diciembre 8, 2021

Y así empezó este debate, que tendrá que durar hasta que alcancemos el horizonte

Creo que no se trata de “derrocar” a Evo, pues para mí Evo no es el problema. El proceso siguió el único camino que podía seguir mientras se mantenía sobre los rieles de lo ya existente.

El imperialismo trabaja sobre la base de dos elementos: 1) sus propias fuerzas y ventajas comparativas y 2) las debilidades y contradicciones internas de los procesos revolucionarios.

Mi preocupación es cómo (ruta estratégica) y quiénes (sujeto) vamos a resolver las contradicciones.

Y me queda claro que ese sujeto no es ni el gobierno, ni sus instituciones, ni el estado liberal burgués, que aún forma parte de la geopolítica del capitalismo mundial.

Me queda claro de que no se trata de estar en contra de un gobierno (que en mejor de los casos sería sustituido por otro igual, incapaz de resolver las contradicciones que él mismo genera; o en el peor de los casos, un gobierno de derecha, fascista)

La tarea es avanzar, desde abajo, en la larga transición hacia la sociedad superadora del capitalismo.

Si bien no se trata de oponerse abiertamente al gobierno, los gobiernos tampoco pueden oponerse a la busca y construcción de las rutas de liberación popular anti-capitalistas que se vayan gestando.

Gilberto Valdés (Cuba)

Me sumo a ese modo no dicotómico, con que estás asumiendo este debate. Entraña honestidad y responsabilidad. Un día después de Evo no es el del Sumak Qamaña, sino el del regreso más tarde o más temprano a la Bolivia de los presidentes dizque blancos de la oligarquía…

Pero por todas las partes en el mundo hay una vasta siembra de alternativas, de estilos nuevos de convivencia, de formas diferentes de producción y de consumo. Se proyectan sueños de otro tipo de geosociedades, movilizando muchos grupos y movimientos, con esperanza de que algo de nuevo podrá eclosionar en la protuberancia del viejo sistema en erosión (…) La historia no es lineal. Ella se hace por rupturas provocadas por la acumulación de energías, de ideas y de proyectos que en un momento dado introducen una ruptura y entonces lo nuevo irrumpe con vigor a punto de ganar la hegemonía sobre todas las otras fuerzas. Se instaura entonces otro tiempo y empieza una nueva historia.

Hasta que esto no ocurra, tenemos que ser realistas. Por un lado, debemos buscar alternativas para no quedar rehenes del viejo sistema y, por otro, estamos obligados a estar dentro de él, continuar y producir, sin embargo visualizar las contradicciones, para atender las demandas humanas. En caso contrario, no evitaríamos un colapso colectivo con efectos dramáticos.

Debemos, por lo tanto, andar sobre las dos piernas: una en el suelo del viejo sistema y la otra en el nuevo suelo, dando énfasis a este último. El gran desafío es como procesar la transición entre un sistema consumista que estresa la naturaleza y sacrifica las personas y un sistema de sustentación de toda vida en armonía con la Madre Terra, con respeto a los límites de cada ecosistema y con una distribución equitativa de los bienes naturales e industriales que hubiéremos producido.

Paulino Núñez (Venezuela)

De momento tus argumentos me parecen los más lúcidos y de más sensato peso político en los aportes en contraste para la superación del dilema actual que la evolución de la realidad boliviana nos presenta.

Eso no quiere decir que le aplauda a Evo todas sus actuaciones y decisiones recientes, por el contrario, creo que los movimientos de base tenemos que seguir presionando -si necesario en la calle- para lograr las necesarias rectificaciones en las posiciones de error de nuestros gobiernos -en Venezuela estamos en lo mismo-, pero cuidándonos mucho de NO incidir en su derrocamiento ni derrota electoral…

En este momento la alternativa en nuestros tres países -Bolivia, Ecuador y Venezuela- es la derecha cipaya del imperialismo más feroz que haya existido nunca.

Infortunadamente, no hay hoy (NO creo que haya hoy) en nuestros tres países, espacio para diletancias filosóficas ni para el perfeccionismo político: la realidad NOS dice que si las izquierdas -ricas en diversidad ideológica- perdemos el poder, el espejo de nuestro futuro mediato es… HONDURAS!!!

