noviembre 29, 2021

La necesidad de reposicionar un debate societal de matriz nacional popular. La “autonomía” 1 en Santa Cruz como engaño histórico

Balance del proceso autonómico en Santa Cruz: ¿avanza o no avanza?

 

A dos años de las elecciones departamentales y municipales en 2010 y siendo testigos de una compleja crisis de gobernabilidad en la escenografía política departamental y municipal, l@s ciudadan@s nos preguntamos si ha avanzado o no la autonomía en Santa Cruz. En un intento de realizar un balance y frente al desarrollo de la sintomatología de las crisis en curso desde mediados del 2011 2 tenemos algunos elementos que nos llevan a pensar que lo que está en crisis en Santa Cruz no es sólo lo relativo a la institucionalidad o la necesidad de transformación o ajustes de los procesos administrativos de la Gobernación y del municipio, tampoco es únicamente respecto al liderazgo, ni el discurso oficialista local. Hilando más fino, lo que está en crisis ni siquiera está contenido por completo en la autonomía misma o el supuesto “modelo autonómico cruceño”.

Para el presente análisis parto de la premisa de que no estamos ante un aprieto o un simple ajuste de coyuntura, sino que estaríamos frente a una crisis de mayor trasfondo y profundidad, que tiene que ver con la naturaleza y las formas de agenciamiento del poder en Santa Cruz, en donde las manifestaciones de las crisis institucionales, los fracasos y ausencias de liderazgos, las incongruencias del discurso oficialista local e inclusive las limitaciones o vacíos de “la autonomía” son consecuencias de dicha crisis de agenciamiento del poder en Santa Cruz. Ahora bien, este “agenciamiento” del poder tiene que ver con la manera histórica en que las sucesivas generaciones de la elite cruceña han generado y reproducido hegemonía local, a través (entre otros) de la articulación de una supra ideología llamada “regionalismo” 3, el argumento de la tensión irresuelta entre Estado y región 4, el desplazamiento y proyección de cualquier elemento de conflictividad local, departamental, regional hacia la escenografía nacional o al Gobierno central y la construcción de imaginarios sociales vinculados a la defensa de la “cruceñidad” y/o del estilo de vida ­- modelo económico cruceño, más que como una manifestación de la identidad socio cultural, como una militancia política con la elite cruceña. Esta manera particular de agenciar poder puede rastrearse genealógicamente a la fundación del Comité Cívico Pro Santa Cruz en la década del cincuenta del siglo pasado, por lo que esta hegemonía local —que ha tenido proyecciones hacia la escenografía nacional— tiene 62 años de poder ininterrumpido.

La “autonomía departamental” como dispositivo ideológico y discursivo y/o como consigna

 

Si continuamos con esta línea de pensamiento, lo que estamos viviendo en Santa Cruz es mucho más grave que lo que refleja la prensa y los medios locales, pues lo que estamos presenciando es más bien la constatación de que la autonomía (departamental) no fue un proyecto país alternativo sino un dispositivo ideológico y discursivo para frenar o contener un proceso emancipativo y de transformación estructuralprotagonizado por el bloque indiano originario campesino popular o el bloque nacional popular. En otras palabras, lo que estoy reafirmando es que el esquema de poder de la elite cruceña se apropió en aquel momento (a inicios del siglo XXI) de un proceso reflexivo y de debate societal de memoria histórica larga y de base ancha (con contenidos progresistas, democratizadores y efectos transformativos de las estructuras de poder locales), vaciando de contenido al proyecto autonómico popular como tal para convertirlo en una mera consigna del bloque cívico regional, con el objetivo de realizar la contención, freno y/o resistencia al proyecto de mundo – país que introdujo el “proceso de cambio” en su fase de embate a la estatalidad y constituyente. Por lo tanto, habrían dos procesos / proyectos autonómicos en Santa Cruz; uno de contenido progresista – emancipativo y popular y otro proyecto autonómico que nace al influjo del primero, pero con contenidos conservadores y de preservación del statu quo o de la hegemonía de la elite cruceña. La agenda del proyecto autonómico popular quedó relegada y postergada al calor de la etapa de polarización antagónica pluri institucinal de lucha inter hegemónica o de bloques históricos de poder, invisibilizada por la maquinaria simbólica – discursiva y de imagen del bloque cívico regional que se articuló en dicha etapa. Sin embargo las utopías de la agenda autonómica popular no quedaron olvidadas, quedaron como agenda pendiente de debate societal.

