diciembre 3, 2021

La crisis capitalista es una oportunidad para Nuestramérica

La crisis es mundial y actúa también en América Latina y el Caribe

 

Uno de los problemas del diagnóstico en la región parte de no reconocer el carácter mundial e integral de la crisis del capitalismo. Es una crisis financiera, económica, alimentaria, energética, ambiental, estructural, sistémica, civilizatoria.

Constituye un error separar a la región nuestramericana de la crisis mundial. Aún creciendo la región, más que la economía mundial, la crisis capitalista es parte de nuestra realidad.

Es que el crecimiento de los precios de las comodities (productos de exportación de la región) está asociado a la situación de crisis.

El resultado directo es que nuestramérica resulta nuevamente funcional a la dinámica de acumulación mundial del capital. La recidiva alude al papel desempeñado por la región en la “acumulación originaria del capital”, un proceso que involucra el genocidio de los pueblos originarios. El desarrollo capitalista europeo, en el Norte, es concomitante con el atraso, la devastación y el genocidio en el Sur, en nuestramérica.

La región tiene los RRNN que demanda el capitalismo mundial, sea para el capitalismo desarrollado o para los países emergentes, especialmente China. Se trata de los hidrocarburos, el cobre, el oro, el litio, la tierra y el agua; los alimentos, etc.

Esos precios se acrecientan por la situación de crisis desde el 2007/8 y se asocia al modelo productivo capitalista en el mundo, lo que involucra la dimensión especulativa (burbujas financieras, circulación y movilidad de los capitales, creciente inter vinculación de los alimentos con la producción energética, utilización de bonos de carbono en la compensación por la destrucción del medio ambiente, etc.)

Crisis, crecimiento y consenso

 

La crisis es un elemento asociado a las dificultades del crecimiento económico. En rigor, el crecimiento económico se convierte en un fetiche, transformado en objetivo en si mismo, sin discutir los beneficiarios y el impacto que el “modelo productivo” genera sobre la vida de los trabajadores, el conjunto de la sociedad y la naturaleza.

La izquierda está desafiada a discutir el modelo productivo y de desarrollo capitalista para no ser cómplice de la catástrofe. ¿Qué catástrofe? La que supone la ofensiva sobre el último bastión del “Estado benefactor”: Europa; y la expansión de los gases tóxicos derivados de la producción capitalista, parte inescindible del modelo productivo capitalista. Remitimos a la superexplotación de los trabajadores y a la contaminación de la Naturaleza.

Una parte de la socialdemocracia razonaba que las reformas neoliberales de los 80´ y 90´ eran necesarias, aún cuando se criticaba la corrupción y lo “mal” que se hacían. Ahora, del mismo modo, algunos nos dicen que el productivismo y el crecimiento en base a los recursos naturales son el mecanismo necesario para un proceso posterior de emancipación. Alude a una fatalidad de la inserción global de nuestramérica como proveedora de recursos naturales en aras de un futuro proceso de independencia y desarrollo autónomo.

Nuestra tesis alude que al postergar las transformaciones urgentes que se requieren en la democratización de la gestión económica de la sociedad y en la adopción de un modelo productivo y de desarrollo alternativo, anti capitalista, demora las perspectivas de emergencia de un nuevo orden y que esa postergación supone la instalación de una concepción posibilista, que condena a la realidad a no transformarse en aras de lo posible.

El posibilismo actual puede ser el entierro del ciclo de “cambio político” abierto por el movimiento popular en lucha en los 80´ y 90´. En dirección contraria a lo que muchos suponen, los cambios actuales son hijos directos del proceso social masivo de resistencia a las políticas hegemónicas de las dos últimas décadas del Siglo XX, y que los gobiernos emergentes de esa situación son dialécticamente derivados. Un problema deviene de la constitución en gobierno de los movimientos de la resistencia, que de gestores de la nueva institucionalidad popular pasan a ser cooptados por el Estado capitalista, necesitando en la etapa y como proyecto presente y futuro recuperar el papel instituyente del sujeto popular en lucha.

La tesis apunta a destacar el poder constituyente de la lucha popular, en permanente tensión destituyente del poder estructural del régimen del capital en su máxima creación: el Estado capitalista, cuya función esencial es la de mantener el régimen de la explotación, acumulación, y dominación capitalista.

Debemos considerar que la explotación de los recursos naturales se complementa con políticas sociales masivas, las que tienen por objeto la disputa de los consensos sociales y políticos, especialmente de los sectores más desfavorecidos en la distribución capitalista. Así, millones de personas son beneficiarias de políticas compensatorias, sin superar su situación estructural de expulsión del mercado de trabajo, su inclusión estructural en la pobreza, e incluso en la indigencia.

La holgada situación fiscal, derivada de los altos precios de exportación de las comodities facilitan la aplicación de esas políticas de gobierno que favorecen la extensión de esas políticas sociales, que aún siendo masivas responden al paradigma focal sugerido por los organismos internacionales. El objetivo detrás de estas políticas apunta al consenso social que permite la continuidad de los gobiernos, más allá de los objetivos políticos formulados.