François Houtart (Bélgica)

La situación de Bolivia es inquietante. Sin embargo, me parece que es demasiado fácil decir que se trata de tentativas de subversión. Hay en el fondo, como en Ecuador, una contradicción interna de perspectivas a propósito del modo de desarrollo. En este sentido se trata primero de “autosubversión”. Que eso sea aprovechado por los adversarios, es evidente, pero desgraciadamente, ellos tienen materia para poder hacerlo.

A pesar de esta situación, pienso que la única actitud política responsable es apoyar Evo, como a Rafael. No existe otra alternativa válida a corto y mediano plazo. Adoptar una actitud crítica es necesario, tanto como preparar un futuro a más largo plazo, con una visión dialéctica de la realidad. Esta claro que la perspectiva política actual no es post-capitalista, sino post-neoliberal y en este sentido ella no busca todavía un nuevo paradigma de desarrollo, que, en particular, incluiría el respeto de la naturaleza (y no su explotación) y el aporte de los pueblos indígenas.

Se puede preguntar si pueden hacerlo de otra manera, con la concepción que tienen del desarrollo y con las presiones enormes del poder monopolístico de las multinacionales. Preparar otras transiciones, es la tarea actual, no derrocar gobiernos que en comparación con el pasado o con ciertos vecinos, tienen también logros positivos.

Elder de Paula (Brasil)

Tenemos que hacer la defensa del proceso de cambio en Bolivia, pero es también absolutamente necesario que el gobierno de Evo de señales de que mantiene su compromiso con este cambio…

Oscar Ugarteche (Perú)

Corríjanme pero, como lo veo, es un tema de autoritarismo. Lo que se contrapone al autoritarismo es más democracia, no un golpe de Estado. Eso era lo que quería Washington. Da la impresión que se están dejando llevar por la antipatía más que por la razón política. Ocho horas de trabajo de los médicos y una carretera mal pensada no son razones para que Evo caiga. Hay mucho pan por rebanar y está en la cancha del espacio democrático rebanarlo. Se puede usar el espacio democrático para fortalecer lo indígena. Si se cayera serán pésimas noticias para la izquierda y un triunfo para la derecha y para Washington.

Pablo Dávalos (Ecuador)

He recibido tus correos con las anotaciones con respecto al carácter de los gobiernos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador. He recibido el correo de François Houtart en donde éste dice que a pesar de los errores hay que apoyar a estos presidentes. Oscar Ugarteche dice que por ocho horas de trabajo de los médicos y una carretera mal pensada (refiriéndose a la carretera que partirá en dos al TIPNIS) no son razones para que Evo se caiga. Me asombra también la frase de Oscar Ugarteche: “Se puede usar el espacio democrático para fortalecer lo indígena”. Es una frase que me recuerda al Banco Mundial o al PNUD cuando hablan de los pueblos indígenas. Te comento que me asombra la simplicidad de sus razonamientos. En realidad, no está en juego una carretera mal construida o el autoritarismo de esos gobiernos. Lo que en verdad está en juego es la geopolítica de la IIRSA. Lo que de verdad está pasando en Bolivia y en Ecuador es aquello que Harvey denomina “acumulación por desposesión”. Apoyar a Rafael Correa o a Evo Morales, en este momento de la historia, es apoyar al capitalismo de la acumulación por desposesión, es hacer el juego a la geopolítica de la IIRSA. Afortunadamente los movimientos sociales están claros de lo que estos gobiernos significan y no se hacen ninguna ilusión al respecto. Saben que la democracia se la gana en las calles y es eso lo que están haciendo y es eso lo que estamos apoyando desde Ecuador.

Oscar Ugarteche (Perú)

En la simplicidad de mi razonamiento está el concepto de autonomía. No ser llevados por Washington y la derecha financiera de las narices me parece un triunfo. Que Brasilia reemplace a Washington no es la idea. En todo caso es por allí lo simple de mi razonamiento. Todo lo demás me parece es el viejo problema dentro de las izquierdas que llevaron al Perú y Chile, por ejemplo, a una derechización inaceptable.