La autonomía como excusa para la perpetuación del manejo de la cosa pública como extensión de los intereses del ámbito privado

 

A poco más de tres años de la promulgación del nuevo texto constitucional que reconoce 4 tipos de Gobiernos autónomos y a dos años de la elección de autoridades departamentales y municipales con renovados diseños institucionales, político – administrativos, flamantes Asambleas Legislativas Departamentales y Concejos municipales con cualidad legislativa, podríamos esperar reajustes en la arquitectura institucional, además de numerosas muestras de gestión y políticas públicas “autónomas” respecto al Gobierno central que atañen a las capacidades, habilidades y manejo de recursos de distinta naturaleza de estos niveles de Gobierno más próximos a la ciudadanía en Santa Cruz. Sin embargo, luego de la hiperinflación de promesas, retórica e inflamados discursos polarizados y polarizadores de la etapa anterior, ya las aguas convulsionadas se han calmado y se pueden ver los fondos debajo del río revuelto, donde nos percatamos que es escasa e irrelevante la gestión en políticas públicas de estos espacios de Gobierno sub nacional desarrolladas durante los últimos dos años. Esto nos lleva a cuestionarnos si lo que realmente buscaba la elite cruceña y su esquema hegemónico de poder —articulado como el proyecto o modelo autonómico departamental— no fue más bien la perpetuación del manejo de la cosa pública como extensión de sus intereses del ámbito privado.

Es decir, que la consigna autonómica fue un dispositivo discursivo que sirvió —con pretexto de la “defensa de la región, la libertad, la democracia, el modelo de desarrollo cruceño y el Estado de Derecho”— para el mantenimiento de un esquema de poder que ve en la apropiación de los espacios del Estado y el manejo del aparato público no en beneficio de las grandes mayorías, pueblo o sociedad civil, sino al contrario, una escenografía política como botín desde donde se promueven el enriquecimiento privado y la reproducción de la hegemonía de la elite cruceña.

Ahora bien, otro de los contenidos simbólicos subyacentes del proyecto de la autonomía departamental, fue el mantenimiento de un esquema racista, endogámico, discriminativo, atávico y elitista en el poder. En otras palabras, la racialización del poder que fue puesta en tensión y posterior decadencia en el escenario nacional a través de los contenidos descolonizadores del proceso de cambio, se agazapó y atrincheró (entre otros casos) en el escenario territorial cruceño como espacio de sobrevivencia a partir del 2010. La racialización del poder ha sido uno de los principales soportes ideológicos encubiertos del proyecto de la autonomía que poco se ha examinado con profundidad y merece la pena volver a revisar.

Derrota, primer parte: años 2008 y 2009.

 

Este esquema de poder fue parcialmente derrotado desde las lógicas de relacionamiento político de la escenografía nacional, ya que en el año 2008 cuando se produjo la toma de instituciones en el oriente, se evidenció que el objetivo de fondo de ciertos sectores reaccionarios, radicales y secesionistas de la elite no era avanzar en un proceso autonómico de contenido popular o ni siquiera siguiendo una línea de ingeniería constitucional o una ruta crítica legal – institucional, (conformada por iniciativas legislativas ciudadanas, referéndums, cabildos y otros recursos dentro de la legalidad vigente) sino más bien se orientó a contraponerse (a través de medidas de hecho o de fuerza) a un proceso de evolución nacional que introducía contenidos democratizadores y de igualación étnica – racial que modificaba sustancialmente las relaciones de poder y correlaciones de fuerza en el país. O sea, lo que estaba en juego en ese momento histórico era la composición étnica y racial del poder en el manejo del Estado, factor de poder que nunca había sido tocado de fondo ni transformado durante la época de la democracia pactada. Por este motivo, es en este contexto de recomposición étnica racial del poder en la escenografía nacional que se ubica la (primera) derrota política que generó como consecuencia la desinserción de Santa Cruz como región de la escenografía nacional y el atrincheramiento de la facción de elite(más moderada en sus métodos, pero igual de conservadora en sus visiones) al territorio regional como espacio o enclave de sobrevivencia, reciclaje y relanzamiento político.

