diciembre 6, 2021

Viene el lobo

El bipartidismo que dominó la política europea de los últimos años se halla en su hora más baja. Así lo atestiguan, poco a poco, las últimas elecciones en varios países, donde se pasa factura por la crisis económica a los partidos de centro que no supieron gestionarla, ya sea por falta de decisión o por connivencia con los todopoderosos mercados.

El centroderecha y la centroizquierda, que se alternaron periódicamente en el dominio del poder político, son en realidad, versiones atemperadas de una misma lógica de acción, hasta el punto que resulta difícil diferenciarlos la mayoría de las veces. Unos con algunos rasgos más neoliberales, otros con apenas unas notas de contenido social en sus políticas. Pero nada de especial notoriedad. Así se explica, que los “socialismos” europeos muestren tal entusiasmo al defender a las transnacionales; o que los “liberales” sean conscientes de su impopularidad al recortar las partidas de salud y educación. La respuesta a la crisis, en ambos casos, es la misma: proteger al gran capital a costa de los derechos de sus ciudadanos.

Pero el desgaste político que acusan ahora, no es positivo en su totalidad. Ciertamente, la crisis actual parece ir sacando a la gente del letargo embrutecedor de la opulencia de las últimas décadas. Un sueño que cada día parece más lejano y precario. Inmensas masas de indignados, se preguntan ahora por qué tienen que pagar ellos el costo de una crisis generada, cómo no, por banqueros y políticos. Lo cual, por supuesto, constituye un saludable revulsivo para sociedades que nos habíamos acostumbrado a percibir como abúlicas. Sin embargo, esta crisis, como todas, también es campo fértil para el resurgimiento de atavismos jamás superados.

Nuevamente Grecia es el escenario de una posible tragedia. En las elecciones de 2009, antes de desatarse la crisis con toda su fuerza, el partido “Amanecer Dorado” había alcanzado la ridícula suma de 15 mil votantes (0,3%), quedándose fuera del parlamento. En las de 2012, celebradas hace apenas una semana, trepó al sexto lugar, consiguió casi medio millón de votos, 21 diputados y 7% del total. El problema radica en que “Amanecer Dorado” es un partido neo-nazi. Si bien se niegan a reconocerse como tales, sus símbolos y prácticas lo confirman. Sostienen, por ejemplo, que todos los males de Grecia son culpa de los inmigrantes, a quienes pretenden expulsar, a tiempo de proponer minar las fronteras para impedir su ingreso. Los pocos que quedarían, tendrían vedado adquirir la nacionalidad griega y tampoco tendrían derecho a propiedad de ninguna clase. Su lema electoral ha sido: “Para que el país se libere de la suciedad”. Nada menos.

Semejantes postulados son decididamente retrógrados, por decir lo menos, de modo que resulta incomprensible la votación que suman, hasta que uno se entera que su campaña se ha basado en repartir comida en los barrios más golpeados por la crisis. La desesperación, una vez más, es el caldo de cultivo para ideologías tan detestables. Pero el fenómeno, aunque todavía minoritario, se repite en casi todos los países europeos y uno no puede dejar de recordar, que también así comenzaron su andadura electoral (que no democrática) Hitler y Mussolini.

Una vez más, Europa se enfrenta a momentos decisivos de consecuencias insospechadas y mundiales. ¿También ahora el gran capital se aliará a estas corrientes para mantener su poder? Desgraciadamente, está visto que el Fascismo no pertenece aún a la arqueología política europea

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