Ahora voy a sonar a la CAF. El IIRSA es irritante. La falta de infraestructura que haga realidad la integración es irritante. Entonces….¿Sugerencias?

Cada vez que pienso que el concepto de modernidad que conocemos está caduco, simplifico más mi razonamiento para poder ahondar donde sea necesario: El otro mundo posible. Disculpa Pablo pero a Fujimori lo sacamos con el argumento de “a más autoritarismo más democracia” y metimos a la cárcel a un montón de ministros y al presidente mismo con ese argumento.

En un momento donde no hay evidencia que haya tendencias hacia la integración salvo en el discurso, hay que mantener el curso y forzar a los gobiernos de izquierda a cumplir, con o sin malas ideas de proyectos. Exijámosle más democracia a la izquierda autoritaria desde dentro. Todo lo demás le da carne al enemigo

Simona V. Yagenova (Guatemala)

Con profunda preocupación tomo nota de la situación en Bolivia, pero más aún de las posiciones expresadas por algunos colegas quienes abogan por desestabilizar o hasta derrocar al gobierno de Evo. Sean cuales sean las contradicciones o desacuerdos con el gobierno boliviano, nada jamás justificaría apoyar acciones que beneficien a las fuerzas de extrema derecha de la región y favorezcan los intentos desestabilizadores del imperio. ¿Acaso no hemos aprendido nada del siglo XX? 100 años de luchas sociales y revolucionarias, con importantes victorias pero a su vez significativas derrotas, donde encontramos, una y otra vez, cómo el imperio y sus aliados se aprovechan de las diferencias tácticas y estratégicas de las fuerzas de izquierda para destruir-derrocar-debilitar proyectos revolucionarios. Hoy por hoy, cuando la correlación mundial está lejos de favorecer la construcción de un nuevo orden mundial anticapitalista y cuando la búsqueda de la construcción de las alternativas se enfrenta a enormes dificultades y retos, la desestabilización de un proyecto político como el que existe en Bolivia, tiene profundas implicaciones para el resto de nuestros países. Si bien el neo-desarrollismo no es la alternativa frente al modelo capitalista, el desmontaje de las estructuras de poder tradicional no se logra por decreto, sino es fruto de un proceso de acumulación de poderes y saberes contrahegemónicos, de una lectura objetiva de las fuerzas y de realidad, de acuerdos políticos tácticos y estratégicos que posibiliten el accionar frente al enemigo común y dar pasos contundentes para avanzar en la construcción de un proyecto alternativo, y no para desbaratar lo que se ha construido o está construyéndose. Ojalá que prevalezca la cordura y desde la inmediatez de las pasiones políticas no se pierda de vista todo lo que está en juego. La contrarrevolución es una amenaza latente y con ella el retorno de la “ tierra ensangrentada” de nuestra Patria Grande. La historia de mi país, Guatemala, es evidencia contundente de ello.

Rashid Sherif (Tunez)

Con la distancia y una información fragmentaria, resulta muy difícil desde Túnez entender esto que aparece como una muy grave ofensiva desde las “izquierdas” (???) en contra del gobierno y la persona del compañero Evo Morales al que tengo y tenemos mucho respeto los patriotas y luchadores sociales en Túnez.

Ojala que no vaya a pasar en Bolivia lo que fue la muy catastrófica y desastrosa situación de división interna entre los revolucionarios en Granada entre Bishop y sus compañer@s!

Desde Túnez, vemos con mucho interés la configuración sociopolítica en Bolivia donde los movimientos sociales han alcanzado el nivel de grandes fuerzas a la vez políticas. Precisamente, luego de la insurrección popular pacífica y victoriosa del 14 de enero 2011 en Túnez (primera chispa de rebeldía nacional en la región africana), nos lleva a levantar nuestra mirada y buscar inspiración y esperanza hacia el mundo Sur-Sur y particularmente en NuestrAmérica, en Bolivia.