La autonomía como engaño histórico

 

Sin embargo, precisamente porque la crisis que se vive Santa Cruz no es simplemente institucional, administrativa, de discurso ni de liderazgo, sino de visión de mundo, de “paradigma” y (sobretodo) de cómo se concibe y/o reproduce el poder en Santa Cruz, la elite cruceña no se recicló, ni se reinventó ni mucho menos se relanzó políticamente, porque en su imaginario, las cosas siguen iguales… Algunos miembros de la elite política siguen pensando que el cambio no es tan profundo, que aun puede llegar a ser reversible y que se pueden seguir manejando las cosas “como siempre”. Inclusive, algunos llegan a afirmar que las correlaciones de fuerzas del momento del empate catastrófico siguen siendo las mismas y (como consecuencia) que no ha pasado nada significativo y trascendental en el mundo, en el país y —menos aún— en la región. Una suerte de falta de apropiación de procesos históricos y socio políticos, una enajenación en tiempo y espacio, una pérdida de contextos, de percepción y procesamiento de la realidad.

Aquí considero que reside la manifestación más aguda de la profundidad y gravedad de la crisis cruceña, que se exterioriza públicamente como un ajuste de cuentas entre las facciones de elite. Sin embargo, los miembros de la dirigencia política cruceña no se dan cuenta que con sus pugnas y disputas internas, lo que están evidenciando no solo es el fracaso e inconsistencia de la consigna autonómica, sino —más bien— la ausencia flagrante de tal autonomía. La “autonomía” en Santa Cruz —desde la concepción y articulación de la elite dirigencial cruceña— ha sido un engaño histórico.

Algunos escenarios prospectivos:

    Fractura hegemónica no significa derrota absoluta: reacomodo de la elite cruceña

 

    Sin embargo, la fractura del agenciamiento del poder de la elite cruceña ha vislumbrado el alcance, profundidad y efectividad del manejo hegemónico de la elite cruceña en Santa Cruz, ya que desde sus aparatos ideológicos y su régimen de verdad, han copado de tal manera los imaginarios de la sociedad civil cruceña que no se divisan (por lo menos a simple vista y/o por presencia pública) proyectos, discursos, cosmovisiones, ni siquiera especulaciones que pudieran disputarle la hegemonía a esta elite decadente y herida de muerte. En la interpretación del director de la Fundación ALAS y ex Ministro del MAS, Dr. Hugo Salvatierra, “una sociedad civil profundamente solidaria, pero formada ideológicamente en el conservadurismo de la elite cruceña”. Por lo que ante este escenario, lo más previsible sería unreacomodo de las elites cruceñas, donde las líneas más moderadas de las derechas o del centro pudieran —desde un discurso de “renovación y cambio”— hacer un enroque interno en las estructuras de poder. O sea cambio cosmético de imagen y discursivo para que nada cambie y todo siga básicamente igual en Santa Cruz.

    “Ampliar la participación política a otros actores”

 

    En este segundo escenario, se vislumbra la posibilidad de provocar la apariencia de una recomposición étnica – racial del / en el poder para articular una suerte de “co gobierno” de la región (en los otros espacios de gobierno sub nacional) con alguna facción dirigencial de los pueblos indígenas de tierras bajas. Sin embargo, el trasfondo de este escenario es “compartir el usufructo del poder” con aquellas diversidades que son “más cercanas” a las visiones, intereses y proyecciones de la elite cruceña, sin poner en peligro la hegemonía ni el esquema de poder de la elite.

    Statu Quo con asistencia del Gobierno del MAS

 

    En este escenario podemos esperar la posibilidad de conformación de listas para las próximas elecciones (nacionales, departamentales y municipales) con algunos “críticos, detractores o disidentes” de la elite cruceña que se acercan al Gobierno como conversos o arrepentidos, en un intento de acomodarse a la hegemonía nacional del MAS, acicalados con remozados discursos y prácticas “progresistas” en el contexto de la transformación en Santa Cruz. Por ejemplo, el caso más visible es el del actual alcalde cruceño Percy Fernández quien paulatinamente va distanciándose del núcleo duro de la elite cruceña, para conformar su propio y personalísimo esquema de poder. Este también podría ser el caso de la concejala Desirée Bravo, quien está ligada al esquema del alcalde Percy Fernández (y al movimientismo cruceño), conjuntamente con otros ejemplos más.

Éstos personajes al ser políticos conocidos, aceptados y queridos, pueden entrar a la “cabeza” de las listas en la franja de seguridad, pero —el elemento diferenciador en este escenario— con la condicionante de que los demás espacios o escaños de los órganos legislativos tanto departamentales como municipales queden abiertos y compuestos por gente representativa de la hiper heterogeneidad de la nueva Santa Cruz. Esto provocaría un hecho inédito en los espacios de gestión pública en Santa Cruz: un Gobierno disociado entre los órganos ejecutivos y los órganos legislativos en el ámbito departamental y municipal, dificultando un esquema de “gobernabilidad” como clásicamente se ha entendido en la escenografía cruceña. El esquema de gobernabilidad desde el establishment cruceño ha concebido al ente deliberativo como prolongación, legitimación y legalizador ex post del órgano ejecutivo —y por extensión— de los intereses de las elites cruceñas. Este tercer escenario abre un desafiante análisis al interior del proceso de cambio y de las fuerzas progresistas en la región: ¿cuáles son los horizontes del proceso de cambio en Santa Cruz y por su lado, cómo percibe el Gobierno del MAS a Santa Cruz ante este nuevo contexto de fractura de la hegemonía regional y de transformación?

