado.

La ausencia de la descolonización

Toda crítica a las acciones políticas llevadas a cabo con el nombre de descolonización, incluso la crítica que podemos hacer de negar que haya habido una sola política que corresponda a una práctica de descolonización, nos permite visibilizar que hay algo que denominamos descolonización, y que es justamente con esto que denominamos descolonización lo que nos permite medir, nos permite comparar si hemos avanzado o no respecto a la praxis política de la descolonización.

Dicho de otro modo, hoy, esto que llamamos descolonización está adquiriendo visibilidad. Esto significa que hay un contexto que lo reclama, que hay un acontecimiento que lo dinamiza, y que en otro escenario no sería ni siquiera pensable. El sólo hecho de acercarnos a cercar su definición, de convocarlo como acción política, de advertir que no será posible desde el Estado, salvo que este se transforme, es decir el sólo hecho de esta puesta en tratamiento es porque hay un contexto político que lo ha convocado y que lo reclama.

1          “Treinta rayos convergen en la rueda de un carro, pero es el espacio vacío entre ellos el que da movimiento; del barro nace la copa de la cual beberemos, pero el contenido tiene lugar en su hueco; las puertas y ventanas hacen a las casas, pero su función la cumplen cuando abiertas dejan paso. Es la presencia la que hace a las cosas, pero en la ausencia está definida su utilidad” (Capítulo 11 del Tao Te Ching).

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