junio 15, 2021

Correa y la necesidad de bajarle el perfil a la OEA

Que la Organización de Estados Americanos (OEA) forma parte de los instrumentos de dominación de los Estados Unidos es una realidad desde el momento mismo de su fundación, en 1948, y su historia de complicidades con las varias formas de intervención imperial no hacen más que corroborar su nefasto papel.

Demasiada larga es la lista para un espacio tan breve como éste si se tuviera que desarrollar las manipulaciones y la instrumentalización que Estados Unidos ha hecho siempre de este su Ministerio de Colonias como acertadamente lo bautizó un Canciller cubano, pero quizá habría que mencionar la invasión a Guatemala, república Dominicana y la expulsión de Cuba por solo alcanzar su independencia plena, los golpes de Estado contra gobiernos populares, el silencio en la guerra de las Malvinas y otros.

Es evidente que como parte del Sistema Interamericano de dominación impulsado por EE.UU. y con el objetivo de consolidar su presencia en el hemisferio luego del derrumbe de la Europa Socialista del Este, el imperio activó a principios de la década de los 90 la Cumbre de las Américas como un foro político complementario de su brazo económico: el Área de Libre Comercio (ALCA) y de su brazo militar: el Plan Colombia. El primero fracasó en 2004, cuando en Mar del Plata los presidentes de gobiernos de izquierda y progresistas bloquearon la iniciativa imperial. El segundo se ha ampliado a través de diversos nombres: Iniciativa Mérida, Iniciativa Andina, la activación de la IV Flota y otras estrategias que solo apuntan a la apertura de bases militares que amenazan la paz y la democracia en el continente.

De ahí que la posición adoptada por el presidente de Ecuador, Rafael Correa, de no asistir a la VI Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, es una respuesta contundente a toda larga historia de intervención imperial en América Latina y el Caribe, que se sintetiza en la vigencia de un criminal bloqueo contra Cuba desde hace más de cincuenta años. Es una decisión de solidaridad con un gobierno y pueblo que protagonizan, como dijo el presidente Evo Morales en marzo pasado, “la revolución madre de todas las revoluciones”.

Ha llegado el momento de bajarle el perfil a la OEA y de orientar los mayores esfuerzos a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). América Latina es un escenario de disputa por la hegemonía y la conquista de la independencia definitiva solo será lograda con instrumentos propios y no ajenos de los pueblos que luchan contra la dominación.

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