noviembre 29, 2021

Una canción del elegido, para Antonio y el Che

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo de un niño o de sí, pero mi historia es difícil, no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia; es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea, es una historia enterrada. es sobre un ser de la nada.

El Che y Antonio fueron y son dos seres excepcionales, de aquellos cuya dimensión humana es tan infinita, que aún la muerte no pudo con ellos, pues los tomó para que sigan viviendo.

Nacidos en el tiempo en que la era estaba pariendo un corazón, fueron contemporáneos, y siendo amigos íntimos sin conocerse, concibieron de una manera común el sentido de la vida y su paso por la historia.

Su grandeza sin límites tenía como secreto el sentarse con la gente sencilla de su pueblo, a tomar un café o un mate, escuchar, aprender y compartir con ellos, con la sencillez de quien entiende que una Revolución se construye día a día y recogiendo la voz de quienes son sus verdaderos impulsores: los pobres, los humildes, aquellas “impolutas hordas” que siempre, entraran cantando en la historia.

Nació de una tormenta en el sol de una noche el penúltimo mes, fue de planeta en planeta, buscando agua potable, quizás buscando la vida, buscando la muerte eso nunca se sabe. Quizás buscando siluetas o algo semejante que fuera adorable o por lo menos querible, besable, amable

Dirigentes sencillos pero firmes, que ordenan como amigos y que mandan sin mandar, son los frutos mejorados de la cosecha de revolucionarios que engendraron las revoluciones rusa, china, mejicana y vietnamita, cada cual con sus características particulares, y en las cuales, con un sentido altamente internacionalista, reconocieron sus orígenes, pero también, con un sentido crítico y firme a sus vivencias, convicciones y creencias, supieron, como compañeros, marcar sus diferencias.

El descubrió que las minas del rey Salomón se hallaban en el cielo y no en el África ardiente, como pensaba la gente. Pero las piedras son frías y le interesaban calor y alegría, las joyas no tenían alma solo eran espejos, colores brillantes.

Críticos con argumentos críticos fueron respetados y escuchados, pues su voz no era disidencia ni subversión, sino un extremado esfuerzo para convencer que las revoluciones no solo sirven para repartir mejor, sino que deben traer consigo un cambio cultural, un cambio de actitud, no sólo en la dirigencia, sino en el pueblo mismo, transformando sus valores (y la ley del valor de por medio), y produciendo la conducta política y ética de los hombres y mujeres nuevos: los seres del futuro socialista interactuando en el presente de transición.

Para ambos, la revolución no podía ser otra cosa sino un esencial acto de profundo amor por la humanidad.

Y al fin bajo hacia la guerra…perdón quise decir a la tierra. Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos y comprendió que la guerra era la paz del futuro. Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.

El poder no los subsumió. La lógica del mercado que por la vía de la oferta y la demanda sabe poner precio a las dirigencias, no pudo con ellos. Supieron imponer el trabajo voluntario sobre el tiempo de trabajo reglamentario, como expresión de ir matando al hombre viejo, personalista y capitalista -que emerge con frecuencia en alguna dirigencia que no alcanza al rótulo de revolucionaria-, para hacer del trabajo un acto comunal, una fiesta creadora de emancipación social y política colectiva.

Las revoluciones para consolidarse han de radicalizarse, decía el Che en su discurso a la Tricontinental y también Antonio en su último artículo hecho público. Volver a los orígenes, recuperar los mapas y trazos iniciales que se van perdiendo en la administración del gobierno. Frases que por su agudeza, deben llevarnos a la reflexión y la acción política.

La última vez lo vi irse entre humo y metralla contento y desnudo iba matando canallas con su cañón del futuro, iba matando canallas con su cañón del futuro.

La última imagen de ambos juntos que mi memoria guarda, está grabada en el Palacio Chico, en el acto del 45 Aniversario de fundación del ELN. Recuerdo con claridad a Antonio, con su puño izquierdo en alto cantando el Himno del Ejercito del Che: “Victoria o Muerte, Che Guerrillero, es nuestro grito de libertad, victoria o muerte, es la consigna de guerrilleros para triunfar”

Y desde estas líneas recogiendo su testamento político, en homenaje hasta la eternidad les contestamos: “victoria o muerte, siempre será”.

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