Arantxa Tirado (España)

¡¡Millones de gracias por compartir este debate!! Creo que éste es EL DEBATE, el auténtico debate que está detrás del triunfo o la derrota de los procesos que “intentan” hacer revolución (por qué no) desde el poder actualmente en América Latina. Sabemos de sus limitaciones, de sus contradicciones, hasta de sus lados -o personajes- oscuros pero eso no invalida para nada el intento ni los esfuerzos de nuestros pueblos, de nosotros, que estamos empujando también para construir esos procesos y hacerlos virar siempre hacia la izquierda para que no se pierdan por el burocratismo, la incompetencia o la desidia de ciertos grupos de arribistas que siempre van al sol que más calienta.

Sin embargo, me asombra la confusión que reina en estos tiempos de postmodernidad, cuando hay mentes insignes que son incapaces de entender todo lo que nos jugamos en términos geopolíticos si estos gobiernos son derrotados o derrocados. Yo creí que habíamos aprendido la lección del golpe contra Correa en Ecuador pero veo que no… ¿qué argumentos puede tener alguien para pensar que la existencia de un gobierno como el de Evo puede ser tan dañina para el movimiento indígena como la presencia de un Sánchez de Lozada en el poder?

Mientras nosotros nos fragmentamos y gastamos energías en erosionarnos entre nosotros, el imperialismo está contento.

Juan Carlos Monedero (España)

Me temo que en determinadas situaciones, sólo en un ámbito académico podemos hablar de determinadas cuestiones sin que caigamos rehenes de las urgencias de la pertenencia a bandos políticos. No tanto porque no pertenezcamos, sino porque la honestidad intelectual y también la inteligencia de pensar más allá del momento, triunfe. De lo contrario, nos leerán, como al resto, como parciales y, por tanto, no seremos escuchados sino como parte.

Creo haber vivido parte de este problema en Venezuela, cuando hicimos el seminario en el Centro Internacional Miranda para debatir Diez años de proceso bolivariano: luces y sombras o retos para la esperanza y caminos sin salida. Las similitudes son muchas. Y el coraje de los venezolanos que participaron, encomiable. Enfrentarse a un gobierno por el que has luchado es una señal de honradez de las que quedan.

El resultado en el corto plazo no fue bueno para los que hicimos la crítica. Pero apenas un año después, sirvió para que ese ánimo crítico sea el principal balón de oxigeno del proceso. De haber sucumbido a las cuestiones de estabilidad, quién sabe qué hubiera pasado. Las tensiones por las soluciones “Kronstad” pertenecen a la “selectividad estructural” propia de los gobiernos, incluidos los nuestros.

Pero enfrentamos la crítica desde posturas de “desobediencia civil”, esto es, no enmendábamos, ni mucho menos, la totalidad del proceso y estábamos dispuestos a asumir los costos de la disidencia sin caer en la lógica del enemigo histórico. La semana antes de nuestro seminario estuvieron en Caracas Vargas Llosa, Quiroga, Flores, Krauze, la FAES de Aznar… Pagados, por supuesto, por la USAID, y sostenidos por la intelectualidad de derecha venezolana. Discutimos fuerte con ellos. En público. Quizá eso nos ayudó a no equivocarnos cuando, a la semana siguiente, tocaba pasar cuenta a nuestro proceso. Mucha gente no nos entendió, sobre todo de los cuadros medios. El grueso de la ciudadanía, sí. Pero nunca dirigimos los dardos contra las personas, sino contra comportamientos (y lo afirma quien puso en el debate los problemas del “hiperliderazgo”). Porque los comportamientos pueden cambiarse, pero si la enmienda es a la persona, no hay invitación a rectificación alguna. Ahí noto que en el debate sobre Bolivia no se están dejando vías de salida. Hay gente que ha actualizado su horror ante el gobierno de Evo. Pero llevan así ya muchos años. No digo que no tengan razón. Digo que siguen en sus trece, simplemente que ahora tienen más audiencia.

Debatamos. Tengamos en la memoria que, con argumentos parecidos a algunos de los que aquí estamos leyendo, el Partido Comunista de Nicaragua formó parte de la Contra. Y que negando la crítica (y doy fe de la cobardía muchas veces de la intelectualidad de izquierda latinoamericana, entre la que me incluyo, para criticar los errores de los gobiernos afines) cerramos el paso a la emancipación, de manera que lo que eran gobiernos propositivos y emocionantes devienen gobiernos defensivos y frustrantes sin el mismo brillo aunque sigamos defendiéndolos (Boaventura dixit).

