octubre 19, 2021

¿Dos Kapitalismos de Estado?

Karl Marx, en el libro I de Das Kapital, reconstruye la biografía maléfica del modo de producción capitalista. Hoy, el Viejo Topo, ya no tiene buena prensa en tiempos descolonizadores, pero su texto continua siendo imprescindible para entender los secretos y el fetichismo del valor de cambio, la moneda y el plusvalor. La Sección 7, capítulo XXIV es particularmente notable, pues establece como en una suerte de Big Bang de larga duración se produjo la emergencia de una economía dominada por el apetito de la ganancia y la propiedad privada de los medios de producción. En Bolivia este fenómeno que comenzó con la conquista española, recién cobró cuerpo a fines del siglo XIX. Entonces un enlace de capital extranjero y renta de la tierra, extraída por los gamonales del trabajo de miles de siervos indígenas, modernizó la producción de mineral de plata(y luego de estaño).

Nacionalistas y estado

Capitalismo a la postre esmirriado y encuevado en la minería sin articulación con otros los sectores productivos, salvo la agricultura de algunos alimentos. Fue la Revolución Nacional de 1952, de la que se cumple 60 años, que expandió, usando las dádivas del Estado, las fronteras geográficas y sectoriales del capital. Creció, al ampliarse el número de concurrentes, el mercado interno. Critica del liberalismo, construyó el cuerpo del intervencionismo estala y de la regulación de los bienes transables. Nacionalizadas las empresas más importantes, redireccionado el uso del excedente, La transferencia, por no decir saqueo, de los recursos públicos se convirtió en una condición de existencia de una nueva clase burguesa, que creció en condición parasitaria y especulativa. Los diviseros y cuperos, fueron la manera, la única quizá, en la que la clase media y la media burguesía pudrieron acumular dinero por medios dolosos, que solo uno pocos empero tradujeron en capital productivo. Buen parte en cambio fugó del país o sirvió para pagar la fiesta.

El campo financiero y el comercial, y no el industrial, atrajeron particularmente su mirada. En el mejor de los casos indujo en el Oriente una vía junker o la explotación en gran escala de la tierra, generosamente dotada por el Estado, sustrayéndola de las comunidades y pueblos indígenas(como había ocurrido en el Occidente a fines del siglo XIX)

¿Un revival nacionalista?

El MAS es estatista, y trata de convertir a las empresas estatales y la inversión pública en el núcleo duro de la economía, un capitalismo de Estado, tal como ocurrió luego de 1952. Pero hay diferencias. En primer lugar está el eje de intervención estatal. Desde 1952 se pretendió crear desde el Estado un actor capitalista centrado en el Oriente; ahora en cambio se privilegia, al menos discursivamente, a la pequeña, mediana producción y la actividad comunal, acorde a su visón de una economía diversa.

Por otra parte, la izquierda marxista, con el trotskista POR en un extremo, anunciaba la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la expulsión total del capital extranjero. El MAS, siguiendo la línea del nacionalismo revolucionario, apuesta en cambio por la socialización y redistribución del excedente sin tocar necesariamente las formas de propiedad. Incluso es menos radical que el socialismo a la manera de Marcelo Quiroga. Se puede comparar, para ilustrar este punto, la confiscación de la Gulf Oil en 1969 con la reciente “nacionalización” las petroleras. Quiroga Santa Cruz actuaba en un mundo altamente polarizado propio de la Guerra Fría y de la ruptura con al imperialismo como pregonaban las corrientes de la “Teoría de la Dependencia”. Al MAS en cambio, le toca navegar en la compleja maraña de la globalización donde las posturas anticapitalistas han perdido peso. Incluso gobiernos llamados socialistas como Cuba y China admiten y convocan a las inversiones extranjeras. Sumándose con realismo a esta corriente el MAS ha preferido, en la mayoría de los casos, renegociar contratos o pagar por las empresas nacionalizadas, pero no desechar de plano el capital extranjero con la cual busca más bien una nueva relación de fuerza (“Queremos socios, no patrones”).

El MAS lee y desecha al socialismo en clave europea, como una manifestación crítica del industrialismo, pero que a su vez creía en la industrialización y el progreso bajo nuevas formulas. Como bien decía Lenín: “Soviet más electrificación”. El marxismo y el nacionalismo revolucionario son criticados por ser filosofías de la historia, etapistas, lineales e universalistas. El primero además por mestizo y el segundo por burocrático. Reproducirlos en Bolivia, a sus ojos, produciría fracturas con el proyecto de descolonización y de retorno simbólico a los orígenes milenarios. Para la izquierda nacionalista (y marxista), en cambio, la naturaleza, vista como fuente del valor de uso, debía ser dominada y sometida para permitir un socialismo de la abundancia material y de valores de cambio. En su tiempo los soviéticos —y ahora los chinos—, perpetraron varios crímenes contra el medio ambiente en base a esta perspectiva.

En la visión más extrema en el MAS, que sugestivamente no siempre está apoyada ni acompañada por políticas públicas gubernamentales, implicaba, al menos al principio, descartar el industrialismo en pos del retorno a una relación armoniosa con la naturaleza, que nunca debió extraviarse, aunque el conflicto del TIPNIS pone en remoje esta afirmación. Tal parece que paulatinamente se revela un nuevo punto de concordancia entre el MNR y el MAS: su espacialismo; esto es su visión de territorio como espacio uniforme y sede que cobija de la nación, construida por el progreso de las carretas y los aeropuertos. (Cuando Víctor Paz inauguró en 1956 la carretera asfaltada entre Cochabamba y Santa Cruz, dijo que era más importante que la nacionalización de las minas).

Y sin embargo

Dentro la actual economía política gubernamental, la economía estatal ha expandido su presencia dentro del PIB, merceda nacionalizaciones y renegociaciones de contratos. Empero la transferencia de recursos no tiene ya el propósito de incrementar el desarrollo de la gran empresa privada, sino que adquiere una forma de subsidios (bonos) que buscan promover asistencia a los sectores más desposeídos. Sin embargo, paralelamente, se están incrementando, al margen del mismo Estado, otras modalidades de acumulación, que recuerdan los procesos descritos por Marx en su conocido capítulo. El narcotráfico o el contrabando(a gran o pequeña escala), cumplen ese papel. Aunque sus montos sean limitados en relación al conjunto de la economía, sus redes sociales y económicas son amplias y difuminadas. Históricamente no se trata empero de un fenómeno privativo de la actual Bolivia; ya ocurrió en loa años posteriores a 1952, con otras características. La economía paralela redituó altísimas ganancias que luego engrosaron los circuitos “legales” del capital. ¿Sucede(o sucederá) lo mismo entre nosotros? Por ahora, dado que por su propia naturaleza no deja datos contables, existen algunas sospechas de su orientación, hacia la especulación inmobiliaria. Lo singular del asunto es que a diferencia de lo ocurrido en la Bolivia la populista del 52, no son las elites tradicionales las que sustentan u aprovechan del proceso acumulativo; por el contrario involucran y se desparraman en medio de protagonistas procedentes de sectores sociales anteriormente excluidos. Es presumible que como resultado se estén reconfigurando los propios sujetos sociales, traduciéndose en la emergencia de nuevos grupos de poder, con distintas culturas políticas, hábitos y modos de ser.

*                El autor es historiador

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