diciembre 6, 2021

Las injerencias de Mr. Biato del Brasil

Al parecer el embajador de Brasil en Bolivia, Marcel Biato, no se dio por enterado que en nuestro país, desde enero de 2006, no se aceptan ni se toleran presiones injerencistas si está informado de que hay un estado que va recuperando su soberanía no puso en la balanza lo que le pasó a su colega estadounidense Philip Golberg, en 2008, por reunirse con la oposición de extrema derecha con fines subversivos.

Las declaraciones del embajador realizadas la semana pasada, cuando pidió “zanjar” el caso Roger Pinto por la vía de que Bolivia le entregue al político opositor procesado por delitos comunes un salvoconducto para trasladarse al Brasil, a fin de “evitar que se creen problemas que se pueden volver delicados”, son francamente inaceptables. Pero además están fuera de época pues Bolivia está demasiado lejos de aquel nefasto pasado cuando el Estado y los gobiernos bolivianos que precedieron al de Evo Morales se colocaban de rodillas ante la más mínima presión o desfachatados pedido de otros gobiernos. A Bolivia solo le quedaba el nombre.

Pero, como se sabe en círculos de políticos, analistas, fundaciones y otras instituciones de la cooperación, no es la primera vez que Mr Biato se da las ínfulas de mandamás en un país que le recibió con los brazos abiertos ni es la única vez que habla con ese tono señorial sobre Bolivia. Lo hace desde hace mucho tiempo al emitir juicios políticos sobre las características del gobierno indígena-campesino y popular, los conflictos sociales, el ALBA, el TIPNIS, el conflicto policial y otros asuntos internos.

Biato es un diplomático de carrera de Itamaraty, siempre ha tenido posiciones conservadoras frente a los gobiernos progresistas y revolucionarios de América Latina y mantiene una relación muy estrecha con la legación diplomática de los Estados Unidos, al extremo tal que en círculos diplomáticos se bromea con frecuencia sobre “la conexión física directa” que existiría entre ambas embajadas, situadas casi frente por frente en la avenida Arce de La Paz.

No cabe duda que además del lobby que diputados ultraderechistas de Convergencia Nacional hicieron ante sus similares brasileños para “trabajar” la aceptación del pedido de asilo de Roger Pinto, el embajador del vecino país aportó lo suyo, ya sea avalando la solicitud y su argumentación u omitiendo deliberadamente que el senador pandino está siendo procesado ante la justicia ordinaria por dos grandes grupos de delitos comunes: corrupción con recursos públicos y por la muerte de campesinos en la masacre del Porvenir en 2008, cuando se activó el primer fallido golpe de estado contra el presidente Evo Morales.

Y la sola consideración de ambas tipos de delitos comunes debería conducir a Brasil, país con el cual Bolivia mantiene excelentes relaciones de amistad y cooperación, a revisar su resolución inicial y llamar la atención de un embajador que mete sus narices en asuntos que no le competen.

Bolivia, Mr Biato, es un país pequeño pero que va recuperando su soberanía a pasos agigantados. Por si lo no sabía.

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