El capital busca recrearse

 

El capitalismo en crisis necesita relanzar su ciclo y para ello busca estrategias de renovación del modelo productivo y de desarrollo. En tiempos de globalización, o si se quiere, de expansión transnacional del capital, se intentan consensos globales, los que se lubrican en “cumbres mundiales” que intentan la formulación de políticas que aplicadas a cada país sean convergentes con una estrategia de mundialización.

Es una estrategia que en el 2012 se hace visible en nuestramérica, sea en la reunión del G20, como en Río+20.

El G20 bajo la presidencia mexicana, pretenderá en junio próximo continuar y profundizar la liberalización de la economía. Hasta ahora, en los hechos, el cónclave de los presidentes del G20, más allá de discursos críticos que algunos pueden realizar, consolidó el papel de los desprestigiados organismos internacionales, especialmente el FMI en su papel de ajustador mundial. Solo debe analizarse el papel del Fondo en Grecia y otros países europeos para verificar el hecho. Es una situación agravada con el fortalecimiento económico logrado por el organismo con aportaciones (con retornos minúsculos) de países de nuestramérica, entre ellos Brasil con 15.000 millones de dólares y México con 14.000 millones de dólares.

Los gobiernos de los países participantes del G20, ámbito autoerigido en lugar de tratamiento de soluciones para la crisis mundial habilita un espacio de legitimación social convocando a la sociedad y a sus movimientos a compartir estrategias de gobierno. La participación en esos procesos aleja la discusión sobre la democratización de la economía mundial, pues aparece condicionada por el poder mundial, que en cabeza de los Estados más desarrollados del mundo dirigen el proceso de normalización capitalista. En definitiva, la participación social en esas instancias termina legitimando la estrategia del poder, cuando creen que inciden morigerando las regresivas consecuencias del proceso liberalizador de la economía mundial.

Durante la misma semana y en Brasil se realizará la cumbre “Río + 20” para balancear la experiencia de dos décadas desde la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, 1992. Los argumentos del poder mundial transitan por la apropiación de un lenguaje instalado mundialmente por la conciencia ecologista, transformando el objetivo de defensa de lo “verde” en proceso y objeto de la lógica del capital. Así se instaló con la legitimidad que otorga la diplomacia internacional, el objetivo de avanzar hacia una “economía verde”, más precisamente hacia un “capitalismo verde”, lo que supone también “empleos verdes”.

Es curioso, pero de una concepción de defensa del “trabajo digno” se pasó al “trabajo decente” y ahora al “trabajo verde”, cuando el “trabajo”, categoría que explica la actividad humana destinada a producir, bajo el capitalismo está sometida al régimen de explotación y subordinación que impone la propiedad privada de los medios de producción.

En Río + 20 se pretende legitimar el modelo productivo capitalista y salir de la crisis con la especulación vía comercialización de bonos de carbono, originados en la concepción de compensar el acoso productivo sobre los recursos naturales y, en ese marco aludir a una “economía sustentable”, que es la nueva denominación del desarrollo capitalista. Constituye un gran desafío en la perspectiva de la independencia de la región discutir la “funcionalidad” de nuestramérica al modelo productivo y de desarrollo capitalista, y a su crisis, en el marco de la estrategia política y diplomática global que suponen las cumbres hegemonizadas por el poder mundial.

Las cumbres populares

 

Los pueblos debemos estar preparados para contrarrestar la retórica del ambientalismo de “mercado” que se lanzará sobre nosotros como un nuevo engaño. Los medios de comunicación comerciales y hegemónicos y el sentido común a imponer desde las clases dominantes pretenderán ser “verdes”; todo el mercado y la propaganda será bio-eco-sustentable. El objetivo apuntará a convencer a los pueblos respecto de que los “trabajos verdes” nos sacarán de la pobreza, de que nuestros países son ricos en “servicios ambientales”. La propuesta es que “ganarán todos”: los trabajadores, el medio ambiente, los ecosistemas, la población en general y los “inversores”. ¿Es posible creer esto o como es habitual en el sistema capitalista ganarán los que más tienen?

Por eso, es necesario la organización y la unidad de los/as trabajadores/as, de los Movimientos Sociales y Populares de todo el mundo continuando, entre otras propuestas, el camino iniciado en 2010 en la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra” realizada en Cochabamba por iniciativa del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales y, en respuesta a la fracasada Conferencia de Copenhague (COP 15). Allí, se retomó la consigna, anti-imperialista y anticapitalista, que miles de manifestantes expresaron en las calles en Copenhague: “Cambiemos el sistema, no el clima”

Las ideas claves debatidas, por más de 35.000 delegados/as venidos de más de 130 países, se plasmaron en el “Acuerdo de los Pueblos”. Donde se denunció al sistema capitalista como principal causante del cambio climático, que no solamente impone “una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado” sino también una visión material de la naturaleza al punto de convertirla en una mercancía. Abogando por un nuevo sistema “que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos” a través del reconocimiento de los derechos de la “Madre Tierra.

