diciembre 6, 2021

Villarroel y los indígenas

El Primer Congreso Indigenal se inauguró en La Paz el 10 de mayo de 1945 y se extendió hasta el 15 del mismo mes. Congregó a unos mil delegados de todo el país y permitió desde al Estado bosquejar una política de reconocimiento de los pueblos indígenas en el estatuto de la nación.

El presidente Gualberto Villarroel, en un mensaje en castellano, quechua y aimara, cargado de simbolismos y reminiscencias, enarboló por primera vez durante la era republicana un discurso paternalista para los campesinos e indígenas, proponiéndoles una inédita alianza. El discurso oficial imponía su incorporación, bajo tutela estatal, a la moderna esfera de la ciudadanía, negada hasta entonces en la democracia oligárquica donde los indígenas carecían de derechos políticos. “El campesino —afirmó Villarroel— es igual hijo de esta bandera (la boliviana) como cualquier hombre de esta tierra y como hijo ha de ser tratado por el Gobierno”. Enarboló, por otra parte, al recuerdo bondadoso del pasado y levantó la trilogía del Ama Sua, Ama Llulla y el Ama Quella, como un código de conducta colectiva.

En su discurso de respuesta, el presidente de Congreso, Francisco Chipana Ramos, aimara de 29 años, enmarcó la posición indígena e hizo gala de su identidad: “Somos hijos del Inca y como tal debemos hablar”. Luego de siglos de silencio y exclusión de la esfera oficial, continuó señalando que aspiraban a una revolución, al que describió “como el viejo cóndor de los altos cerros con su penacho blanco y que nos ha de cobijar a todos con sus poderosas alas”. La situación era francamente inédita y fue interpretada por los delegados campesinos e indígenas como una auténtica revolución y como una señal de que podrían desbordar los estrechos límites en los que el gobierno de Villarroel intentaba encajonarlos.

Las deliberaciones se realizaron en castellano, aimara y quechua durante cuatro plenarias. El grueso del debate se centró en la educación y el fomento de la actividad campesina. El 15 de mayo, día de la clausura, el gobierno presentó cuatro decretos, que no afectaban la propiedad de la tierra y buscaban suavizar las relaciones coloniales de dominación. El cuarteto de disposiciones buscaba simplemente normar las relaciones entre patrones y colonos, para evitar abusos y limitar el excedente extraído de la fuerza de trabajo campesina e indígena. No modificaba el sistema de explotación en los latifundios, pero fue suficiente para generar enconos en la oligarquía que estallarían el 21 de julio de 1946.

*          El autor es historiador

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