diciembre 6, 2021

Cultos y racistas en la historia

El 24 de mayo del año 2008, Bolivia vivió uno de los acontecimientos más reprochables de los últimos tiempos donde en la ciudad de Sucre se humilló de la peor manera a un grupo de campesinos, en plena plaza principal. En este hecho fueron protagonistas estudiantes universitarios, dirigentes cívicos y sectores políticos opositores que lograron persuadir, junto a las campañas de desinformación de los medios locales, a otro grupo reducido de la población para que se manifieste de esta manera. Este escenario se desarrolló, todavía, bajo el marco de la Asamblea Constituyente donde los ánimos se habían exacerbado de tal forma que tuvieron que suceder este tipo de acaecimientos. En este sentido, debemos considerar algunos elementos que nos permiten dar un paseo por las lógicas sociales construidas bajo la herencia del colonialismo interno que fueron, y son, sustento de la discriminación y racismo que todavía estamos tratando de erradicar como país.

Con la crisis del modelo neoliberal, entre el año 2000 y 2003, la sociedad boliviana ingresó en un proceso de interpelación que llegó hasta las estructuras estatales y trascendió hasta otras esferas, más subjetivas, que se mantenían bajo un orden establecido que parecía legítimo pero que ocultaba debajo una deuda histórica de desigualdades sociales, políticas y económicas. Bajo esta línea cronológica, el Movimiento Al Socialismo (MAS) lograría la victoria con el 53,74% en las elecciones generales del año 2005 siendo un precedente de apoyo democrático legitimado por el pueblo y que a su vez cuestionaba a los partidos tradicionales del anterior sistema político. Este fue uno de los comienzos para que las expresiones de racismo y discriminación cobren su vigencia, anteriormente disimulada, que se mezclaron y camuflaron con temas políticos. Pero, lo que en verdad se vislumbró fue la tradición jerárquica y excluyente de la sociedad boliviana que había sido respaldada por el sector político elitista hasta nuestros días. Contrariamente, los sectores de oposición expresaron que este era producido por el gobierno quien era el causante de esta situación; que no obstante solo significó sacar a la luz una verdad clandestina y entroncada en los imaginarios sociales de nuestra población.

Ahora, dentro del proceso constituyente, se asociaron dos conceptos que aparecen como sinónimos: lo culto y el racismo ya que son precisamente los seudo academicistas quienes enaltecen acciones racistas, realizadas por ellos mismos en una falsa idea de superioridad sobre el otro (campesino e indígena) quien refleja una, no muy ajena, realidad familiar que responde a estas características para gran parte de la población boliviana. Así nuevamente emergen las estructuras mentales de ese colonialismo al que pretendemos seguir manteniendo, esta vez desde la sociedad civil, creyéndonos el cuento de las tradiciones aristocráticas bajo la sombra del ser culto frente al ignorante. Después de 4 años de lo sucedido en la ciudad blanca debemos tomar las lecciones aprendidas, alejados del calor político, y que nos sirvan para ir cambiando esta forma de ver el mundo y de reconocernos como sociedad, además de debatir y dialogar de manera frontal y abierta sobre este tipo de problemáticas como son el racismo y la discriminación para que las mismas sean superadas de manera colectiva. Ha pasado el tiempo y los conceptos se van replanteando y resignificando en base al contexto actual y el “Pueblo Enfermo” de Alcides Arguedas ahora parece representar a otros sectores de la población y las patologías manifiestas son nuevas para considerarlas y tratarlas desde todas las esferas sociales, políticas y, hasta, jurídicas. Por tanto, al encontrarnos en este momento constitutivo los cambios deben trascender lo político y lo estatal, siendo su contraparte un cambio desde el individuo quien se refleja en la sociedad y es el que otorga, en última instancia, el poder al sector político en una práctica recurrente y dialéctica.

*          Sociólogo investigador

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