junio 24, 2021

Revolución

El significado inicial (de origen) del término revolución describe el movimiento cumplido por un cuerpo celeste alrededor de otro. Es, entonces, el movimiento en torno a un punto fijo, esto es, a un centro, que resulta también el punto de partida para interpretar los movimientos que ocurren tanto en la tierra como en los cielos. Es claro que el uso del término se reservaba a la Astronomía. Es muy importante, en este sentido, la publicación en 1543 del De revolutionibus orbium coelestium de Nicholas Copernicus, en el que se anuncia la transformación del marco astronómico y cosmológico tradicional, a partir del establecimiento de un centro y un movimiento, en la explicación del lugar de la tierra en relación al sol.

Después de la publicación de Copernicus, el término revolución se re-significa como la idea de un curso imaginado como progreso constante de la humanidad. La revolución sería, entonces, el movimiento. Tanto Hegel como Marx encontrarán en la revolución la imagen de un movimiento. Para el primero es una realización de la idea, para el segundo es una lucha de clases del cual deviene la idea.

Sin embargo, la revolución es un enigma que sólo puede ser “contada a partir de ejemplos fundantes”, por ello la revolución ejemplar fue la francesa, no sólo la que comienza en 1789, sino también la de 1871 con el caso ejemplar de la Comuna de París. Estos ejemplos fueron los que asentaron la comprensión de lo que es la revolución.

Para Marx este movimiento era en si el comunismo: “el movimiento real que deroga el estado actual de cosas” (Marx en La ideología alemana). Lenin, en un maravilloso texto denominado “Sobre el ascenso a una alta montaña”, en el cual evalúa los fracasos de la revolución rusa, señala “los comunistas que no caen en el engaño, que no se dejan vencer por el abatimiento y que conservan la fortaleza y la flexibilidad para volver a empezar desde el principio, una y otra vez, encarando una tarea extremadamente difícil, no están condenados”. Este movimiento, la revolución, era para Lenin una acción muy similar a un verso de Samuel Becket: “Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor” 1. Lo que importa en la revolución no es el telos (el fin), sino el movimiento mismo.

La revolución, entonces, era algo contrario a la inmovilidad descrita, por ejemplo, contraria al modelo Ptolomeico que situaba a la tierra como el centro inmóvil del universo. ¿Podría decirse, entonces, que los fracasos de las revoluciones —incluidas las revoluciones ejemplares— nos llevan a la afirmación de la imposibilidad del movimiento?

Es también ejemplar la idea de la revolución traicionada, frustrada. Tal vez porque las revoluciones más que direccionar un rumbo, detienen el rumbo que se estaba tomando. Una y otra vez las revoluciones que se levantan contra el Estado, terminan tomando el Estado y simplemente retoman la maquinaria estatal de otra manera, que no es más que otra manera.

Entonces qué sucede con las milicias, qué sucede con el pueblo levantado. Parece ser que éstos se encuentra con los límites materiales de sentirse traicionados por aquello que llamaron revolución. Las milicias sostienen sus armas, sostienen su vitalidad, pero la distancia de las fotografías nos permite también mirar esta resistencia material del tiempo.

La revolución entonces tendría una idea ejemplar que la acompaña, su traición y fracaso.

Entonces vale la pena mirar la potencia de la revolución y la timidez gobernante, una vez que ésta ha concluido, pues para el gobernante la revolución debe culminar, debe de cerrarse. Así resuena la frase de Napoleón: “Citoyens, la révolution est aux principes qui l’ont comencé. La Constitution est fondé sur les droits sacrés de la proprieté, de l’egalité, de la liberté. La révolution est fini”.

De esta revolución que logró la Constitución, Napoleón no se cansa de decir révolution est fini, la revolución se acabó, se cerró, no va más. Pues la revolución no puede continuar con él, con el gobernante, ésta debe cerrarse, debe acabarse incluso con el riesgo de ser tenida como revolución fracasada y/o traicionada. El gobierno es siempre gobierno de lo limitado.

La mirada de los protagonistas, de los que dieron el pecho, en la revolución, es una mirada triste, lejana, que plantea una distancia entre por lo que ellos creían luchar y lo que al final consiguieron.

Miradas de revolucionarios, de los nuestros, de los de 1952, de los otros, de los de otras revoluciones, también son miradas melancólicas, miradas silenciosas que atraviesan el tiempo.

Pero afirmar que la revolución ha concluido, es un sinsentido lógico. Si pensamos que la revolución es ante todo movimiento, la revolución no podría sino ser el movimiento político por excelencia, y el cierre de lo político sería el cierre en si de la vida misma.

Lo podemos llamar de otra manera, podemos conjurar en su contra, pero el movimiento en tanto potencia, es un movimiento vital. Y el deseo de comunismo es el deseo de toda revolución, incluso de las que sabemos que serán traicionadas.

1          Esta referencia entre Lenin y Becket pertenece a Slavoj Zizek.

Be the first to comment

Deja un comentario