enero 8, 2022

España, aparta de mi este cáliz

Las crisis son como las guerras, lo urgente suple a lo importante. Las crisis son como las guerras, aunque sean una tragedia para la inmensa mayoría de las personas, siempre hay quien saca provecho de ellas. Las crisis son como las guerras, los trabajadores y sus hijos van a morir al frente; los poderosos y los suyos, las ven por la televisión. Las crisis son como las guerras, todas se podrían evitar, pero eso no sucede, porque son parte inherente al sistema.

Este 1 de septiembre entra en vigor la totalidad de la Reforma Sanitaria en España. No es, sin embargo, una reforma dirigida a dar mejor atención a los pacientes. Se trata, simplemente, de ahorrar en tiempos de crisis. Para hacerlo, el gobierno derechista del Partido Popular le pasa la carga a los pacientes. Siguiendo la retórica del poder, se trata de reformas mínimas y racionales; atendiendo a la realidad, se trata de sobrevivir o simplemente morir. Y la gente va a morir.

En pocas palabras, la reforma obliga a los pacientes a pagar una parte de sus recetas y de otros servicios médicos imprescindibles. Costo que excede, en la inmensa mayoría de los casos, su capacidad económica. Quizás el dato más aterrador se encuentra entre la población inmigrante sin papeles: quedan excluidos de recibir atención médica. Y son más de 150 mil personas. Todo esto, para ahorrar 7.200 millones de euros. El gasto farmacéutico promedio de un español alcanza los 259 euros anuales; el gasto militar, repartido entre cada habitante, los 368. ¿Quién ahorra? ¿En qué se ahorra? No hay donde perderse. Los presupuestos generales en vigor, supusieron un recorte severo a algunos ministerios: Salud (13,7%), Educación (21,2%), Agricultura (31,2%), Industria (31,9%), Fomento (34,6%), Exteriores (54,4%). Éste último incluye las partidas relacionadas a la cooperación internacional. ¿Sabe cuánto fue recortado en Defensa? 8,8%. El sistema puede prescindir de las personas, pero no de las armas para defenderlo.

La crisis del capitalismo, que es real, no sólo comporta la mala salud del sistema financiero, sino sus consecuencias políticas y sociales. ¿De qué democracia o estado de derecho se puede hablar, cuando la población sufre esos inhumanos recortes en su bienestar y, al mismo tiempo, la banca que generó la crisis, recibe 250 mil millones y espera por otros 60 mil más para salir a flote? ¿Es que la población española, en este caso, fue consultada para asumir estas políticas? ¿Cómo se puede entender que un trabajador cobre, más o menos, 500 euros al quedarse en paro, mientras que un ejecutivo de banco se vaya a su casa, luego del desastre causado, con millones en el bolsillo? El alcance y profundidad de la actual crisis, le ha costado el cargo a varios políticos europeos, elección tras elección, pero solamente para ser reemplazados por otros de iguales intereses y compromisos. La democracia capitalista no distingue entre sus ocasionales representantes, siempre y cuando éstos sepan proteger al gran capital que los financia, en desmedro de los trabajadores. Que los dos principales partidos políticos españoles ostenten en sus siglas las palabras “socialista obrero” y “popular”, hace ya tiempo que dejó de ser una simplemente paradoja, para pasar a ser una afrenta a la inteligencia de sus ciudadanos y del mismo concepto de democracia y estado de derecho.

¿Son estos los “demócratas” que nos reprenden de tanto en tanto, para darnos lecciones de civilidad? ¡Dios nos libre de semejantes maestros!

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