Tenemos un buen reto por delante: usar nuestro papel social como intelectuales para incidir en la realidad desde nuestra experticia para diseccionar como ningún otro sector social la realidad. Y si no es así, tiremos los libros y agarremos cualquier otro instrumento. Quizá sea momento de poner en marcha un seminario internacional (podría hacerse cargo CLACSO), no de esos absurdos en los que tanto participamos, sino uno que ayude a defender un estado de cosas que ha hecho que América Latina tenga una agenda política inimaginable hace diez años. ¿Vamos a dejar que se caiga? ¿Vamos a ayudar a que se hunda? Ahí algunos no solamente no vamos a participar, sino que vamos a estar enfrente. Abrazos y que siga la rueda de la discusión.

 

Rebeca Peralta Mariñelarena (México)

Considero que no está de más cuestionarnos sobre quiénes son los que están pidiendo el derrocamiento de Evo y participando de las protestas que buscan generar un clima político propicio para un eventual golpe. Valdría la pena diferenciar entre los indígenas del TIPNIS -con quienes algunos podrían compartir sus demandas, y otros cuestionamos sus vínculos con la derecha y por lo tanto su accionar político-, de los médicos, los transportistas y la COB. Los medios de comunicación y algunos académicos con fuertes compromisos políticos quieren hacernos creer que Bolivia está a punto del estallido social, que las fuerzas populares se unifican y movilizan para tirar al gobierno tirano, represor, anti indígena.

La primera pregunta que surge es si realmente los médicos, los transportistas y la propia COB forman parte de las fuerzas populares que tienen como horizonte una sociedad anticapitalista y anticolonial o si se trata de sectores privilegiados que no están dispuestos a perder sus prerrogativas. Recordemos que los médicos se declararon en paro ante el decreto de ampliación de su jornada de trabajo, con lo que se buscaba mayor cobertura de salud pública; recordemos también el triste papel jugado por estos y otros “profesionistas” durante la Asamblea Constituyente, y es que a nosotros se nos podrán olvidar estos detalles, pero ese sector sabe bien cuáles son sus intereses y para nada pasan por la profundización o “reconducción” del proceso de cambio. Lo mismo sucede con los transportistas, el sector que más violencia mostró en sus manifestaciones y cuyo reclamo se basó en el aumento de tarifas. La COB, por su parte, se negaba a aceptar un incremento del 8% al salario mínimo y demandaba el absurdo de más de 8 mil bolivianos como salario básico.

Como podemos ver ninguna de estas organizaciones tenía como objetivo el buen vivir ni una propuesta alternativa al “neodesarrollismo con base extractivista que el gobierno boliviano promueve”. Lo que motivó todas estas manifestaciones son intereses particulares y de tinte economicista: aumento salarial, incremento de tarifas, manutención de privilegios. Ni la COB ni los médicos ni Rubén Costas están dando la batalla contra un capitalismo que acumula por desposesión. ¿Por qué hacer pasar estas movilizaciones como punta de lanza de un proyecto revolucionario? ¿Por qué confundir y, en medio del desconcierto, llamar a tirar un gobierno que, aun con todas sus fallas, es nuestro? ¿Desde cuando a la contra se le llama “movimiento social”?

Este ensayo de desestabilización del gobierno boliviano nos abre una nueva posibilidad de diálogo, crítica y compromiso con nuestros procesos, y nos muestra la necesidad de retomar las preguntas profundas sobre hacia dónde queremos caminar y cómo hacerlo. Es mucho lo que se juega hoy en Bolivia, la derrota del gobierno de Evo en las actuales circunstancias significaría no sólo el retorno de la derecha a ese país sino su fortalecimiento a nivel global, el avasallamiento de las fuerzas populares en la región, el desencanto y el fin de un proceso que tiene como protagonistas a los pueblos.