El reposicionamiento de un debate urgente en un nuevo contexto.

 

La crisis en el agenciamiento de poder en Santa Cruz representa una formidable oportunidad y desafío para las heterogeneidades, diversidades y pluralismos presentes en la región, ya que parece ser una crisis terminal que está arrasando con la base misma de poder de la elite cruceña. Sin embargo, si no se evalúa esta crisis en su debida dimensión y se prepara una apropiación de los contenidos de la nueva Constitución bajo los códigos de la plurinacionalidad que cohabitan en el departamento, la oportunidad histórica de profundizar la transformación hace aguas y mas al contrario, se convierte en la posibilidad de reacomodo de lo viejo con maquillaje de nuevo, como hemos visto en los escenarios previstos con anterioridad.

Por ello, la urgencia de reposicionar el debate societal histórico de matriz nacional popular ­—no sólo de la agenda autonómica— respecto a una visión departamental prospectiva y el rol o roles que le toca desempeñar a Santa Cruz en el nuevo contexto de una Bolivia transformada, luego de un proceso constituyente / constitutivo que continúa en su fase creativa y en transición. Urge dejar de lado la polarización de los imaginarios que ha sido el horizonte político de la supra ideología del regionalismo (en la que los debates languidecen y se reducen a opciones binarias como la del “SI” o la del “NO”), que ha tenido el propósito de mantener y reproducir el poder unidireccionalmente en Santa Cruz. También evaluar hacia dentro de las fronteras del departamento adonde está ubicada Santa Cruz en el escenario político nacional e histórico y cuáles son los desafíos que tocan encarar en el nuevo contexto nacional de transformaciones continuadas, abriendo la posibilidad de construir la “autonomía para Vivir Bien”  5 – ya que en palabras de un indígena de tierras bajas, “hoy por hoy (aun) no se puede ‘vivir bien’ en Santa Cruz”.

Para ello, la autoconvocatoria de la sociedad civil, de las organizaciones y movimientos sociales que viven y trabajan en Santa Cruz, para retomar este debate de matriz nacional popular que fue —como sostuve anteriormente— interrumpido, cooptado y vaciado de contenido social, significación histórica, efectos democratizadores o progresistas, ya que ante la crisis de agenciamiento de poder de las elites cruceñas y la fractura hegemónica local, las condiciones materiales objetivas y subjetivas están propicias.

*     Politóloga cruceña.

1    En el contexto del presente artículo analizamos los niveles de Gobierno Departamental (principalmente) y Municipal (de manera secundaria), que han sido la escenografía sobre la cual se ha asentado la reivindicación del proyecto autonomista cruceño. La “autonomía” se ha utilizado como un dispositivo ideológico y discursivo para hacer referencia a la consolidación de un Gobierno Departamental y hace alusión a este nivel de gobierno sub nacional de manera exclusiva y excluyente frente a los otros niveles de gobierno sub nacional que fueron constitucionalizados en el Referéndum Nacional Constituyente del 25 de enero de 2009.

2    La lógica del presente análisis plantea que existe una secuencialidad o correlación con un trasfondo común entre las crisis que se han producido tanto en la Gobernación cruceña en mayo de 2011 (por el conflicto en la Asamblea Legislativa Departamental cruceña por la (no) posesión de la delegada indígena yuracaré mojeña Rosmery Gutiérrez, como luego los conflictos surgidos en el municipio de la capital cruceña en este año 2012.

3    Ver el regionalismo como supra ideología en el pensamiento del historiador beniano José Luis Roca.

4    Para el historiador cruceño Isaac Sandóval existen tres matrices de conflicto que se mantienen tensionadas en Bolivia: el conflicto regional, el conflicto de clases y el conflicto étnico – racial.

5    La “autonomía para Vivir Bien” es una de las ideas surgidas en conversatorios de la sociedad civil progresista, propuesta como horizonte de apropiación de los contenidos de la Constitución Política del Estado, en donde se conectan las memorias largas del oriente con los fundamentos del Estado Plurinacional.

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