diciembre 6, 2021

La cuarta generación de modelos de manejo de democracias. Implosión democrática funcional o “el golpe virtual en el método Obama”, ¿también en Bolivia?

Golpe de Estado clásico en el siglo XXI?

Para quienes vivimos los golpes de Estado desde nuestra niñez con la imagen de militares en las calles, Estado de sitio, partidos suprimidos, dirigentes presos, confinados y desterrados, parlamentos clausurados, prisiones clandestinas, familiares peregrinando buscando a los desaparecidos, no parece muy posible que esa realidad pueda repetirse en este tiempo.

Por tanto, referirse a golpe de Estado clásico no parece viable. Sin embargo, llamamos la atención no sólo sobre la forma de los golpes, sino sobre el fondo de los mismos. El fondo político constituye descabezar gobiernos.

La cuarta generación de modelos de control de la democracia

La gestión Obama, superando la doctrina de Santa Fe I, II y III, y a sus cultores Reagan, Clinton y Busch, ha producido un modelo de cuarta generación de control de las democracias: la implosión democrática funcional.

Su forma de control no rompe la legalidad ni la legitimidad democrática, pero si es de su interés, arrastra tanto a la legalidad como a la legitimidad a extremos donde no es posible resolver las contradicciones inherentes al modelo de democracia formal en países de estructuras deformadas.

En el marco de la democracia formal, por ejemplo, todos somos iguales ante la ley y el mercado. Pues bien, en países donde se impuso la forma estatal sobre estructuras pre-capitalistas, el grado de deformación colonial es tan alto y las desigualdades tan grandes, que es imposible cumplir con el precepto de la igualdad que las constituciones demandan.

Como es posible que sea viable una democracia de desiguales?

En países árabes, africanos, latinoamericanos, el capitalismo ha deformado no sólo las economías al convertirlos en enclaves, con desarrollo desigual y combinado, sino que ha producido terribles diferencias sociales basadas en cuestiones de raza, cultura y posición en la escala social, a lo que se suma las diferencias irreconciliables entre las nacionalidades al interior de un mismo estado, así como las problemáticas regionales y territoriales.

Este tipo de deformaciones en las aparentes Repúblicas independientes, están tan profundamente arraigadas, que se hace imposible erradicarlas en un periodo o dos o tres períodos de gobierno, pues son deformaciones tan intensas, que el cuestionarlas a todas a la vez, inclusive podrían en duda la viabilidad de la nación que se atreve a tan profunda reforma.

Como aprovecha el imperio esta incapacidad congénita en la democracia formal?

El modelo Obama, ha dejado de usar las fuerzas militares y de ocupación ( a excepción de territorios estratégicos), y está utilizando a sus brazos “culturales o ideológicos” vía el financiamiento de proyectos para organizaciones de jóvenes, de indígenas, de mujeres, líderes territoriales, ambientalistas, tanques de pensamiento, líderes democráticos, EN TODO EL MUNDO, léase en Afganistán, Libia, Siria, Egipto, Costa de Marfil, Etiopía, Sierra Leona, Nigeria, Sudán, Butan, Guinea Bisau, Filipinas, Nepal, Sri Lanka, Ecuador, Venezuela y seguramente Bolivia entre otros.

En estos países, los procesos de liberación nacional “tardía”, tan incómodos a los intereses del capitalismo, al plantearse como contingente de los mismos la democracia formal, se han visto ante irrealizables reformas que no pueden resolverse de conjunto y al mismo tiempo por la magnitud de tareas que implicarían, debido a las deformaciones y desigualdades estructurales de un capitalismo dependiente y atrasado acicalado con profundos rasgos coloniales.

En todos estos países, no se han necesitado de militares para generar situaciones de conflictividad y polarización social: se ha propiciado la implosión social, es decir la explosión interna de los sujetos del bloque en el poder, que en la perspectiva no sólo del gobierno, sino también en la realización de sus demandas históricas, no encuentran en el Estado el interlocutor que les permita dar el salto deseado hacia una mejor vida.

Este descontento fue capaz de articular verdaderos movimientos sociales que en su lógica reivindicativa perdieron la perspectiva política estratégica, exigiendo a sus gobiernos alcanzar al cielo por asalto. Estos movimientos, generalmente articularon a sectores y soldaron demandas, que en muchos casos, fueron imposibles de resolver por los gobiernos.