Stella Calloni (Argentina)

Quizás si muchos de los que escriben aquí hubieran investigado el papel cumplido por la CIA de Estados Unidos y la DEA (desde los años 80 en Bolivia) y la historia de ese país, donde se produjeron más de 180 golpes militares, estarían más autorizados para juzgar. El hecho de que el día en que el presidente Morales llegó a la casa de gobierno y descubrió asombrado que la CIA tenía una oficina allí dentro simboliza lo difícil que ha sido luchar contra esta presencia, sus redes de “fundaciones benefactoras” como se caracterizan, su entrismo en organizaciones sociales y también en sindicales. Entre los documentos encontrados para mi libro Evo en la Mira CIA y DEA en Bolivia figura una carta de un funcionario de la embajada de Estados Unidos a sus “socios” en Bolivia -donde han tenido un papel clave en el adiestramiento de la policía- pidiendo reuniones urgentes con algunos grupos indígenas “afines”, donde se pueda encontrar una figura que pueda reemplazar a Evo -es decir, una figura “propia” digitada desde el poder hegemónico que aparezca “por izquierda”-, para ser movilizados. Deberían al menos saber que quien representaba a los verdaderamente pequeños grupos del Tipnis en Estados Unidos -porque es absolutamente falso que eran los “indígenas de Bolivia” los que manifestaban- era nada menos que un hombre de Gonzalo Sánchez de Losada. Hay que saber bien lo que sucede porque nada de esto sale en los grandes medios, que son los que manejan a los grandes grupos televisivos como sabemos. Yo tengo amigos en Bolivia muchos, pero todos sabemos que hay grupos de izquierda que precisamente con el sueño de la guerra permanente fustigan más al gobierno de Morales, que enfrenta toda clase de enemigos externos apoyados por sus cómplices que adentro tienen un gran poder económico y son los beneficiarios de las “ayudas” para el desarrollo y la “democratización”. Muchas experiencias murieron en Bolivia, no sólo por ese poder colonial que persistió tanto tiempo, sino por los dogmatismos de una izquierda que está perdiendo un momento histórico y no parece entender el proyecto recolonizador trazado sobre nosotros. En un período que pueden crecer su único objetivo es golpear estos gobiernos, objetivo compartido con el poder hegemónico precisamente. Estos debates son comunes por las redes pero creo que en nuestro caso deben tener otra tendencia superadora, no la crítica porque sí, sino un análisis serio y una respuesta con datos concretos, sólidos, para que al menos tengan otra información que no sea la dictada por el poder hegemónico. Nadie puede aducir confusión en estos tiempos. Ningún intelectual puede aducir que creía que la invasión de la OTAN los mercenarios y las fuerzas especiales (criminales en todos sus actos) de las potencias, a Irak o a Libia era “humanitaria” . Sólo si se ha perdido el rumbo. Les bastaría leer las reflexiones del comandante Fidel Castro.

Antonio Elías (Uruguay)

El debate es sumamente valioso, pero sería muy lamentable que se polarice, se pierdan los matices y, por tanto, la capacidad de discriminar lo que está sucediendo en Bolivia. Poco aportaría al debate latinoamericano si lo que empieza como una rica discusión se transforma en los amigos y los enemigos de Evo.

Aurelio Alonso (Cuba)

No voy a repetir las reflexiones, que considero del todo lúcidas, de Houtart, Gilberto Valdés y otros compañeros. Estoy convencido de que se hace necesario remontar las discrepancias internas -sin que signifique renunciar a ellas- y no perder de vista el escenario en el cual nuestros proyectos de cambio se ven insertados. Escenarios en los que hemos logrado victorias, pero modestas victorias, y en los cuales predominan los desafíos. Verlo de otro modo sería miopía política. No hemos vencido al imperialismo y nuestros cambiantes sistemas sociales, más allá de todo lo que los diferencia, son vulnerables.

