diciembre 8, 2021

Las clases sociales no se suicidan

No puede negarse que en Bolivia muchas cosas han cambiado. Y positivamente. El Estado Plurinacional, con todas sus aristas contradictorias de materialización, es una realidad que avanza. Pese a quien pese, el proceso Constituyente y la Nueva Constitución del Estado, son un logro político que ha contado con la participación de las grandes mayorías nacionales, a través de sus organizaciones naturales y sindicales. Se ha develado la colonialidad, —como expresión de pensar con cabeza ajena—, como uno de los principales problemas de todos los bolivianos y bolivianas. Se ha puesto al racismo en tela de juicio y hay voluntad para hacer cada vez menor la brecha de discriminación de género. Con todas las incongruencias del caso, los pueblos indígenas están en mejores condiciones de reclamar constitucionalmente lo suyo. La política de recuperación de los bienes naturales estratégicos y de las empresas que brindan servicios públicos empieza a ser una realidad tangible. Por supuesto, esta evaluación de diez líneas no pretende profundidades, sino nombrar aquellos hitos que nadie podría discutir como cambios en nuestro país.

Estos cambios, no fueron resultado de un acto extraordinario, sino la culminación de un proceso de acumulación política resultado del desmontaje del Estado del 52 que con la privatización de las empresas estatales y la llamada relocalización de los mineros trajo como consecuencia que sus semillas organizativas brotara en los cocales, las áreas de colonización, las juntas vecinales, los gremiales o los mineros cooperativistas, todos actores de primer orden en el proceso de transformaciones.

La vanguardia de la clase obrera boliviana, diseminada en los bautizados movimientos sociales —que en jornadas épicas como la Guerra del Agua o la Guerra del Gas—, había resistido y con nuevos contingentes orgánicos, inspiró y delineo los cambios que produjo el Estado plurinacional.

Paralelamente el movimiento campesino había marcado nuevos hitos de autodeterminación con los bloqueos del año 2000, que lo configuraban como otro factor de poder, que además actuaba en alianza natural con los grupos orgánicos señalados líneas arriba.

Los movimientos indígenas de tierras bajas aportaron con la propuesta de la nueva Constituyente y la agenda de inclusión social que materializa el Estado Plurinacional.

Por consiguiente, la clase obrera boliviana, refuncionalizada en los movimientos sociales —porque el neoliberalismo había destruido la mina o la fábrica como sus núcleos de organización—, no se suicidó y bajo nuevos signos, junto a sus aliados de siempre, produjo el Estado Plurinacional.

Hoy, ocurre lo mismo con los terratenientes, banqueros, administradores de los intereses transnacionales en Bolivia. Más allá de los certeros golpes que recibieron en algunos casos, estos grupos tampoco se suicidaron como clase. Su resistencia tiene diferentes nombres, organizaciones, signos, como la desesperada idea separatista, pasando por diversas fórmulas, unas más directas, otras más conciliadoras, que tienen como único objetivo recuperar el tiempo político que perdieron y reconstituir su proyecto Republicano alternativo al gobierno de Evo Morales.

La clase defenestrada del gobierno (aunque algunos de sus encubiertos operadores sigan bailando la danza de las sombras en los entornos palaciegos), sigue produciendo hechos políticos, aún sea de manera desordenada y poco orgánica, pero que pueden dañar a la Revolución Democrática y Cultural y cuestionar el poder alcanzado hasta ahora.

Sin discutir la justeza o no de la IX Marcha Indígena, para nadie puede ser desconocido el apoyo vía acuerdos públicos que tienen con la derecha del Oriente. Los transportistas, siempre fueron factor decisivo al cambiar gobiernos en el pasado. Que nos haría creer que ahora actúen de manera diferente? Sectores de clase media para los cuales la inclusión social les sigue oliendo feo, no estarán siendo el soporte de la huelga médica, más allá de los desaciertos del Decreto autogol? Los Comités Cívicos regionales siguen reproduciendo la filosofía que los produjo. La dirigencia de la izquierda superarchirecontra revolucionaria que a lo largo de la historia (léase 1946, 1970 o 1982) actuó sirviendo a los intereses de la derecha, se alista para socavar las bases de este proceso, que pese a quien pese, produjo cambios irreversibles en el horizonte de la política en Bolivia. Todo indica que una mano invisible busca articular todos estos conflictos.

Los días que se avecinan serán un parámetro para medir los avances de los antagónicos proyectos de país.

Así, tanto en el interior del proceso de cambio —que recordemos es propiedad del pueblo—, seguramente buscaran radicalizarlo más hacia la izquierda histórica para garantizar las victorias hasta ahora logradas, como en la derecha tradicional, que intentará frenar el avance de los cambios y pretenderá crear trincheras defensivas en el territorio político aún en disputa.

Reiteramos, las clases sociales no se suicidan… permanecerán metamorfoseadas en el tiempo, hasta el advenimiento de la sociedad del Vivir Bien, la sociedad sin clases.

*     Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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