diciembre 2, 2021

Chapare y Chaparina: ¿la misma mandarina?

Ser marxista en una formación económica social abigarrada como la boliviana, implica una lectura de la realidad que no puede ser clásica, ortodoxa ni fundamentalista. Esto no significa que su análisis y comprensión, precisamente por su complejidad, carezca de rigurosidad conceptual, de flexibilidad política y que su sentido y orientación ideológica sea derribadora de estructuras de explotación y apropiación indebida del trabajo ajeno -léase del trabajador o de la naturaleza entendida a esta como sujeto de derecho-.

Conceptos elevados a categorías científicas y no solo travestidos en palabras formadoras de incomprensibles discursos, han de ser usados como corresponde: Clase, nación, nacionalidad, grupos nacionales, naturaleza, Estado, territorio, tierra, subsunción real y formal, cultura, ideología, cosmovisión, autodeterminación, soberanía, autonomía, Partido, movimiento, movimiento social, frente, sindicato, toma del poder, vías de toma del poder, emancipación social, emancipación política, emancipación económica, democracia liberal, democracia popular, programa, plan, planificación, imperio, imperialismo, colonialismo, colonialidad, colonialismo interno entre otras, ameritan nuestra obligada conceptualización marxista a la luz del tercer milenio en un tiempo y espacio -(pacha)- histórico concreto.

Todo esto para reclamarnos a quienes somos parte del proceso de cambio, a comprender la transición, permanente, ininterrumpida, prolongada y a largo plazo que significa no solo tomar el gobierno, sino el esfuerzo orientado a construir la sociedad nueva: la sociedad del nuevo paradigma, de hombres y mujeres nuevos, la sociedad en nuestro caso, del Vivir Bien.

Por eso es importante analizar los comportamientos de los integrantes de los movimientos sociales del proceso de cambio y encontrar en su lógica de funcionamiento lo que aporta a la transformación revolucionaria y el Proyecto del Vivir Bien o en su defecto, develan nuevos proyectos políticos orientados mantener un statu quo “agiornado” o más democrático en el sentido liberal.

Que el Chapare se convirtió en un espacio de potencial revolucionario y produjo un movimiento social y político trascendental para la historia de Bolivia es indudable. Como también es indudable que a esta altura del proceso de cambio, tenemos ex compañeros de ruta, que se han transformado de cocaleros revolucionarios en descarados capitalistas que sólo les interesa la acumulación del capital por una vía delincuencial como es el narcotráfico. Son una minoría? Han transformado la naturaleza del movimiento? Cuáles son los riesgo de mantener la alianza sin depurarla? Pasa lo mismo con los mal llamados interculturales que por la vía del mercado de tierras, también aspiran a ser los nuevos ricos?

Y no sólo debemos preguntarnos por ellos, sino también por los indígenas y originarios (entre los que también existen “nuevos originarios” o mestizos auto/convertidos).

Chaparina fue una afrenta al mundo indígena, en un evento plagado de incongruencias y errores políticos que no se quieren revelar. Pero resulta también, que cada día aparecen más aristas de un discurso “indígena” que se devela liberal, que no busca transformación de la sociedad en un nuevo paradigma de la humanidad, sino que pretende reivindicaciones como proyecto de clase, como capitalistas, de inclusión democrática, con defensa de sus particulares derechos humanos, pero en el fondo manteniendo estructuras de explotación en contra de los más débiles de sus nacionalidades, pese que hablan de igualdad social.

Y resulta que cada día se muestran más señales de que también están en contra de la naturaleza, a quien dicen su madre, pero igual nomás explotan y la condenan a muerte lenta, contaminándola con sus propios proyectos mineros que usan cianuro para rescatar oro, o con la tala secreta de sus árboles y contrabandeo de sus troncas, o en oscuros acuerdos con productores de transgénicos y peor convirtiéndose en los felipillos de los impulsores de la ECONOMIA VERDE, nueva apuesta del capitalismo transnacional.

Otra vez nos preguntamos: son sólo una minoría los que han traicionado el pensamiento indígena y su proyecto constructor de un nuevo paradigma? Como están influyendo estos sujetos individualistas en el conjunto de las nacionalidades colectivistas? Su proyecto no es formar pequeños estados dentro del Estado que puedan devenir en proyectos políticos separatistas bajo la errónea concepción de que el territorio y sus mal llamados recursos les pertenecen? No estarán incubando ese proyecto reaccionario y balcanizador en la cabeza de algunos dirigentes? Que piensan y defienden las mayorías indígenas? Se han distanciado y se enfrentan al proceso de cambio? Cuáles son sus contradicciones con los mal llamados interculturales? Son contradicciones intra capitalistas o son contradicciones de clase? Como recuperar a los indígenas y su pensamiento transformador del paradigma occidental como puntal del proceso de revolución del Vivir Bien?

Para los marxistas ha de ser disciplina preguntarse, pero obligación contestarse. Y actuar en consecuencia haciendo lo que se piensa: generar praxis revolucionaria.

Respondámonos. De lo contrario, Chapare y Chaparina podrían ser la misma mandarina y solo estaríamos ayudando al parto de un nuevo sujeto social, político, económico y cultural, profundo enemigo de la revolución socialista del Vivir Bien.

*          Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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