diciembre 3, 2021

Pueblos indígenas y el derecho a la libre determinación

por: Juan Pablo Neri

La libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, en la narrativa constitucional, parte y apunta al reconocimiento de las territorialidades indígenas y la consolidación de sus territorios. Este derecho abre la posibilidad de re-significar, también, el diseño territorial del Estado.

La construcción de un Estado Plurinacional, plural y comunitario, parte de la deconstrucción del sentido mismo del Estado nación, así como de su base económica, de su organización jurídica, sobre la base de la complejidad conciliable de la sociedad. Por ello es que cuando se habla de transformación del Estado, no se apunta a su matización, ni mucho menos su enmendación, sino el vaciamiento de su sentido, y la re-significación total de su relación con la sociedad. Esta deconstrucción se funda en la pluralidad, que así como suena tan real e indiscutible, es un concepto que encierra una potencia incontenible tan deconstructora como creadora, capaz de contener en sí misma la posibilidad de un paradigma alternativo.

Con todas sus imprecisiones, contradicciones o ambigüedades, las vías para la deconstrucción y transformación del Estado, son trazadas en el texto constitucional desde 2009. El primer momento de esta esquematización de la transformación, es la visualización del sujeto protagonista de la misma: la sociedad plural. Esta observancia en el marco constitucional actual, adquiere un sentido distinto y con una voluntad mucho más funcional, acorde a la realidad social boliviana, que va mucho más allá del mero reconocimiento de la diversidad cultural.

El texto constitucional vigente, no sólo apunta al reconocimiento de las identidades, o a la cesión por el Estado de ciertos espacios de ejercicio de derechos políticos, sino a la (re)construcción misma del Estado, sobre la pluralidad cultural, y los pluralismos. En este marco, el núcleo duro del texto, es decir la Primera Parte de la Constitución que traza las líneas fundacionales o Bases Fundamentales del Estado, Derechos, Deberes y Garantías, dedica cinco artículos a la afirmación de la sociedad plural, y cómo en torno a la misma, se construye el nuevo Estado. A partir del segundo artículo, el texto constitucional introduce a los sujetos que son la condición de posibilidad y agentes de la transformación del Estado: las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos. Esta conjunción trata de englobar de forma conciliadora las distintas y numerosas identidades culturales de los pueblos indígenas bolivianos, construyendo una subjetividad singular y plural a la vez. Cada uno de los conceptos que hacen a esta conjunción tiene un sentido, ligado al objetivo de la narrativa constitucional de precisar, sin limitar, restringir o cerrar, a los sujetos de la transformación del Estado.

En la Constitución esta conjunción ingresa como una totalidad indivisible, por lo que no se utiliza el plural para los términos indígena originario, ni se los separa por comas. Por otra parte, cabe resaltar que el pueblo boliviano no sólo está compuesto por la diversidad de naciones y pueblos indígena originario campesinos, la Constitución también establece como parte de esa integridad a la que denomina pueblo boliviano 1, a la totalidad de las y los bolivianos, así como las comunidades interculturales y afrobolivianas. La ambigüedad o vastedad de estos conjuntos puede ser tanto ventaja como causal de tensiones, en la lectura de la Constitución, sobre todo en los que concierne a la totalidad de las y los bolivianos y las comunidades interculturales. Es por ello que la composición del pueblo boliviano no puede, ni debe leerse en un sentido esencialista, o primordialista, ni mucho menos fragmentaria, sino en un sentido dinámico, considerando siempre que la cultura es ante todo una construcción social; la identidad es un constructor. En este sentido, no puede perderse de vista el mestizaje que tuvo lugar desde el periodo colonial, hasta el presente.

De todas formas, al interior de esta compleja unidad, que en la Constitución es denominada pueblo boliviano, las naciones y pueblos indígena originario campesinos continúan siendo, en conjunto, la población más numerosa. Los datos del último censo poblacional (2001), indicaban que el 62% de la población boliviana se autoidentificaba como parte de una nación o pueblo indígena originario campesino. Empero, más allá de la autoidentificación, los datos que permiten afirmar la importancia poblacional de las naciones y pueblos indígena originario campesinos son, por un lado el uso extendido de sus propios idiomas, y por el otro, la existencia y funcionamiento fácticos de sus sistemas de organización (económica, política, jurídica, entre otros). Ambos datos objetivos son pilares fundamentales para comprender las transformaciones que se aproximan o tienen lugar actualmente, y se objetivan en dos disposiciones constitucionales centrales: el derecho de las naciones y pueblos indígena originario campesinos a la libre determinación (Artículo 2); y la constitucionalización de los idiomas de estas colectividades, como idiomas oficiales del Estado Plurinacional

Derecho a la libre determinación

Las luchas históricas de las naciones y pueblos indígenas de Bolivia, por el reconocimiento, no apuntaron nunca, únicamente, a la afirmación de sus identidades culturales, como pretendía solucionar el multiculturalismo liberal con las constituciones de 1994 y 2004. De hecho, si se echa un vistazo a las luchas de los pueblos indígenas, desde el periodo colonial y durante el periodo republicano, y a su línea discursiva, siempre estuvieron ligadas al tema de la tierra y el territorio. Es decir, las luchas de los pueblos indígenas siempre tuvieron que ver con la defensa de su espacio de vida, de su ámbito de producción cultural. Para comprender el derecho a la libre determinación, debe partirse por definir lo que se entiende por territorio, y la importancia de este concepto en el imaginario de los pueblos indígenas.