La vulnerabilidad de nuestros proyectos ante el imperio es todavía (y va a ser por muchos años) un denominador común. Rashid Sheriff, desde Túnez, recuerda con mucho tino la trágica experiencia de Granada en 1983, cuando Bernard Coard, en nombre de un radicalismo supuestamente marxista fomentó la confrontación total a Maurice Bishop con el polémico argumento de su reformismo, y desató el conflicto en el cual Bishop resultó encarcelado y posteriormente asesinado (¡¡¿por las fuerzas de la izquierda?!!), dando lugar a la ocupación de la Isla caribeña horas después por la 82 división aerotransportada de los Estados Unidos. Los reclamos indigenistas de radicalidad también pueden ser manipulados por el imperio, como en Granada fueron manipulados los reclamos supuestamente socialistas de Coard. Honduras es otro ejemplo más reciente de manipulación imperial de la crisis, y ha sido convertida en tierra de nadie para el crimen. Hoy, desde la izquierda, no podemos pasar por alto el aprendizaje de estos descalabros históricos. No podemos perder la brújula que nos indica donde se coloca el imperio. El imperio se va a colocar siempre en todo cuanto nos debilite, y donde se coloque el imperio no podemos colocarnos nosotros.

Gonzalo Perera (Uruguay)

Entendiendo y compartiendo la intención de Antonio de no reducir la complejidad del debate a una dicotomía “amigos-enemigos de Evo”, debo sin embargo y para mayor claridad, enfatizar que en este momento entiendo que la situación de Bolivia es de alta polarización porque está siendo escenario de confrontación de dos modelos de desarrollo antagónicos para toda la región, que básicamente son:

  1. Integración regional en defensa de los recursos naturales vistos como propiedad colectiva de los pueblos en sus generaciones actuales y venideras, sendero que tiene como vanguardia al ALBA, que apunta a una construcción socialista en clave latinoamericana, proceso económico, cultural y político que supone un enorme desafío a la creatividad de nuestros pueblos y que requiere mucha valentía y tesón, pues se opone frontalmente a la explotación de los recursos naturales meramente extractiva, no sustentable y no generadora de distribución de riqueza, y al sometimiento de la región a las leyes del juego de los grandes capitales multinacionales y los Estados que actúan como sus agentes y custodios.

  1. Quiebre del proceso integrador con suscripción de TLCs país-por-país o globales con Estados Unidos y la Unión Europea, privilegio de la inversión de esos orígenes con fines extractivos de nuestros recursos, sin control soberano, garantías ambientales ni aportes materiales acordes a la riqueza que se enajena (para estas generaciones y las venideras), con una gestión del capitalismo decadente que adopta en general el tono de un modelo socialdemócrata que atenúa los rigores del huracán liberal pero no altera el núcleo estructural del poder fáctico ni un ápice, ni resuelve los grandes problemas endémicos de la región, sino que a lo sumo los aligera. Y si la situación social lo permite, ni siquiera se conserva esta fachada y se deja al descubierto el rostro del más salvaje neoliberalismo cipayo al que la derecha añora con desesperación en un contexto regional y mundial donde la derecha tiene sendos motivos de preocupación, por lo que trata de imponerlo bajo cualquier costo.

Más allá de las complejidades que tiene el Estado Plurinacional de Bolivia, o las que pueda tener cualquier país del ALBA, del enorme desafío cultural y político de pensar en clave genuinamente socialista y latinoamericana como nos plantea el ALBA, y que no se trata de defender acríticamente y de manera ciega a nadie, a mi modo de ver, en la situación actual boliviana, el ataque al gobierno de Evo Morales es el ataque al modelo 1) en favor del modelo 2) y, recíprocamente, defender el modelo 1) exige defender el gobierno de Evo Morales.

Con el gobierno de Evo Morales, con el ALBA firme, se pueden debatir y corregir mil cosas; cediéndole la llave del poder político al “restauracionismo”, no se corregirán los defectos que se puedan reconocer en el gobierno de Evo, pero además volverá lo peor del modelo entreguista y expoliador que tanto hemos sufrido en nuestra América Latina.

No es “Evo si- Evo no” por Evo, sino es un punto de cruce de caminos estratégicos, donde continuar o dinamitar el proceso político que encabeza Evo, con todas las contradicciones y carencias que se puedan señalar, representa tomar una u otra opción estratégica. Por lo que hay una altísima polarización, pero no reducible a resaltar virtudes o defectos puntuales del proceso en cuestión, sino a enmarcarlo en una visión estratégica y regional.