En este contexto, los gobiernos se encuentran ante una encrucijada: si rompen la institucionalidad democrática formal, inmediatamente son calificados como dictaduras y se les inician monumentales ataques en nombre de los derechos humanos, la democracia, la independencia de los poderes, la libertad de expresión, etc.

Si por el contrario, en el estrecho marco de las democracias formales pretenden reformas que no consiguen satisfacer las demandas históricas, se convierten en “gobiernos incapaces” y “hasta malditos por traidores” a los que legal y legítimamente se debe cambiar sin romper el orden constitucional. El Presidente Fernando Lugo del Paraguay tendría mucho que contarnos sobre su experiencia.

Producida la “implosión democrática”, el cambio de gobernantes es cuestión de presión social, maniobra internacional, articulación de los opositores y tiempo,

Bolivia en este contexto

Resulta común escuchar en estos agitados días, que las movilizaciones de las organizaciones sociales (indígenas de tierras bajas y altas), instituciones como la Policía Nacional, empresas como AEROSUR o la mina Colquiri, son movilizaciones que pretenden reivindicaciones sólo económicas o jurídicas, y que su accionar no es político.

No debemos olvidar que en la actividad humana, todo acto de vida cotidiana relacionada con el poder y más si se trata de masivas movilizaciones, son actos políticos.

No se debe estigmatizar la acción política pues es una de las actividades más propias de los seres humanos.

Entonces es una falacia decir que las grandes movilizaciones no son políticas o desde el gobierno devaluarlas acusándolas de políticas.

Las grandes movilizaciones tienen siempre un trasfondo: el cuestionamiento del poder y sus proyectos, planes y programas: sean salariales, de inversión, de control sobre los bienes estatales, de organización del territorio, entre otras. Acordado esto, podemos convenir que todas las movilizaciones son políticas.

Seguramente para el Gobierno del MAS o cualquier otro gobierno, resolver de fondo el problema de la Policía Boliviana no es fácil. Es una institución que nació con taras coloniales que la República no pudo resolver. Es evidente la calidad de primera y segunda clase que existe entre sus oficiales y los suboficiales y la tropa. Las prebendas están para unos y las leyes draconianas para los otros. El disfrute de una extraña calidad de vida para unos y el trabajo autofinanciado para otros. Ya ni hablar de los salarios. Rearmar esa caricatura institucional requiere de otra ingeniería estructural, política, filosófica. Cerrar sería la solución, pero la respuesta sería la implosión social.

Los mal llamados cooperativistas mineros, quieren imponer sus agendas para seguir engordando cuentas particulares sin ningún beneficio para todos los demás bolivianos, (porque todos somos estado y lo que producen sus minas, también nos corresponde a todos por la vía de los impuestos). En estos días, algún atrevido dirigente nos ha hecho recuerdo que ellos fueron el factor que definió la correlación de las fuerzas en los últimos cambios de gobiernos. La amenaza de implosión social no puede ser más explícita.

La clase media tan venida a menos, podría encontrar en la inviabilidad de los plazos de la propuesta de AEROSUR, la expresión de que al gobierno del MAS no le interesa la empresa ni sus fuentes de trabajo y que se está ahuyentando la inversión extranjera: otro motivo de implosión social para la clase media..

Los hermanos del TIPNIS y sus demandas justas pero sutilmente manipuladas por los operadores de la Economía Verde, de pronto se encontraran con las respuestas conocidas desde el gobierno, y el símbolo de la IX Marcha y su inútil sacrificio, se convertirá en el catalizador para que todos los antes nombrados, más los “solidarios” médicos y los “revolucionarios” maestros, sean parte de la gran implosión social.

Cual podría ser el objetivo? el acortamiento de mandato del Presidente Morales, o al menos lograr el juicio ciudadano que “aplace a su gobierno por incapaz y lo anule éticamente” ante la posibilidad de participar en el próximo proceso electoral.

Golpe? Cual golpe…!!! Implosión democrática de las masas para decir basta al gobierno!!! Ok Mr Obama. Así lo llama usted.

Esas son las barajas con las que ahora juega el imperio. La democracia formal es un fetiche tramposo que ni las reformas necesarias puede satisfacer.

Si no queremos retrocesos, sólo queda radicalizar el llamado “proceso de cambio” y convocar a los bolivianos/as patriotas para organizarlo y recuperar su orientación y sentido, creador de otras formas de poder, partero de la revolución socialista del Vivir Bien y que se engendró para el gobierno de Evo.

*          Miembro del Movimiento Guevarista (MG)

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