El territorio es el ámbito de despliegue y devenir de las relaciones sociales, es el lugar en que se efectúan las relaciones económicas, las formas de organización política y jurídica de cada cultura. Es finalmente el locus desde donde se enuncia el conocimiento, se produce la cognición de cada pueblo o cultura. En este sentido la construcción, la delimitación y el resguardo del territorio es, sin lugar a dudas, el principal móvil o motivación para la formación de las sociedades, y del mismo depende también la durabilidad y cohesión de las mismas. La construcción y consolidación del territorio supone el desencuentro y el conflicto con la construcción de otros territorios, pero esta eterna conflictividad no sólo supone una algarabía entre fronteras, sino el desencuentro entre sociedades, entre prácticas culturales, entre estructuras económicas, políticas, jurídicas y societales, en fin, entre saberes o formas de comprensión del mundo, desde el territorio.

Por otra parte, al ejercicio, a la manera de aprehender, conceptualizar y finalmente cristalizar u objetivar el territorio, lo denominamos territorialidad, que supone la manera de pensar y hacer territorio de cada formación social. La persistencia tanto de los territorios indígenas, como de las territorialidades de estos pueblos dio lugar a constantes intentos de des-territorialización, y en consecuencia a recurrentes momentos de resistencia por los mismos. En este marco, no puede comprenderse, las luchas indígenas a lo largo de la historia boliviana, sino se consideran sus territorios y la manera en cómo estos pueblos conceptualizan y objetivan los mismos (territoralidades). Las luchas indígenas, tanto en los andes como en las tierras bajas, tuvieron y tienen como principal horizonte la observancia de sus territorios, y su territorialidad, en el marco de la transformación del Estado.

La libre determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, en la narrativa constitucional, parte y apunta al reconocimiento de las territorialidades indígenas y la consolidación de sus territorios. Este derecho abre la posibilidad de re-significar, también, el diseño territorial del Estado, pues consiste en el reconocimiento y oficialización de los ámbitos territoriales en que se desenvolverán los pluralismos (económico, político, jurídico, lingüístico, entre otros). Debe diferenciarse, no obstante, libre determinación de autodeterminación. La autodeterminación implicaría la separación del pueblo, que busca ejercer su libre determinación, del Estado al que pertenece para constituir su propio Estado, o adherirse a otro Estado. Por su parte, libre determinación tiene que ver con la decisión libre del pueblo indígena de seguir perteneciendo a un Estado siempre que éste acepte reconocerlo como pueblo.

En el caso boliviano, la forma de libre determinación es la que se aplica. Pero ello no debe conducir a pensar que la misma se construirá y consolidará de acuerdo a las necesidades del Estado, sino que el Estado es el que debe transformarse en función a este derecho. La libre determinación es el punto de partida para alcanzar los objetivos pluralistas, pues de los territorios en que se ejerza este derecho, emanarán los pluralismos dispuestos en la Constitución (económico, político, jurídico, lingüístico, cultural, institucional, autonómico, etc.). Sobre la base de la libre determinación estas colectividades pueden ejercer su derecho a existir libremente. De la misma manera, para poder ejercer su derecho al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos, económicos acorde a su cosmovisión, precisan de un ámbito territorial consolidado y con libre determinación.

*          Investigador del Centro de Estudios Constitucionales de la Universidad católica Boliviana “San Pablo” y del grupo Pensar.

1          Debe señalarse en este punto que existe una imprecisión en el texto constitucional, resultante de las negociaciones durante el proyecto constituyente, entre la visión de lo plurinacional y la visión conservadora del Estado nación. La preocupación que el concepto de lo plurinacional despertó en ciertos sectores conservadores de la población, respecto a cómo iba a definirse al pueblo boliviano, y sobre todo donde iban a ingresar algunos conglomerados sociales no afiliados a alguna identidad cultural indígena originaria (mestizos y criollos), dio lugar a una cesión en el texto constitucional respecto al concepto definitorio del pueblo boliviano. En este marco, en el Artículo 3 de la Constitución Política del Estado, aparece el concepto de nación boliviana, que genera una evidente disonancia respecto al objetivo de un Estado plural, plurinacional. El ejercicio a realizarse, en consecuencia, debe ser el de insertar nación boliviana al interior del Estado Plurinacional, y así como la estatalidad se re-significa, debería suceder los mismo con nación, en el marco del objetivo pluralista.

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