Construir una agenda propia de los pueblos es una tarea necesaria que desafía a nuestramérica en la disputa por el orden mundial.

Del cambio político a la revolución

 

Nuestro desafío es el anti capitalismo y el socialismo. Se trata de aprender de la experiencia en curso: a) Cuba experimenta con los cambios de su modelo económico; b) Venezuela nos propuso a fines del 2004 y comienzo del 2005 que el capitalismo no aportaba soluciones a los pueblos de nuestramérica; c) eso habilitó la aparición de propuestas sobre Socialismo del Siglo XXI, o el Socialismo Comunitario.

Hay que hacer un balance del recorrido crítico de esas y otras formulaciones, para avanzar y desafiar a los proyectos que se mantienen en reformar el sistema capitalista. Ello incluye el balance crítico del socialismo realmente existente en el Siglo XX, siendo conscientes que el socialismo es una experiencia popular que recorre la práctica de construcción en algunos territorios y pueblos, lo que supone una creación humana en proceso de experimentación.

Si no discutimos y construimos una perspectiva emancipadora, anticapitalista, se recrea el monstruo que nos amenaza. ¿Qué expresa la participación de países de nuestramérica en el G20? El principal resultado es el resurgimiento del FMI, con mayor poder de fuego en el ajuste europeo, además con fondos provistos desde el Sur, cuando se demora la Nueva Arquitectura Financiera sustentada desde foros globales del movimiento popular y las propias experiencias de integración como Unasur y la CELAC, más allá de los limites que supone la formulación de rumbos políticos contradictorios entre distintos de sus componentes.

La materialidad de la revolución se manifiesta en la construcción de sujetos en lucha, limitada y acotada cuando el movimiento se constituye en Estado, paralizando la iniciativa política transformadora del movimiento popular. Son los sujetos que luchan contra la mega minería a cielo abierto en nuestros países; contra el proyecto IIRSA que define el modelo productivo y de desarrollo dependiente de la lógica extractivista de las transnacionales que dominan nuestras economía; son las experiencias de nuevo modelo sindical que se manifiesta en la experiencia de construcción del Encuentro sindical Nuestra América, ESNA; en la renovada acción del movimiento campesino y de los pueblos originarios por la tierra, el agua y el hábitat; son los estudiantes chilenos y colombianos contra la privatización educativa; los indignados de nuestra región que retoman la experiencia que llevó al cambio político a comienzos del Siglo XXI.

Es el programa que se construye desde la experiencia, en las “soberanías alimentaria, energética o financiera”; la integración alternativa que alienta el ALBA, aún con sus límites de experiencia innovadora.

Es la fuerza política y social que estamos desafiados a construir.

Por ello, en relación con lo anterior y pensando en los desafíos, necesitamos hablar de “socialización” y no de “estatización”, de “control popular” y no de “intervención estatal”, de “militantes populares en función de gobierno” y no de “funcionarios honestos”. Se trata de una nueva cultura de poder popular.

La emancipación es un proyecto a construir en conjunto en el movimiento popular. Es un problema de constituir subjetivad para la los cambios necesarios en perspectiva emancipadora y revolucionaria. En la medida que podamos construir sujetos organizados para las transformaciones se construirá el programa asumido colectivamente. Ese es el rumbo estratégico para organizar la fuerza social y política para la emancipación.

En nuestro tiempo están en discusión las formas de la organización popular para la disputa del poder y la transformación revolucionaria de la sociedad. No alcanza con la mayor y mejor organicidad de los trabajadores. La cuestión pasa por el poder popular. En ese marco resulta imprescindible la disputa de una intelectualidad orgánica del movimiento popular, que sea capaz de contribuir a sistematizar el pensamiento emancipador que hoy construye la práctica social extendida del movimiento popular. Esa síntesis necesita conformarse desde la educación y comunicación popular, en variados idas y vueltas de la experiencia y la teorización de la praxis del movimiento popular.

El debate sobre las formas de organización popular (social, económica, política, cultural) atraviesa a todo el movimiento con pretensión alternativa en el planeta, supone nuevos temas (la democracia participativa y comunitaria; el medio ambiente, la ecología y la defensa de los bienes comunes; la cuestión de género y la sexualidad; la discusión sobre un nuevo modelo productivo y de desarrollo para otro patrón de consumo; etc.), y por cierto discute la forma partido de organización política, tanto como su cultura de construcción de poder y consensos hacia el interior de las organizaciones políticas, como del conjunto de la sociedad.

Se trata de confluir en una experiencia integrada con la impronta transformadora y de cambio político que vive la región nuestramericana en esta primera etapa del Siglo XXI.

Este conjunto de ideas son parte de nuestro desafío, que requiere ser asumido por millones si pretendemos enfrentar la realidad presente de superexplotación y transitar un camino emancipador.

*     Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor Titular de Economía Política en la UNR. Profesor en posgrados sobre Economía Política en países de Nuestramérica. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.

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