Es por esta razón que no logro visualizar alternativas a sostener esta difícil pero necesaria construcción política o a, por acción u omisión, contribuir a su derrumbe.

Pablo Mansilla Salinas (Bolivia)

Para ir aclarando el debate habrá que diferenciar entre las posturas de académicos neutrales que tratan de entender e interpretar el proceso actual, de los que son abiertos activistas políticos, seriamente involucrados en partidos de Bolivia.

Muchos de los actuales “críticos” al gobierno de Evo, trabajan directamente con Juan del Granado, líder del Movimiento Sin Miedo (MSN), organización política (descendiente del MIR) aliada anteriormente con el gobierno y que ahora es su principal opositora. Es claro que ellos quieren derrocar al MAS, ¿para qué?, según ellos para colocar a Juan del Granado como “sucesor” natural del Evo. El problema viene cuando los medios que utilizan para tal fin, desestabilizan a toda la región, porque “ocultan” los innegables logros del proceso, idealizan y legitiman a toda oposición gubernamental y al tratar de articular la protesta hacen pactos con los peores enemigos de la izquierda, a saber:

            Rubén Costas (gobernador de Santa Cruz, exmirista) estableció pacto político con la Cidob para apoyar la marcha Tipnis. Él rechaza la carretera porque rompería el monopolio comercial que los cruceños tienen sobre todo el nororiente del país (se escandalizan por el subimperio brasileño y protegen al subimperio camba). El MSN promueve y financia la IX Marcha Tipnis, como lo ha reconocido públicamente su senadora Marcela Revollo.

            Jaime Solares, (dirigente de la COB) que propone dinamitar el Palacio Quemado y que sabe muy bien cómo hacerlo, porque ha sido identificado por sus víctimas como uno de los paramilitares represores en tiempos de la dictadura. La COB ya no es la gloriosa organización obrera de otros tiempos, el neoliberalismo la desmanteló y ahora solo le quedan las siglas.

            Doria Medina, empresario cementero representante de la escuálida derecha boliviana, que en concordancia con ellos sugirió hace unos días “colgar” al Evo como se hizo con Villaroel (presidente en los 40tas).

Por supuesto que el gobierno ha cometido muchos errores, así como aciertos, pero cualquier boliviano sabe que las movilizaciones han sucedido y sucederán todos los días en la historia de Bolivia. Lo peligroso es caer en el juego mediático (armado por medios masivos internacionales) que nos quiere mostrar esto como una movilización generalizada del pueblo (médicos incluidos) para sacar al Evo. Nos quieren convencer, por medio de la encuestocracia, que el desencanto es total y el recambio inminente. Quieren que avalemos la peor cara del imperio, la intervención de un proceso democrático, el más legítimo de toda la historia de Bolivia en términos electorales.

Al auto legitimarse como ecologistas/indianistas/antineoliberales “califican” como traidores o aliados a los compañeros que están interesados en entender un proceso que, por la lejanía, necesitan de su mediación para aproximarse más a la realidad de una siempre convulsionada Bolivia.

Habrá que beber directamente de la fuente antes de que se lleven el agua… a su molino.

Magdalena León (Ecuador)

Informaciones y reflexiones concisas como las que aportan Pablo, Rebeca y otras/os bolivianos a este intercambio resultan contundentes para ubicar los hechos en su sentido coyuntural y en el estratégico. Así también las alertas sensatas que hacen compañeras/os desde realidades tan crudas como las de México o Guatemala, o desde la valoración de los difíciles y esquivos procesos de cambio que registra la historia reciente y no tan reciente, o desde la ponderación de las frágiles condiciones en que nos hemos atrevido a volver a hablar de revoluciones, y sobretodo a intentar una inflexión que nos lleve a transformaciones soñadas, con más incertidumbres que certezas, con más búsquedas e invenciones que libretos hechos….

El episodio que ha motivado este debate muestra, una vez más, la necesidad de componer o recomponer enfoques válidos sobre el cambio, líneas de interpretación para leer y acompañar con pertinencia unas realidades que parecen rebasar las ‘capacidades instaladas’ en el medio intelectual de izquierdas.

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